Octavo Pecado

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Saigo no Tenshi (Rol)

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26 Re: Saigo no Tenshi (Rol) on Sat May 16, 2015 11:06 am


Kael

- Me gustaría conocerla algún día – sonrío el arcángel recordando vagamente las imágenes de la vida de Kael que su hermano mayor les había compartido. En éstas se podía apreciar a una hermosa joven de delicadas facciones y encantadora sonrisa que fácilmente se hubiera confundido con un ángel si no fuera por el aura demoniaca que envolvía su figura. La esencia que emanaba a través de los canales de la memoria era tan fuerte como su belleza etérea, sin duda alguna se trataba de una descendiente de la Familia Real – A mí no me necesitan convencer – suspiró mientras depositaba sus pies desnudos en el suelo, dejando que su larga vestimenta se arremolinara a su alrededor – No cuestionamos que la paz entre ambas especies, representada por la unión de dos herederos, sea verdadera. Hasta Miguel tiene que admitir que este período de paz que han vivida hasta ahora es más de lo que alguna vez pensamos obtener en nuestras miles de batallas con los demonios… tal vez nuestra aproximación anticuada fue lo que impedía una tregua – murmuró perdiéndose entre sus pensamientos por un segundo – Sin embargo esta relativa paz se pudo alcanzar debido a la ausencia de Lucifer… con su regreso no sabemos qué cosas podrían cambiar…

- El Tratado de Paz es inquebrantable – interrumpió Kael con firmeza. Después de su pequeña conversación a solas con los tres arcángeles y las palabras que Gabriel estaba pronunciando, podía entender un poco mejor el motivo del comportamiento irascible de Miguel, tenía miedo de que Lucifer pudiera tomar ventaja del Tratado y quebrantarlo hacia su beneficio; sin embargo, los ángeles fueron muy precavidos al poner varias clausulas que aseguraran la balanza entre ambas especies… era imposible que Lucifer pudiera tomar ventaja o quebrantarlo – Los poderes de ambas especies, de las Siete Virtudes y de los Siete Generales han sellado ese Contrato, ningún poder sería capaz de romperlo

- Sí… puede ser que tengas razón – el tono de condescendencia no pasó desapercibido para los jóvenes oídos. Detrás de esa pequeña sonrisa que se dibujaba en el rostro del arcángel, se escondía una verdad que estaba fuera de su alcance – Verás, el problema es que a Lucifer no le interesan las leyes, ese fue uno de los principales problemas que ocasionó su… partida – hizo un gesto con la mano para después quitarse un mechón de cabello rubio del rostro – Tal vez no consiga romperlo pero, si conozco a mi hermanito como lo conozco, intentará hacerlo

Jared

Las palabras distorsionadas taladraban su mente como la más vil de las herramientas. Sus barreras mentales eran una simple burla para los poderosos juegos mentales de su padre, su parte humana heredada por su madre nada podía hacer con la punzante presencia del Señor del Infierno dentro de su cabeza. Cada palabra que su amada pronunciaba era un hilo más que servía para tejer el manto que se cernía sobre los depredadores ojos del General, encegueciéndolo y dejándolo a la completa disposición de su progenitor. Aunque aquella tormenta mental no se reflejaba en su estoica figura, de vez en cuando se podía apreciar una arruga en la comisura de sus labios o en el contorno de sus ojos debido a los espasmos por la tensión de los músculos. Su mirada se movía sobre la grácil figura de Rose como un predador acechando a su presa, dispuesto a hincarle el diente para someterla.

- ¿Te necesito? – su glacial voz retumbó en los rincones oscuros de aquella jaula que poco a poco se oxidaba, las hermosas rosas se marchitaban hasta adoptar un color marrón desteñido y quebradizo, los tallos con espinas se alargaron hasta cubrir la mayoría de la superficie del suelo mientras que serpientes doradas se enredaban en los barrotes envejecidos – Creo que estás olvidando nuevamente tu posición – avanzó con porte elegante, haciendo crujir bajo las suelas de sus botas las hojas secas y las espinas afiladas. Su tono glacial era acompañado por una cínica sonrisa que estiraba la comisura de sus labios y distorsionaba su atractivo rostro en una mueca sombría - Yo no necesito a nadie

Los últimos pasos los dio con celeridad convirtiéndose por unos segundos en un borrón oscuro y amarillo que levantó algunas hojas muertas. En un instante, tomó a Rose del cuello con fuerza y la aprisionó entre los barrotes oxidados y su propio cuerpo. Sus largos dedos se clavaban en la delicada piel de la mujer, alzándola sin ninguna dificultad para que la punta de sus pies no tocara el suelo, mientras se ubicaba sus piernas para terminar de inmovilizarla. Su cuerpo se apretaba cual largo era en el más pequeño mientras su acelerada respiración se estrellaba en un costado del rostro de la mujer.

- Tsk tsk… tantos años y todavía no has aprendido nada de mí… que tristeza – susurró de forma melosa mientras las serpientes en los barrotes comenzaban a enredarse en las extremidades de la mujer, internándose cada vez más profundo de sus ropas.

Miros/Yami

“Puedo decir que, de las pocas cosas que extrañé de nuestro padre, su presencia no era una de ellas” respondió con sorna mientras le devolvía la sonrisa fugaz. Uno de sus brazos lo tenía asegurado alrededor de la pequeña figura de su pareja, resguardándola en uno de sus costados como si deseara protegerla del peligro que significaba su padre. Sus dedos de vez en cuando rozaban el abultado vientre donde su bebé se removía impaciente, percibiendo la tensión que le rodeaba “Es irritante saber que estamos atrapados en su enfermizo juego y que no podemos hacer nada para salir” deliberadamente evitó hablar de la manera en la que la influencia de Lucifer le afectaba. La presencia del Señor del Infierno tendía a potenciar la esencia del Pecado de cada uno de sus hijos aunque estos intentaran resistirse, en Miros se enaltecía su naturaleza avara y codiciosa llegando a pensar que hasta sus propios hermanos podían arrebatarle lo que era suyo o conseguir cosas mejores que él podría llegar a querer. Chistando en voz alta, se restregó los cansados ojos con el dorso de su mano y apretó más a Yuna hacia él.

“…Esto es sólo el inicio” su voz adoptó un tono más serio, muy diferente al juguetón que lo caracterizaba “Feyrir, de los Siete… ¿Quiénes crees que sucumbirán primero a su influencia?” la relación entre los Generales siempre fue algo tensa, y tuvo una gran mejora después del destronamiento de Lucifer. La ausencia de aquella presencia que los enemistaba y jugaba con ellos, ayudó a fortalecer los vínculos que se habían fracturado. Sin embargo, ahora que esa presencia regresó, tenía el vago presentimiento de que más de un hermano se volvería contra los otros y apoyaría el reinado de su padre más que a su propia familia.

Mientras tanto, el bicolor había enredado sus brazos alrededor del torso de su pareja mientras observaba de lejos la contienda de sus hijos y sobrinos, ausente de la plática interna que se estaba llevando a cabo entre Feyrir y Miros.

Lucifer

El Señor del Infierno inspiró profundamente, expandiendo sus fosas nasales para degustar la deliciosa mezcla de miedo, ansiedad, inseguridad, coraje y resentimiento que se concentraba en el aire, degustando el sabor amargo que éstos dejaban como rastro. No podía decir que estaba desilusionado por las reacciones generales ante su regreso, jugaría la farsa una vez más con tal de volver a ver esas expresiones de miedo, asombro, coraje y frustración que se mezclaban en todos aquellos atractivos rostros. Sabía que ese momento era únicamente el preámbulo de toda la diversión que iba a obtener al establecer las reglas de su propio juego. Sus hijos ya habían holgazaneado en demasía y él había sido lo suficientemente benevolente como para darles un respiro de su presencia. Ahora experimentarían el verdadero trabajo como Gobernantes del Infierno.

Sus ojos recorrieron a cada uno de sus hijos mientras sus nietos seguían concentrados en sus encarnecidas batallas. Ya había visto lo suficiente en los primeros minutos como para conocer las habilidades de cada uno y su uso hacia su propia ventaja. Hasta ahora la más prometedora entre ellos era la segunda hija de Feyrir que había adquirido la habilidad de sus ancestros angelicales… después de manipularla, ese poder sería completamente suyo y tendría una gran ventaja contra el Cielo. Los demás tendrán que demostrar lo que valen al finalizar la competencia. Mientras tanto, su voraz mirada se depositó en su primogénito quien parecía haberse despertado de un largo sueño, con los ojos velados aún por la sombra de la somnolencia. De inmediato, el semblante burlón de Lucifer se transformó en uno más oscuro e iracundo, de entre sus hijos había quienes heredaron algún rasgo de los otros tres arcángeles, sus traidores hermanos, pero Memphis fue el que heredó más rasgos de Miguel, los ojos verdes que él mismo le cegó en su última batalla cuando lo expulsaron del Paraíso, la forma redonda de la nariz, la curva de las pestañas…

Tal vez por eso disfrutaba tanto de torturarlo, de desahogar un poco el deseo de venganza que tenía hacia sus tres hermanos, especialmente con el mayor de todos.

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27 Re: Saigo no Tenshi (Rol) on Sat May 16, 2015 11:33 am

Rose

-Ja…Jared….detente…-Susurro apenas audiblemente, no podía articular palabra, apenas podía respirar, pero no estaba asustada, mientras su rostro se enrojecía y su vista comenzaba a nublarse simplemente se limitó a jadear un debíl quejido cuando la reja helada se enterro en su pie. Intento enterrarle las uñas en la mano que la tenía prisionera , pero era inútil, no tenía la fuerza para defenderse, y ambos lo sabían.

Moriría, no, pero era mucho menos de lo que habría esperado de él luego de todo lo que acababan de presenciar por culpa de Lucifer, se sorprendía de que no hubiera elegido lanzarla por el balcón o golpearla directamente contra la reja.

-Por favor…No…no lo escuches….ahhg- Era inútil, estaba comenzando a perder la conciencia ante la falta de oxígeno.

Feyrir

“Por desgracia, creo que Jared ya está a medio camino” Pensó Feyrir, acariciando suavemente la cabeza de Yami mientras con la propia señalaba a Jared y a Rose “Creo que ya ha comenzado a afectarle, pobre Rose…no me sorprendería que intente huir como hizo hace años.”

El también lo sentía, la penetrante presencia de su padre en cada célula de su cuerpo, sentía el calor y el deseo que se había creído capaz de controlar. Se sentía deseoso, ardiendo, con ganas de joder unas cuantas horas seguidas, de liberar su erección que parecía una roca y le provocaba un dolor emocional muy parecido al físico.

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28 Re: Saigo no Tenshi (Rol) on Fri Jun 19, 2015 2:13 pm

Kael

El amanecer ya estaba floreciendo detrás de las montañas cuando el joven ángel posó sus livianos pies en los jardines de su casa. Los prematuros rayos solares bañaron su cansado rostro, acariciando las arrugas y manchas debajo de los ojos ensombrecidos por la preocupación y el miedo. El polen de las flores se agitaba con el batir de alas de las mariposas y las abejas madrugadoras danzaban a sus pies atraídos por la luz natural que su aura angelical emanaba, mientras que los pájaros cantaban con alegría en un intento por levantar su decaído ánimo. Elevó el rostro e inhaló con profundidad, permitiendo que el delicioso aroma de las flores y el pasto recién mojado por el rocío mañanero le inundaran el olfato. Mantuvo los ojos cerrados mientras a lo lejos escuchaba las alegres voces de todas las criaturas que estaban bajo su cuidado, las faenas mañaneras ya comenzaban y tanto ángeles como demonios e híbridos salían de sus cabañas para ayudar en el mantenimiento del Valle dónde habitaban, en medio de un bosque y rodeado de altas montañas que les proporcionaban un buen cobijo ante los intrusos. Algunos niños parecían reírse mientras que los adultos charlaban de buen humor ignorantes de los conflictos que se estaban llevando a cabo en el Cielo y el Infierno simultáneamente. Por un instante deseó ser uno de esos padres alegres, despreocupados por el destino de ambos mundos y cuya única inquietud fuera cómo emplear la eternidad que tenían para ampliar su familia. Por un instante deseó ser uno de esos humanos que deambulan por el mundo sin responsabilidades ni rumbos fijos… por un instante deseó todo menos ser un ángel cuya responsabilidad era preservar y mantener la seguridad de todos aquellos que le rodeaban.

“A Lucifer no le interesan las leyes” “Intentará hacerlo”

Esas palabras resonaban una y otra vez con crueldad dentro de su cabeza. Oh, qué ingenuo fue al pensar que el Señor del Infierno respetaría tranquilamente el Tratado que por tanto tiempo les costó mantener. Que comprendería con facilidad todo el bien que la unión entre Freya y él les ha llevado a ambas especies… que ingenuo fue al pensar que a Lucifer le interesaba el bienestar de los suyos. “Por algo traicionó a su familia y lo condenaron” pensó con cierta amargura mientras se restregaba los cansados ojos con el dorso de su mano. Toda la alegría a su alrededor contrastaba enormemente con la tormenta que estaba sintiendo dentro de él que agitaba vertiginosamente su aura angelical. Si el cielo azul fuera un reflejo de su interior, ahora mismo las nubes negras estarían soltando inclementes sus alaridos sobre la tierra. “Freya…”

No necesitó asegurarse una segunda vez para saber que su pareja no se encontraba en el mundo humano. Apenas sus pies tocaron el pasto supo al instante que la hermosa mujer aun seguía en el infierno a merced de cualquier artimaña que su abuelo estuviera articulando. Apretó los puños a sus costados sintiéndose extremadamente impotente e inútil, sentimientos que contrastaban con su enseñanza divina que prohibía la polarización de las emociones. La energía demoniaca que se enredaba alrededor de él como una segunda piel, le urgía defender a su familia, a bajar al infierno y rescatar a su esposa y heredero para llevarlos lo más lejos posible de la influencia de Lucifer; sin embargo, su naturaleza angelical le exhortaba a la serenidad, a la Caridad, a ver primero por las personas cercanas que le rodeaban en ese momento y esperar el desenlace de la reunión que se estaba llevando a cabo en el Infierno. Había una batalla entre sus dos esencias las cuales aún no lograba dominar, él era un ángel de nacimiento que adquirió por adopción política la energía demoniaca, aún no estaba preparado para poder sobrellevar y apaciguar las exigencias de las dos energías contradictorias.

Chistando, se llevó una mano a sus cabellos y se los jaló ligeramente, tratando del salir del sopor en el que la batalla de las dos energía lo estaba sumergiendo. Necesitaba tomar una decisión, ¿a cuál exigencia respondería primero? No podía bajar al infierno, pero tampoco podía quedarse sin hacer nada, en la espera del desenlace… tenía qué hacer algo al respecto y pronto. Resoplando, decidió buscar a alguien que supiera y le ayudara a entender lo que pasaba en el infierno, incluso tal vez que lo transportara hasta ahí. Sin más, marchó en la búsqueda de algún antiguo comandante o soldado que estuviera habitando en el Valle.

Jared

Los quejidos de Rose llegaban a oídos sordos, ya que la única voz que Jared escuchaba era la de su padre exigiéndole que gobernara y doblegara a todos aquellos que estaban bajo su poder, comenzando por su rebelde pareja. Por momentos, los dedos que se enredaban en el delicado cuello temblaban y perdían fuerza mientras se libraba una batalla dentro del Pecado por recobrar la consciencia y el control de su propia mente que ahora estaba siendo arremetida sin piedad por su padre. La marca que le unía a Rose era lo único que le impedía someterse por completo, un rayo de claridad entre todo el caos que el más fuerte estaba causando dentro de su cabeza, tal vez no podía escucharla pero sí podía percibir su presencia dentro de él…debilitándose a cada instante.

En automático, sus dedos se abrieron y se apartaron rápidamente del cuello ajeno mientras que las serpientes, que ahora se enredaban entre sus piernas y cintura, la mantenían sujeta a los barrotes oxidados. Fue consciente por un segundo del escozor en su espalda y el reproche del águila que descansaba ahí, en disgusto por los malos tratos hacia su pareja. Sin levantar la mirada, recargó parte de su peso en el cuerpo aún prisionero, enterrando su rostro en el maltrato cuello ajeno y sujetando con una temblorosa mano unos de los barrotes de la jaula.

- ¿Qué me estás haciendo? – susurró con voz ronca, casi inaudible. Su respiración aún se mantenía agitada mientras su pecho subía y rápidamente al mismo compás. Se sentía desorientado, con unas terribles ansias de someter, maltratar y torturar a su pareja para enseñarle su lugar, siendo la el águila en su espalda las únicas cadenas que ahora le ataban las manos para hacerlo - ¿Qué me estás haciendo? – repitió, esta vez con un gruñido de molestia y derrota, impotente y frustrado ante lo que estaba sintiendo. No sabía si el reproche era hacia Rose o hacia su padre, sólo sabía que alguno de los dos le estaba haciendo algo que no le gustaba. Con otro gruñido, sujeto de nuevo a Rose por los castaños cabellos, obligándola a doblar su cuello en un doloroso ángulo para después arrojarla con fuerza hacia el suelo lleno de rosas muertas y espinas, arrancando a las serpientes que la mantenían sujeta entre los barrotes.

Miros/Yami

“Sí, algo así me imaginaba” desvío su mirada hacia donde Feyrir le señalaba “Febe siempre fue la favorita de padre y ahora Alekssandre está en una buena posición debido a su pareja y su futuro heredero” resopló mientras apartaba la mirada de ellos y la regresaba hacia Yuna, apretando el agarre en su cintura. Percibía que, si no la sostenía cerca de él, alguien o algo se la robarían para siempre. “…Feyrir, no creo que esta vez podamos vencerlo” sin proponérselo, su voz sonó desesperada dentro de su mente, casi derrotada “Memphis no ha recuperado gran parte de su poder, de hecho es más débil que cualquiera de nosotros. Y sería imposible vencerlo entre Ceres, tú y yo” Odiaba admitirlo, pero ninguno tenía la suficiente fuerza para diezmar siquiera la gran fuerza del Señor del Infierno, quien por tantas décadas estuvo acumulando poder para su triunfal regreso.

“Y ahora tenemos más que perder” sus ojos se clavaron en su hijo quien luchaba con determinación… y avaricia. Odiaba admitirlo, pero se sentía derrotado, sobrepasado por la abrumadora presencia de su padre.

Mientras tanto, Yami podía percibir lo que aquejaba a su pareja gracias a la marca y al contacto que sus cuerpos tenían. Podía sentir el abrasador deseo de éste traspasando su piel y colándose entre sus huesos, podía sentir la entrepierna dura del otro apretándose en su pelvis, insistente y ansioso de atención. Era una sensación completamente extraña, ser invadido por deseos ajenos y no poder controlar sus propios pensamientos ya que la esencia de Feyrir dentro de él era mucho mayor que la propia. Trató de guardar compostura pero un traicionero gemido se escapó de sus labios, avergonzado consigo mismo se mordió el labio inferior y rogó que el otro no lo hubiera escuchado. Necesitaba concentrarse en sus hijos y las batallas que se estaban llevando a cabo, no podía distraerse con nada más.

Memphis

“Derek…Derek…” una parte de la mente del General comenzó a viajar por el mundo de los sueños mientras la otra seguía muy de cerca la batalla de sus tres hijos. Si su pareja se encontraba dormida, tenía una gran posibilidad de hallarlo y saber finalmente su paradero.

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29 Re: Saigo no Tenshi (Rol) on Fri Jun 19, 2015 7:17 pm

Rose

Titubeo, estaba a punto de contestarle cuando se dio cuenta de que no le hablaba a ella. O ¡lo hacía? No estaba segura de que Jared supiera lo que estaba haciendo y ella no sabía si quería averiguarlo. La influencia de su padre ahí estaba, latente bajo los dedos que le habían aprisionado el cuello hasta hacerle enrojecer los ojos. Y también en el hombre tembloroso que se acurrucaba arrepentido en su cuello.

El golpe la tomó por sorpresa, azotó contra el suelo y apenas pudo poner las manos para evitar darse en la cabeza, sus manos habían enrojecido y tenía rasguños en los brazos y las rodillas, pero su instinto, y sobre todo sus recuerdos le guiaron, se quedo callada (no habría podido hablar  de intentarlo) y se acurruco contra la reja, sentada sobre sus rodillas y con la cabeza baja, haciendose diminuta para evitar la Rabia de su pareja.

Feyrir
Feyrir libraba su propia batalla, Miros tenía razón. Su padre había planeado cada paso con cuidado, era más fuerte, más malvado y más antiguo que todos ellos juntos. Era inteligente y tenía poder sobre todo y sobre todos. Ahora no podía ir por ahí regalandole pedazos de su alma cuando quería rebelarse. Tenía que pensar en Yami, en Aki y en su preciosa Eneritz, que luchaban valientemente en la arena. La impotencia crecio al mirarlos ahí, sabiendo que no podía ayudarlos.

Miros tenía razón, no había salida. Memphis estaba hecho una pena, Miros tenía prioridades y él no era tan fuerte como antes, como cuando cada criatura deseosa del infierno pasba por su cama.
Su erección tembló dolorosamente ante el recuerdo, la mano sobre el hombro de Yami temblaba ligeramente y se mordía el labio para no jadear del deseo que sentía. Deseo de su pareja, deseo de quien fuera, era ardiente y peligroso y además nostálgico. Ojala despertara pronto sabiendo que no era más que un horrible sueño.

Derek

Derek dormía, claro, estaba muerto. El Lucifer que había compartido su tiempo con él le había dedicado casi 6 horas de sexo alsavaje y violento en aquella extraña dimensión caliente y atemporal. Estaba entumido, hambriento y para colmo deseaba más. Cada vez que el otro se venía en su rostro y su boca cada gota de semen le provocaba más y más deseo de él.

Peor aún estaba agotado, se había venido tantas veces que casi no podía pensar y al final dejo de intentarlo y se dejó vencer por el sueño cuando Lucifer le ordenó descansar.

Su sueño era intranquilo y extraño, estaba sólo, en un cuarto blanco, comiendo todo lo que le gustaba. Pero había alguien más.

¿Memphis?- susurró a esa voz que lo llamaba, la recordaba, la amaba y la resentía.

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30 Re: Saigo no Tenshi (Rol) on Sat Jun 20, 2015 12:09 am

Lucifer

El sistema de parejas comenzaba a ser un problema para él, se había vuelto más complejo de lo que originalmente había pensado. Sus inútiles hijos no sabían hacer nada bien. El sistema fue creado para ser esencialmente una fuente inagotable de energía por medio de la retroalimentación. Cuando al Pecado se le agotaba la energía, automáticamente comenzaba a consumir la de su pareja hasta restaurar la suya, permitiéndoles combatir sin cansarse por un largo periodo de tiempo, lo cual significaba una enorme ventaja contra los ángeles quienes sólo tenían una recurso limitado en el campo de batalla. Por supuesto que la idea era perfecta ¿una fuente inagotable de energía para los pecados?, ¿vencer en batalla a los ángeles? Se sentía sumamente satisfecho y orgulloso de su descubrimiento.  Sin embargo, sus hijos lo echaron todo a la basura con inútiles sentimentalismos y caprichos estúpidos.

El principal benefactor del sistema iba a ser él mismo ¿o acaso sus hijos creían que lo había hecho por ellos? Por favor, ellos eran simples instrumentos de su codicia y deseo de venganza, marionetas bien entrenadas que le servirían para alcanzar sus objetivos. Los Pecados gobernarían a todo el infierno como Reyes para beneficio de él, para recolectar almas y energía que lo alimentarían hasta que su poder alcanzara el infinito y superara a sus propios hermanos, a quienes un día vencería. Ese era el gran plan. Después de descubrir el poder de la oscuridad y la fortaleza de la maldad, decidió cosechar algo de éstas para su beneficio; sin embargo, su cuerpo celestial, corrompido por la maldad, tenía un límite para absorber aquella energía contenida en la oscuridad y su tiempo de recuperación era muy largo. Necesitaba una fuente de energía lo suficientemente grande y fuerte como para poder contar con ella en cualquier momento que lo necesitara; sin embargo, el problema era que ninguna criatura menor que viviera en el vacío del Averno tenía estas características ni era compatible con él. Necesitaba crear su propia fuente de energía.

Y fue así como comenzó a procrear con criaturas menores que encontraba en los escondites del Averno. La primera generación de demonios era una pequeña sombra de la grandeza que los demonios eran ahora; débiles, sin muchos rasgos humanos, toscos y de poca inteligencia. Frustrado por la poca cantidad de energía que estas criaturas le aportaban, comenzó a experimentar en otros mundos, cazando a las criaturas que tenían cierto nivel de energía, así la segunda generación fue un poco más fuerte, con rasgos humanos y hermosos pero viciados por la  maldad y oscuridad que su progenitor les heredaba. Eran buenos pero no perfectos, todavía no alcanzaban el grado de perfección que él necesitaba para convertirse en todo un ser poderoso que alcanzara la misma grandeza que su Gran Padre. Por lo tanto, se volvió a internar en estos mundos y cazó a las criaturas más poderosas y legendarias, a los reyes y reinas de cada especie para engendrar hijos con ellos, cada uno con una característica y nivel de poder diferente. Eligió a los siete más poderosos, aquellos que emanaban una cantidad de energía casi tan poderosa como la suya, todos parecidos en el nivel de energía. Mientras los otros engendraban entre ellos y la especie proliferaba, él se dedicó a entrenar a sus hijos reconocidos por las marcas correspondientes a cada Pecado. Pecados que él dividió de su propio cuerpo para hacerlos poderosos… una fuente inagotable de energía.

Pero como Lucifer era el Señor de todos los Pecados, siendo uno de ellos la codicia, no quedo satisfecho con el poder infinito que sus hijos le otorgaban a través de sus marcas. Quería más, codiciaba ser más fuerte, alcanzar la grandeza para conquistar todos los reinos, principalmente el Cielo. Por lo tanto, estableció un sistema, uno donde cada General tendría una pareja para compartir su energía y multiplicarla, una que sería compatible con su propia esencia para mantener la energía pura… mientras más pura, más poderosa. Y los hijos de sus hijos se sumarían a este gran contenedor, el poder de ellos también sería absorbido por él… y mientras más hijos tuvieran, mientras más descendientes hubiera, él se haría cada vez más fuerte, por ello la urgencia de que sus hijos engendraran con sus parejas oficiales (las más fuertes de entre sus batallones) descendencia que lo volverían automáticamente más poderoso. Sin embargo, sus hijos entorpecieron ese plan perfecto…

… la incompatibilidad en las parejas viciaba la energía pura. La razón por la que había dividió en batallones a toda su población era para que, entre estos mismos, saliera un candidato lo suficientemente fuerte como para ser coronado Pareja Real de un General y pudiera someterse a la voluntad del Pecado. Ahora, con la mezcla de energías, el sistema de marcas se había vuelto inestable y las parejas podían llegar a ejercer cierto control sobre los demonios más poderosos… y eso hacía más complicada su tarea…

… de algún modo también tendría que dominar a las parejas para que todos se subyugaran ante él por completo.

Jared

En otra época, la posición sumisa de Rose hubiera bastado para dejarla tranquila por un rato, satisfecho con su dominio sobre ella. Sin embargo, ahora no era suficiente, necesitaba más, necesitaba someterla en todos los sentidos. La voz de su padre se hacía más exigente, demandante, urgiéndolo a arremeter contra la mujer. Sin dejar de gruñir, como un animal salvaje que acecha a su presa, la volvió a sujetar del cabello y la arrojó de nuevo al suelo, dejando que algo de electricidad que emanaba de la punta de sus dedos corriera presura hacia el cuerpo ajeno. Los pequeños rayos se arremolinaban alrededor de los pies de Orgullo mientras que la estática le elevaba el cabello, haciéndole parecer más salvaje.

- Has vivido burlándote de mí por todo este tiempo – las imágenes de la última traición de Rose no dejaba de reproducirse dentro de su cabeza, una y otra vez como una película de mala calidad. Con un movimiento de su mano, provocó que las enredaderas con espinas apresaran las extremidades de la mujer, sujetándola en el suelo – Ya no más… aprenderás tu lugar – se situó a ambos lados del delicado cuerpo para después arrodillarse, apresándola entre sus poderosos muslos. Con movimientos bruscos comenzó a desgarrar la vestimenta ajena, sin importarle los arañazos que le dejaba en la blanca piel.

Miros/Yami

El bicolor decidió alejarse de Feyrir dado que el contacto entre ellos hacía crecer el deseo que le quemaba a su General. Se sentía impotente e inútil por no poder auxiliarle en ese momento, no creía adecuado que se arrojaran al suelo y comenzaran a reproducirse como conejos mientras sus hijos peleaban para ganarse un lugar entre los herederos aprobados por Lucifer. No, necesitarían aguantar un poco más, al menos hasta que todo aquello terminara y pudiera satisfacer la sed de su General

“¿Pero por cuánto tiempo?” una traicionera voz resonó dentro de su cabeza. La sed que sentía a través de Feyrir en ese momento era como ninguna otra que hubiera experimentado… si era abrasadora para él, no quería ni imaginarse como era para la propia Lujuria. Sentía que su limitada capacidad no podría saciar aquel deseo, ni su energía ni su esencia orgullosa estaba preparada para aguantar grandes jornadas de sexo salvaje. A través de los años aprendió a cómo satisfacer a su General, a darle todo lo que él podía darle y que el otro aceptaba amablemente, negándose ante otros que pudieran saciarlo mejor. Pero con la llegada de Lucifer, llegaban nuevas ansias, nuevos deseos… y él no estaba preparado ni entrenado para ello ¿Cuánto tiempo tenía hasta que Feyrir buscara nuevas fuentes de deseo en demonios más aptos?

Mientras tanto Miros seguía divagando, negándose a darse por vencido de una buena vez “Los ángeles… tal vez nos puedan ayudar, después de todo esto también les afecta”

Memphis

El corazón del general dio un vuelco al escuchar la apagada voz de su pareja retumbando en el vasto mundo de los sueños. Con esperanza, comenzó a mover su esencia hacia aquella luz que representaba a su pareja, aquella luz que emitía un leve destello celeste.

- ¿Derek? – debido a la inestabilidad de la marca no podía sentir en su totalidad al más joven, ni podía percibir la confusión emocional que mellaba su mente. Sin descansar, se siguió extendiendo hasta casi tocar la luz que significaba los pensamientos del peli azul - ¿Él está contigo? – preguntó sintiendo la barrera que le impedía seguir más adelante.

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31 Re: Saigo no Tenshi (Rol) on Sat Jun 20, 2015 6:51 pm

Rose

¿Aquí y ahora? Pensó Rose Aterrada mirando a su pareja azotarla contra el suelo y ahora pensaba violarla? Eso por desgracia tampoco era algo nuevo. Pero ¿ahí? Frente a su familia?

-Jared! No detente! No lo hagas! Por favor!. –Sus ojos se llenaron de lágrimas y trató con toda su fuerza de liberarse de su agarre. Las espinas se enterraban en su piel y le hacían sangran mientras se debatía con manos y pies pateando y rasguñando sin muchos resultados, era mucho más fuerte que ella.

-Jared por favor…No lo hagas! No me toques! Déjame ir!

Su miedo lentamente se convertía en desesperación, deseando que la gruesa capa de espinas alrededor de las rejas bloqueará esta escena del resto de su familia o nunca podría vovler a mirarles a los ojos.

Feyrir

Ahora estaba caliente y enojado. Podía sentir la Ira de Jared, su control. Podía sentir lo que deseaba hacer, someter a Rose de la última manera, de la más salvaje, más violenta y más invasiva. No el no quería sentir eso. Ya bastante sufría con todo lo que contenía en su propio cuerpo.

Tenía calor, y estaba deseoso, terriblemente deseoso. Quería coger, como no lo deseaba en años.

Y era un pensamiento tan básico y tan irracional que no pensaba sólo en Yami. Lo que fuera, hombre, mujer, a ambos, a muchos de cada uno, a sus pies suplicandole placer. Como sólia ser.
Cuando su padre estaba al mando, Lujuria jamás estaba debil y jamás se sentía deseoso, porque siempre había alguien sobre él. Alguien que se agitaba sobre o bajo su cuerpo, o alguien que lo complacía con su boca hasta el orgasmo. No dormía con nadie pero se acostaba con cualquiera que pasará frente a él. Su castillo era aquella bacanal salvaje y sexual, llena de ruido, aromas y gente en cada momento con el único propósito de darle satisfacción.

No quería eso, habíia trabajado tanto en su autocontrol y este se desmoronaba como un castillo de arena al azote de las olas.

Derek

-No en este momento, creo que esta satisfecho por ahora, pero volverá, siempre lo hace- Dijo titubeante, como sintiendose raro de habalr solo, en un sueño, mirando a la nada que era Memphis para él en ese lugar.

-No podrás entrar aquí Memphis, el mismo ha puesto esta barrera para no dejarme salir…-susurró

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32 Re: Saigo no Tenshi (Rol) on Sun Jul 12, 2015 2:03 am

Erina/Cyril

Su desesperación era cada vez más palpable. Por más que duplicara y triplicara su esfuerzo, Freya se hacía a un lado sin el menor esfuerzo, sus pasos eran gráciles, en lugar de un combate, parecía ser partícipe de una complicada danza. Y eso enfurecía a Erina, alguien quien siempre se había sentido rápida, furtiva, ahora se sentía pesada y torpe en comparación de su prima ¿cómo podía un león capturar entre sus garras a un águila? Ella era tosca, ni siquiera un león de verdad, podía sentirlo con claridad, mientras sus hermanos se fortalecían en las artes del sueño, de la arena de su reino, Cyril se volvía lenta, su sangre se agitaba, con el corazón latiendo en un ritmo encabritado.

Un gruñido gutural escapo de sus labios cuando una vez más Freya esquivo su oz de sangre y le hizo tropezar con sus propios pies. Sentía por sus venas un poder desmesurado, pero era salvaje, no podía controlarlo, cada vez que lo intentaba este se deslizaba cual arena entre sus dedos. Con cada latir perdía el control, la ira nublaba su mente. Estaba cansada, furiosa y aterrada. Si perdía… si no derrotaba a Freya y demostraba ser digna… Tomo una pausa corta para acariciar el león de su rostro. Lo perdería todo. Y esta pequeña voz dentro de su cabeza le gritaba con fuerza, le imploraba perder el control, sólo de esa forma saldría victoriosa y demostraría ser una digna heredera.
Moldeando la sangre que brotaba de las heridas en sus brazos, sin preocuparse por la cantidad, la demoniza formo miles de agujas que disparó contra su prima, importándole cada vez menos el lastimarla lo menos posible, eso ya no importaba.

De forma extraña su ataque perdió el rumbo. Las agujas se dispersaron en diferentes direcciones, unas cuantas perdieron su forma para caer cual lluvia roja, y otras cuantas fueron a estrellarse contra la barrera invisible que cubría los campos de batalla. Fue algo que percibió por la conexión de la marca, desde la intrusión de Lucifer, el canal quedo inestable, unas cosas las sentía más y otras menos, y aunque poco a poco volvía a la normalidad, el estado alterado tanto suyo como de su pareja, no ayudaba en nada. Dirigió la mirada un instante al palco donde Nova se encontraba, un segundo apenas para verlo recargado en la reja con su atención en la demoniza de lujuria que era pareja de su tío Orgullo. Se veía preocupado, a pesar de la distancia podía leer sus emociones, y la marca decía más que suficiente. Cual cuchillada, sintió por momentos el cariño que su pareja, SU pareja, sentía por Rose… en su confusión y alterado estado mental, juró percibir el amor que Nova aun sentía hacia ella. La sensación se fue igual de rápida, pero la duda quedo plantada en su mente. Erina conocía parte del pasado del comandante de avaricia con la demoniza, no todos los detalles, pero lo suficiente para sentirse insegura en ocasiones cuando compartían la misma habitación ¿Y si Nova aun le amaba? Claro, ahora ellos compartían marca, pero… desvió la mirada y trató de encerrarse lejos de las dolorosas emociones. No pensaba con claridad, eso estaba claro, pero no podía controlarse más. Decidió entonces desquitarse con los elementos más cercanos a ella, la arena donde peleaba, el campo que le rodeaba, incluso ella misma y por supuesto su prima.

La sangre regada por el campo se dividió en distintas formas fuera de control. Agujas, esferas con púas, látigos con espinas, hozes circulares y figuras deformes. Inclusive la sangre dentro de su cuerpo parecía querer tomar forma, perforaba su piel desde dentro en diferentes puntos, liberándose de su prisión hecha de carne. La pérdida del líquido vital comenzó a causar estragos, su piel pálida cual papel, pero no importaba, iba a terminar con todo, el deseo de destruir absolutamente todo lo que le rodeaba era insoportable. Araño la marca del león y el resto de su rostro en un intento de controlar ese extraño frenesí, esa creciente locura. Erina no lo sabía, pero la debilidad de su padre en esos momentos le había dejado vulnerable a ella también, esa locura que heredó sin ser consciente de ello, si Memphis llegaba a tener problemas controlándolo, ella tenía menos posibilidades aun.
Su grito perforo el espacio, por sobre los ruidos de la batalla, encima de las conversaciones, inclusive el campo que le rodeaba pareció temblar. Pero un poder sin control no era una ventaja, era una gran debilidad. Abrumada por la repentina explosión, bajo la guardia por completo y por instantes, olvido la batalla que estaba luchando.  


Loki

Ok derrotar a Irune comenzaba a ser una tarea difícil, mayor a lo que esperaba, pero no por ello perdía la esperanza o, mejor dicho, necedad de acertarle un buen golpe a su prima para conseguir noquearla.
Su batalla se convirtió en duelo aéreo, con ambos herederos lanzándose en picada el uno contra el otro, el chasquido de espadas antes de regresar a una vertiginosa persecución que consistía básicamente en alcanzar al otro y no estrellarse contra el suelo o el campo en el intento.

Hasta el momento, ninguno se veía mejor que el otro, Irune era muy fuerte, por lo que Loki no se lanzaba contra ella a no ser de estar seguro podría acertar un golpe, oportunidades que no se veían a menudo, pero llevaba unas pocas, pero no las suficientes para marcar una diferencia. Por otra parte, hasta el momento él tampoco tenía muchas heridas, ágil a la hora de esquivar los ataques ajenos lo suficiente para mantenerse en un mismo nivel de poder. Sin embargo no estaba seguro de cuánto más podría mantener el ritmo, ese juego comenzaba a ser inútil, tenía que ponerle fin cuanto antes. Así que, mientras trabajaba en un mejor aproximamiento hostil, hizo uso de una de sus mejores habilidades, hablar.
—¿Soy yo o estás perdiendo el ritmo? Hey ¿qué tal si nos tomamos un descanso de 5 minutos? Podemos ponernos al corriente, han pasado muchas cosas en el último año.—
Loki desde pequeño parecía poder confundir a otros con su habla, no era un poder sobrenatural, o algo relacionado con su herencia de avaricia, aunque siempre tuvo la habilidad de un gran estafador, simplemente era insoportable cuando se ponía a hablar hasta por los codos con el simple motivo de molestar a quien se dejase. Algo extraño, no una estrategia de batalla común pero, si funcionaba, tenía que usarla.


—Deberíamos salir todos juntos de nuevo ¡oh ya se! Podemos llevarnos esta vez a los pequeños, aun no los hemos mal influenciado lo suficiente. Si con cuatro éramos insoportables imagínate lo que haríamos 7. Oh mejor aún ¡9 cuando nazcan el pequeño bulto de ira y mi futura hermanita! Diablos, nadie va a soportarnos.—
Continuaba hablando sin perder el ritmo del vuelo o el duelo de espadas, su voz podía cortarse o perder el aliento unos momentos para recuperar el ritmo y seguir balbuceando. Ahora lo único que faltaba era que apareciera la oportunidad perfecta para atacar.

El grito agudo lo enmudeció lo suficiente para que repartiera su atención entre el duelo y el suceso en otra de las esferas. No podía jurarlo, pero eso sonó como Cyril, y nada bonito dicho sea de paso, sentía una inmensa curiosidad por correr a pegar su entrometida nariz al campo y ver que ocurría con sus primas, pero no podía darse el lujo, tenía que mantenerse firme y esperar a que Irune le diera la oportunidad de atacar.

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33 Re: Saigo no Tenshi (Rol) on Sun Jul 12, 2015 7:04 pm

Freya

Su prima se estaba saliendo de control, y muy rápidamente para su desgracia, sabía que Cyril era poderosa pero no tenía idea de cuánto. Pero no podía perder, no ahora. No luchaba por su vida solamente, luchaba por la vida que crecía en su vientre ligeramente abultado, y cada movimiento le recordaba que su hijo dependía al 100% de ella.

Pero Cyril tenía una gran desventaja, y era que su mismo poder la agotaba, mientras más violenta se volvía menos acertaba, y cuando la cúpula comenzó a llenarse de sangre, volando afilada en todas direcciones, supo que era su única oportunidad.

Corrió hacia ella, quitándose del camino todos los proyectiles que encontró a su paso, sin embargo los más pequeños se enterraban en sus brazos y su rostro cortándole la piel. Aquello no la detuvo y se lanzó directo contra su prima, que parecía distraída. Con sus garras la sujeto de la cabeza, tratando de hacerle el menor daño posible.

—En serio lo siento—. Susurró antes de lanzarla contra la barrera, que desprendió chispas cuando su cuerpo la golpeó. Saltó sobre ella nuevamente, desgarrando el resto de su bonito vestido, y dio un último salto antes de arrojarla contra el suelo con tanta fuerza que se levantó una nube de polvo.

Aterrizó a pocos metros de ella, jadeante y adolorida, esperando verla levantarse y arremeter de nuevo, pero no sucedió, Cyril había perdido mucha sangre. Se incorporó al momento que la barrera desaparecía, y la plataforma se tambaleaba peligrosamente, uniéndose a una nueva plataforma donde su abuelo esperaba.

Irune

—Perro que ladra no muerde, Loki. — Gritó irritada, si era un truco la estaba molestando y mucho, ella era mejor, mayor, más astuta y estaba mucho mejor entrenada, no podía perder contra él y lo sabía, pero el condenado era rápido y además no cerraba la boca.

Para su disgusto parecían estar parejos, terriblemente parejos, y mientras más se alargaba su batalla más cansada se sentía, y más molesta porque Loki no cerraba la boca. Sin embargo cometió un mínimo error. La barrera a su derecha se había disuelto, una batalla había terminado. Habría ganado Freya? La idea de que su prima pudiera herir a su hermana embarazada le asustó tanto que por un segundo olvidó donde se encontraba.

Aki

—Ya me cansé de esto—. Murmuró limpiándose la sangre de la boca, estaba magullado y quemado, casi tanto como ella, pero no podía perder y mucho menos contra una mujer que no contenta con humillarlo loe hacía insinuaciones sexuales que lo irritaban.

Esquivó un rápido ataque y la sostuvo del cuello, ella trato de soltarse pero la presionó contra la barrera, pegando su cuerpo al de ella, aprisionándola contra el muro que siseaba detrás de ella, soltaba chillidos agudos pero no le importó, apretó su cuello hasta que dejó de luchar, y la soltó justo antes de que perdiera el conocimiento, frotándose la garganta mientras trataba inútilmente de pararse y la barrera se disolvía llevándolos a la misma tarima que a Freya.

Jadeó cansado, mientras se dejaba caer al piso y guardaba su alabarda, tronando el cuello y feliz de saber que por hoy no había humillado a su padre.

Eneritz

La niña al fin había encontrado lo que estaba buscando, lanzó una piedra para distraer a los lobos y echó a correr hasta un pequeño montón de piedra, uso sus manos para cavar tan rápido como pudo hasta desenterrar una tablilla de madera que apenas logró romper a la mitad. El Lobo que se había abalanzado sobre ella se desintegro bañándola en arena y aunque se puso de pie perdió de nuevo el equilibrio cuando la arena se unió a al resto, corriendo hacía su hermano, que la abrazó feliz de saber que ambos habían salido victoriosos.

Rea/Orión

Orión recuperó su forma original tan rápidamente como la había perdido, apareciendo junto a sus primos mayores sin mucho recuerdo además de la barrera disolviéndose a su alrededor.

Rea

Había corrido más que nunca en su vida, y había agotado su energía disparándole a cada vez más monstruos, tan temibles que no se atrevía a voltear. Pero no estaba equivocada, la arena doraba la llevo directo a una puerta tan pequeña que casi la pasó de largo, la abrió de golpe y se encontró junto a sus primos y hermano.

Si no estaba enfurecida con su padre antes ahora sí que lo estaba. Arrojó el arco lejos y corrió a abrazar a su hermano.

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34 Re: Saigo no Tenshi (Rol) on Sun Jul 12, 2015 7:59 pm

Erina/Cyril

Apenas y pudo sentir las garras afiladas clavarse en su piel, la confusión era tal, que un poco de dolor no era suficiente para sacarla de ese repentino estallido de poder. “En serio lo siento” las palabras llegaron a sus oídos suaves, como en un sueño. No las comprendía, trato de responder, de cuestionar a qué se refería, pero no tuvo tiempo suficiente. Su cuerpo voló por los aires cual muñeca de trapo. Dolor, viento, golpe, frío y después nada.
Después de ser arrojada contra el suelo por última vez su cuerpo tembló unos momentos, se retorció débil antes de volver a quedar inerte. Se veía tan rota, cubierta de sangre, tierra y con las ropas desgarradas. La capa que su padre le regalo, esa que tanto atesoraba, se encontraba olvidada en medio del campo, o una parte por lo menos, el otro pedazo aún estaba enredado alrededor de los hombros de la peli roja.

El resto de las batallas de sus primos llegaban al final, estaba inconsciente, pero no lo suficiente, algo dentro de ella le quería obligar a despertar a pesar de lo mucho que añoraba dormir, soñar y anda más. Su sangre regada comenzó a formar pequeños caminos de regreso a su cuerpo, del cual aún no sentía completo control, pero no importaba, algo estaba mal, pero no podía decir qué con exactitud. De forma lenta, el líquido carmesí continuó su camino mientras los campeones se reunían a su alrededor.


Loki

—Mmm no estoy seguro, ese refrán siempre me ha parecido extraño sabes. Estoy seguro de que los perros pueden hacer ambas cosas, pero si, son peores los que lanzan la dentellada sin aviso previo. —
Funcionaba, gracias al infierno, porque no tenía muchas ideas además de continuar irritando a Irune hasta tener la oportunidad de acertarle el golpe definitivo. Y ahí estaba. Un instante, el segundo que necesitaba.
Sin siquiera detenerse a pensar, algo común en el híbrido, se lanzó contra su prima. Giro la espada en sus dedos, el lado con energía angelical cargado y listo. Tomo vuelo y le dio la vuelta para que quedara con el lado plano en lugar del filo, era lo suficientemente ancha para servir de bate de béisbol improvisado, además no quería decapitar a la mayor, sólo noquearla.

—Sin resentimientos…—
Con toda su fuerza, golpeo a Irune en la nuca, descargando por la espada lo que esperaba fuera una fuerte oleada de energía angelical, suficiente para noquearle el tiempo suficiente para declarar la victoria como suya.
La heredera de Orgullo cayó en picada contra e suelo de tierra, donde permaneció tirada. Cansado, Loki aterrizo con poca gracia, aunque de pie. El escudo alrededor de la arena se desvaneció y pronto se encontró al lado del resto de sus primos. No podía creerlo, de estar en otra situación gritaría de emoción, pero apenas podía permanecer de pie. Mordió su labio distraído, esperaba no haber lastimado a Irune por accidente, por poco probable que fuera.


Aleksandre (Sassha, Shurik)

No se dio cuenta de que se encontraba conteniendo la respiración hasta que soltó una larga bocanada de aire cuando las venas por donde antes corría el veneno de su padre, volvieron a la normalidad en lugar de ese color verde. Con un cuidado poco habitual en el general, giro a Nine en sus brazos para cargarle mejor. Odiaba la sensación en su garganta, la opresión en su pecho, él no era un estúpido sentimentalista, ese era trabajo de sus hermanos.
Pero no podía evitar preocuparse por el médico y su hijo aun no nacido, todo indicaba que actuó a tiempo pero ¿y si no?
Exasperado, volvió a acomodar el peso del rubio para liberar uno de sus brazos, el demonio no pesaba nada para él. Discreto, apoyó su mano libre en la estrecha espalda, arriba de la hidra. A pesar de acabar de pasarle energía a su pareja para que soportar el dolor, tenía mucha sobrante, podía pasarle otro poco.
—Vamos idiota, abre los ojos…—


Yuna

Lo logró, su hijo lo consiguió. Durante todo el lapso de tiempo que duró el combate, no aparto la mirada de la arena un instante, apenas y presto atención a Miros, reconfortándose en el calor de su cuerpo al lado, pero nada más. Tenía tanto miedo de que las cosas salieran mal, en su mente giraban mil y un posibles resultados, confiaba en Loki, pero sabía que Irune era una rival difícil y conocía también el cariño que su hijo sentía hacia el resto de sus primos, al menos los más cercanos a él. Si cerraba los ojos, podía ver a los cuatro pequeños como solían ser en tiempos sencillos, robando galletas, causando estragos en el cuartel que entraran.

Sus manos acariciaban de forma ausente su redondo y pronunciado vientre, sentía un poco de dolor, pero nada grave o el suficiente para hacerle perder la concentración, cada tanto, las pataditas en su interior le distraían lo suficiente antes de volver a los acontecimientos en la arena.

Y tras lo que parecieron interminables horas pudo ver a su hijo vencer, acertar el último golpe para noquear a Irune y salir vencedor. Su cuerpo se cubrió de escarcha. Sentía tantas cosas, emoción, alegría, miedo por lo que ocurriría después ¿Permitiría el señor del infierno que su hijo viviera? ¿Cumpliría con su palabra? Sólo quedaba rezar porque así fuera.

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35 Re: Saigo no Tenshi (Rol) on Sun Jul 12, 2015 10:23 pm

Lucifer

Nada impresionado, el ángel caído chasqueó la lengua en su paladar cuando sus herederos finalizaron las batallas después de una larga espera. Ya era hora, su desesperación lo estaba llevando a considerar interrumpir las contiendas y castigar a todos por igual. Débiles, desprolijos, descontrolados. Que desperdicio. Con parsimonia, se levantó de su trono y descendió hasta el frente de la arena donde sus ganadores esperaban exhaustos. Sus fríos y desinteresados ojos se tomaron el tiempo necesario para evaluar la condición final de cada uno de los jóvenes, desde el más mínimo rasguño hasta la pérdida considerable de energía. Chasqueó de nuevo la lengua y frunció el seño en desaprobación. Poco control de energía. Indisciplinados. Sentimentalistas. Idénticos a sus inútiles padres. Sin duda alguna ese era el castigo del que tanto hablaban sus traidores hermanos… tener una descendencia de inútiles. Ni hablar de los perdedores, quienes no eran dignos de su interés mucho menos de su atención.

Con cierto repudio observó el abrazo en el que se fundían los hermanos de Pereza y Lujuria. Los lazos de hermandad eran una ilusión, una falsedad, una fantasía que el Cielo alimentaba para idiotizar a sus soldados y esclavizarlos bajo el concepto de Familia. Algún día rompería esos lazos de hermandad, tan frágiles como las ramas secas de los árboles muertos… tan falsos como el amor que sus hermanos le decían tener. Pero ahora había asuntos más importantes que atender.

- Que impresionante – silbó con el sarcasmo permeando cada sílaba. Sus ojos no tenían un foco en especial, parecían moverse por sobre sus cabezas demostrando poco interés en la situación y en los jóvenes delante de él. Ni siquiera la palpable agitación de sus hijos lo perturbaba – Necesitan más entrenamiento del que pensaba – se burló, torciendo sus labios en una cruel sonrisa – Basados en mis impresiones del día de hoy, les haré llegar a cada uno un plan de entrenamiento que tendrán que seguir al pie de la letra si quieren seguir vivos – acentúo su sonrisa. Ningún heredero suyo será la vergüenza del Infierno, primero muertos antes de repetir el mismo ridículo que ese día. Sus pensamientos recayeron por un instante en la segunda hija de Orgullo, quien parecía jugar a la casita en el mundo humano a lado del ángel más patético del Cielo, fuera de los límites del Infierno… pobres ingenuos, Lucifer no obedecía ninguna regla ni ningún límite, no por nada ha intentado conquistar el Mundo Humano más de mil veces… ese reino era una pobre ilusión para aquellos que no encajaban en ningún Reino que pronto destruiría por simple diversión; pero mientras, como recompensa por haber vencido en su contienda, le otorgaría a Freya la ilusión de seguridad.

Con un movimiento de su mano, los despidió a todos, ignorando los músculos desgarrados, la energía agotada y los ojos plagados de cansancio. Ya había visto lo que quería ver, ya había escogido a aquellos que demostraban tener cierto potencial para sus propios planes, pronto se contactaría con ellos para comenzar a forjar su verdadero ejército. Sin otorgarles un segundo vistazo, siguió de largo hasta los cuerpos caídos de los perdedores. Falan ya se encontraba sentada en la arena lamiendo con regocijo sus heridas las cuales se cubrían de fuego y sanaban al instante, no parecía inmutada por su derrotada e incluso ignoraba con deliberación todo lo que ocurría a su alrededor, feliz de haber encontrado a un digno oponente. Lucifer sólo le dedicó un gesto de exasperación y siguió su camino hacia las dos mujeres tumbadas.

- Vaya, vaya, vaya… a ti te llamaremos “El segundo gran error de tu padre”… no es necesario que mencione el primero ¿No es así, Jared? – preguntó en voz alta mientras ladeaba ligeramente la cabeza sin desviar la mirada del cuerpo de Irune. Sabía que Orgullo, después de dejar de abusar físicamente de su pareja, había descendido en un relampagueo hasta la arena, rebosante de vergüenza y humillación. Era tan deliciosa la desilusión y desesperación de Jared que podía saborearla físicamente en su paladar. Sin mucho cuidado, se acercó a Irune y pasó la punta de su zapato debajo del cuerpo de la joven, arrojándola sin mucha fuerza a los brazos de su padre – Encárgate apropiadamente, Jared – ordenó sin ver el rostro contorsionado del rubio – Haz algo bien por primera vez – susurró con condescendencia para después acercarse a la segunda mujer quien ya estaba siendo socorrida por su padre y pareja.

La alta e imponente figura de Lucifer se cernía cual sombra sobre las espaldas de los dos hombres, cual ave de rapiña saboreando a su próxima presa. El mayor no podía con tanto regocijo, finalmente la Casa de Pereza estaba decayendo lentamente, primero con la debilidad de su General y ahora con la inestabilidad emocional de su primera heredera. Sí, había puesto mucha atención al despliegue de energía de Erina, tan salvaje y descontrolada como aquella que su padre guardaba dentro de sí mismo. Aunque la energía era impresionante, de nada servía si su recipiente no podía controlarla y hacer buen uso de ella, por lo tanto era tan inútil como un recién nacido. Por un segundo, cuando Cyril emitió aquel alarido lastimero en medio de la arena, pensó que estaba viendo a Memphis perdiendo el control después del aparente asesinato de su pareja… desesperado, desquiciado, como un animal herido y enjaulado… por un segundo, el aire se vició con aquella vibrante y perturbada energía… por un segundo pensó que tendría una oportunidad de domesticarla para su beneficio… pero el segundo se desvaneció en seguida que el aire dejó de vibrar y Erina perdió la consciencia. Que desperdicio.

- Deberías darte por vencido de una vez Memphis… nada de lo que hagas romperá tu caída al precipicio… lentamente, tu Casa será destruida – susurró con crueldad, perforando la nuca de su hijo con su intensa mirada. Con deleite observó la contracción de cada minúsculo músculo de la anatomía de Memphis, desbordando tensión a través de cada poro –… al igual que tu hija fue destruida el día de hoy – finalizó con una sádica sonrisa que distorsionó su atractivo rostro en la bestia que realmente era.

Jared/Miros

La continua agitación en el palco al lado de Feyrir le impedía concentrarse en la batalla de su hijo. El coraje que desprendía Orgullo era tan intenso que juraba poder palparlo con las manos y saborear su amargo sabor en el paladar. El recuerdo de los días oscuros, donde su padre los mantenía enemistados entre ellos fue revivido de inmediato bajo la figura de un abusador Jared. Era increíble la influencia que su padre podía tener en el rubio General. La vista era tan grotesca que agradecía el espesor de las plantas que cubrían la mayoría de ellas. Pensar en hacerle algo parecido a su amada pareja, le provocaba tal repudio que le revolvía el estómago y le provocaba un desagradable malestar general. Jared estaba cruzando una frontera de la que después no podría regresar… solo esperaba que, por el bien de sus sobrinas, su hermano reaccionara antes de perderse por completo en la influencia de su padre.

Por instinto, apretó a Yuna y sintió las pataditas de su pequeña no nacida en el abultado vientre, encontrando cierto consuelo en los suaves movimientos. Sabía que la posesión no era lo que motivaba a Jared en el abuso de su pareja, no deseaba poseer a la mujer para él… no deseaba tenerla para él, no la ambicionaba. Lo que realmente motivaba sus crueles actos era el dominio, la imposición, el demostrar que él tiene el control sobre todo y sobre todos, que nadie puede retar su autoridad y la necesidad de someter. Esa era su verdadera estimulación. Algo de lo que él no era experto. Su atención se desvió por completo al escuchar el lamento de su sobrina, asustado se acercó a la orilla del palco deseando que ninguna tragedia hubiera ocurrido, eso sería algo que podría provocar una segunda guerra en el infierno; sin embargo, sintió un alivio momentáneo al ver que todos los jóvenes se encontraban vivos y enteros. Sorprendentemente, unos instantes después la batalla de su hijo finalizó con él saliendo victorioso, emocionado emitió un grito de victoria al mismo tiempo que descendía presuroso a la arena, sin importarle el estricto protocolo de su padre. Lo único que le interesaba era saber que su hijo se encontraba bien, sano y salvo, y que ahora sí sería reconocido como verdadero heredero. Ni el tiempo tuvo de pensar en lo que significaba la derrotada de Irune y Cyril, lo único que le importaba en aquel momento era su familia.

Mientras tanto, Jared, quien estaba asfixiando de nuevo a su pareja sin proceder en sus intenciones sexuales, se levantó de golpe al escuchar el grito de Cyril. Sin importarle el estado de Rose e ignorando a Nova quien parecía haber estado arrancando las plantas de los barrotes para detenerlo de algún modo. Se acercó a la orilla para observar lo que estaba pasando. Freya estaba ganando… e Irune estaba perdiendo ¿Quién lo hubiera pensado? Aunque debía de sentirse orgulloso por su segunda hija, lo único que podía pensar era en la tremenda desilusión de que su principal heredera lo hubiera dejado en vergüenza. Débil. Escupió en un pensamiento igual que su padre. Su heredera era débil, ni siquiera con el entrenamiento del que tanto se ufanaba había logrado vencer a Loki quien era menor y menos entrenado que ella. Que vergüenza. Que desperdicio de tiempo y potencial. Sin inmutarse ante el estado de Rose, descendió en un relampagueo a la arena, rebasando a Miros e impactándose a unos cuantos pasos de su padre quien se había acercado a su hija mayor.

Con cuerpo tembloroso escuchó las palabras de su padre, las cuales taladraron intensamente su cabeza y se instalaron dentro de ella. Tenía razón, en cada palabra pronunciada, Lucifer como siempre, tenía la razón. Con cierto desagrado recibió el impacto de su hija en su cuerpo y dejó que se desplazara hacia el suelo, sin romper la inminente caída al suelo. Que desilusión.

Memphis/Nova

El comandante de Avaricia estaba despedazando las enredaderas sin inmutarse por las espinas que perforaban su piel, lo único que deseaba era rescatar a la frágil mujer que estaba siendo abusada físicamente por el otro hombre. No podía permitir tal maltrato, aunque ahora no sintiera lo que alguna vez sintió por la mujer, todavía la respetaba y estimaba tanto como para saber que lo que hacía Jared era un ultraje ¿cómo la marca podía permitir tales tratos? ¿No se suponía que las parejas eran los seres más preciados para los Pecados? ¿Por qué los otros hermanos lo permitían? Gruñendo y emitiendo profanidades contra Jared, comenzó a golpear los barrotes en un ridículo intento por atraer la atención del otro hacia sí mismo, esperando que lo encontrara más interesante que el abusar a Rose. Sin embargos, sus intentos se vieron interrumpidos cuando el grito de Cyril atravesó el aire y estrujo su pecho con tal intensidad que le robó el oxígeno de sus pulmones. Aterrado, se dirigió hacia Memphis, quien había salido abruptamente de su meditación para observar con impotencia el descontrol de su hija.

- ¿Qué está pasando? – exigió saber, alternando su mirada entre el General y la arena - ¡¿Qué le está pasando?! – gritó desesperado ante el silencio del mayor. Sin importarle el miedo que le despertaba sujetó al peli rojo por el hombro e intentó sacudirlo con brusquedad para sacarle, aunque sea a empujones, una respuesta. Sin embargo, en el momento que sus dedos tocaron la espesa capa ajena, sintió un terror que no tenía nada que ver con la cotidiana presencia del General sino con la oscuridad tan salvaje que sintió anidada dentro del otro hombre “¿Qué clase de monstruo es?” pensó fugazmente para después regresar su vista en el momento exacto en que Freya derrotaba a su pareja. Su pecho se estrujó aun más y su cuerpo comenzó a vibrar con toda la ira contenida que le generaba la escena. En ese momento solo deseaba matar a la segunda hija de Rose. Puro y crudo odio cruzó fugazmente al ver el maltrato hacia la fuente de su avaricia, lo que más ambicionaba y atesoraba en todos los tres mundos… su pareja. Ignorante del descontrol que sus propias emociones provocaban en la mujer de cabellos rojizos, siguió maldiciendo a todos y a todo hasta que la arena se movió y los ganadores se posaron frente a Lucifer. Sin esperar más tiempo, saltó hacia la caída Cyril siendo superado en velocidad por Memphis quien al instante ya se encontraba al lado de ella, murmurando palabras de aliento.

- No, hija… - fue lo único que Nova logró escuchar de entre la retahíla de cosas que el mayor decía. No entendía el contexto de aquellas palabras y solo lograba captar “control”, “tranquilizante”, “no permitas que te gane” sin un sentido aparente. Impaciente, el peli negro intentó cargarla para sacarla de inmediato de aquel lugar, pero la presencia y las palabras de Lucifer lo congelaron en aquel lugar.

Nine

- Eres toda una dulzura – gruñó con debilidad el médico mientras abría los ojos y se estiraba lentamente. Por instinto, una de sus manos se paseó por el abultado vientre, sintiendo la agitación de su monstruo lleno de energía – Wow… parece ansioso por nacer – soltó al mismo tiempo que una pequeña contracción le robaba el aliento. Suprimiendo un gesto de malestar, se recargó en el hombro del mayor para ayudarse a levantar – Aunque el suelo es muy cómodo, tengo el trasero plano

Después de incorporarse comprobó que pudiera mantener el equilibrio por sí solo y se alejó de su pareja, tratando de mantener la compostura que perdió cuando aquella ponzoña penetró con dolorosa intensidad su cuerpo. Se encontraba cerca de la pared del fondo del palco, por lo que le era imposible ver lo que estaba pasando en la arena, su única pista de que algo importante había pasado era que ya no veía los grandes trozos de tierra flotando en el aire.

- ¿Cómo terminó? – preguntó mientras acariciaba su vientre para intentar parar las contracciones, la fecha probable de parto no era hasta dos semanas más. Su bebé no estaba listo para nacer aun.

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36 Re: Saigo no Tenshi (Rol) on Sun Jul 12, 2015 11:18 pm

Feyrir

Sus hijos habían ganado, no estaban muertos, a pesar del calor que le quemaba el cuerpo bajó de inmediato y no se sintió tan herido por las palabras de su padre. Si sus hijos serían entrenados sería por el mismo, no los convertiría en los monstruos como con los que él se había criado, nunca.

Acaricio a su hija más pequeña, estudiándola, asegurándose de que estuviera sana, y la pequeña se aferró a su pecho, pero no dijo ni una palabra. Aki estaba junto a Yami, tratando de calmarlo, asegurándole que estaba sano, a pesar de estar bastante magullado.

Rose

Con gran esfuerzo pudo moverse, con pequeñas arcadas trataba de incorporare, de tomar suficiente aire para ir a ver a sus hijas, pero no podía moverse, apenas pudo sentarse y recargar sus brazos sobre la reja, tenía el cuello amoratado y los ojos inyectados de sangre. Le ardían al igual que pasar aire para respirar, no deseaba que nadie la viera así.

Apenas logro ponerse en pie, apoyada en la reja, al parecer en el forcejeo Jared le había roto un brazo. “No es nada” pensó, tratando de acomodarlo como había hecho tantas veces antes. Freya estaba bien al menos…pero su pobre Irune era repudiada por su padre como un cachorrito deforme. Con toda su fuerza apareció en la Arena, y trató inútilmente de ayudar a la mayor de sus hijas cuando despertó. Su brazo roto era completamente inútil, y trato de no llorar mientras sostenía a Irune con el otro

-Tranquila cariño, te llevaré a casa…te curaremos muy pronto- susurró

Freya

Sentía tanto odio y tanta impotencia. Pero su Abuelo no jugaría con ella. Tal vez no podía hacerle frente en el Infierno, pero la Tierra estaba protegida por magia antigua y fuerte, magia que el mismo ya no podía comprender. Le dio la espalda, pero el estado de su madre le asustó de verdad. Le preguntó pero ella se negó a responder.

-Tengo que volver, madre. Kael debe estar histérico… Por favor madre…debes avisarme todo lo que suceda…

Miró a su padre, como esperando una explicación, pero cuando no la obtuvo, de hecho no le dirigió ni una mirada, suspiro y desapareció, reapareciendo en el recibidor de su casa, recargándose en la pared, acariciando su plano vientre en busca de consuelo.

-Kael? Cariño?

Rea

La niña se había acercado a Memphis y lo había golpeado con su pequeño arco, tenía heridas sangrantes en sus pequeñas piernas y el cabello rojo como fuego, enmarañado y sucio. Casi había muerto, pero todo en lo que su padre podía pensar era Cyril, siempre ella. Ni siquiera tenía un León definido, no podía manipular los sueños, pero era su favorita. No lo comprendía pero lo que sí entendía era el enojo que sentía, y también que era por su padre.

Continuo golpeándolo, sus ojos estaban rojos e hinchados y las lágrimas corrían por su rostro mientras le gritaba, ya no le importaba si todos podían oírla.

-Ella! Siempre ella! Yo también estoy herida ¿sabes? Me mordieron, me golpearon, me quemaron, me gritaron las cosas más horribles que he escuchado… ¿Qué tengo que hacer para que me hagas caso a mí? –Preguntó furiosa y confundida- ¿No soy buena, papá? ¿He hecho algo malo?

-Siempre me he portado bien…he sido buena! Pero no te importa! Y tampoco mi hermano! Sólo la quieres a ella!- El león de su rostro brillaba con un resplandor de fuego, y esa furia detuvo finalmente sus lágrimas.

-Desde que te quedaste dormido todo ha estado mal, padre. Mi papi siempre estaba triste, hacía lo que podía pero yo lo veía, estaba cansado, casi no comía, dormía con nosotros porque no quería estar contigo. Nos dejaste solos! Nos abandonaste, y cuando regresas él se lleva a mi papi- Gritó señalando a su abuelo- Ahora no tengo nada… Estoy sola, es culpa tuya y sólo te preocupas por ella!! Te odio!

Su pecho subía y bajaba rápidamente, lo había dicho todo pero no estaba arrepentida. Con pasos firmes camino y se paró frente a su abuelo, temblaba pero hico una profunda reverencia.

-Yo no sé muchas cosas… Pero no quiero ser como él… Por favor, déjeme vivir con usted, yo haré lo que me diga, seré buena, aprenderé. Por favor…

Derek

Memphis?” Había desaparecido tan rápido como había llegado, seguro no era más que un sueño. Aún adormilado se incorporó en la cama y se sacudió el cabello, tenía las hebras nudosas y pegajosas, igual que la piel, aún sentía la semilla de Lucifer deslizándose por su cuerpo. El recuerdo del otro, presionándole contra el suelo mientras lo cubría con aquel líquido caliente le ganó una nueva y dolorosa erección.

La cama estaba hecha ruinas y el dosel quebrado, pero era cómoda, miró a su alrededor y recordó que ese cuarto era su mundo ahora. Memphis se haría cargo de sus hijos, y el se encargaría de que Lucifer siempre estuviera de buenas. Era un buen trato, uno que podría llegar a disfrutar.

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37 Re: Saigo no Tenshi (Rol) on Mon Jul 13, 2015 1:30 pm

Yami

Después de que su hijo le asegurara varias veces de que se encontraba bien y cerciorarse de que todas sus heridas estuvieran sanando rápidamente, se dirigió hacia su hija para examinarla. El pequeño cuerpo temblaba y sus rodillas estaban manchadas de tierra y polvo, junto con algunos raspones debido a las piedras en la arena, pero no había heridas significativas. Se arrodilló junto a ella y comenzó a acariciar la cabecita con sus cabellos revueltos y enredados con pequeñas piedras y otras suciedades de la arena, tratando de tranquilizar el temblor de su cuerpo.

Al sentir la caricia de papá, la pequeña se alejó un poco de Feyrir para enterrar su rostro en la curvatura del cuello de Yami, cerrando fervientemente los ojos para no seguir viendo las aterradoras imágenes que plagaban su cabeza. Por instinto, el bicolor cargó a la menor quien enredó sus piernas en la cintura de éste y se acomodó mejor entre los acogedores brazos de su figura materna.

Jared

Con desdén observó la manera en la que Rose intentaba sostener a su hija que poco a poco recobraba la consciencia mientras ocultaba el dolor que le generaba el brazo roto. Por un instante, un rayo de culpabilidad electrificó su cuerpo, pero desapareció sin dejar pista tras un segundo. No podía retractarse ahora, ya había comenzado a ascender hacia un camino de grandeza y si se permitía un mal paso entonces nunca volvería a estar en el glorioso lugar que estaba antes, cuando el infierno era perfectamente gobernado por su padre y él era su mano derecha para impartir disciplina e imponer su autoridad. Ni su pareja e hijas le impedirían lo que por derecho de nacimiento le pertenecía… la grandeza.

Memphis

Las palabras de su hija más pequeña calaron con mayor dolor que las crueles de su padre. Cada grito, cada lágrima furiosa que se derramaba por las rojizas mejillas, cada golpe sin fuerza era una puñalada que se enterraba más profundo en su pecho. No tenía la menor idea de que su pequeña hija cosechara tales sentimientos desde hacía tiempo, ni siquiera podía sentirlos a través de la marca… sólo podía verlos centelleando en aquellos enormes ojos tan parecidos a los de Derek, podía ver la chispa de la furia, el coraje, la frustración, acumulados de tal forma que se desbordaban en forma de lágrimas que hacían brillar la marca del león. Nunca pensó que el otorgarle a Derek la petición de quedarse con el recuerdo de Erina en su pecho, pudiera afectar el vínculo con sus hijos, tal vez si hubiera sabido lo que sentía cada uno de ellos… tal vez si le hubiera puesto más atención… ¿pero cómo hacerlo si su propia naturaleza lo traicionaba? Sabía que ser la pareja de Pereza no era fácil pero la naturaleza salvaje y activa de la madre de Cyril hacía parecer la tarea más sencilla. Cada determinado tiempo, después de una jornada de intensa actividad, el cuerpo de Memphis se “apagaba” automáticamente, aún en contra de su voluntad, para generar más energía y poder suministrarla a todos sus demonios, necesitaba descansar y entrar en un sueño profundo para mantener en niveles óptimo su reino. Por ello su escuadrón era el menos numeroso pero con niveles de energía bastante altos, mientras más tiempo pasara meditando o durmiendo, más pura e intensa era la energía. Por esa razón, después de su pelea con Mikaell, su cuerpo automáticamente entró en hibernación.

Hasta ese momento comprendía el grave error de no haberse asegurado que Derek aceptara y pudiera tolerar la responsabilidad de ser la pareja de Pereza. Se lamentaba haber puesto tanta responsabilidad en los jóvenes hombros, pero más se lamentaba el ser ignorante de su pesar estando sumergido en las profundidades del sueño. En ocasiones lo visitaba, trataba de consolarlo con su suave presencia a través de los sueños, intentaba plagarlos con agradables recuerdos y escenarios alentadores pero ahora suponía que eso aumentaba su congoja al no poder tener aquella misma presencia físicamente. Incluso visitaba a sus hijos en sueño, ahuyentaba las pesadillas de Rea aún muy joven para poder soportar la abrumadora presencia de su padre dentro de su mente, con Orión tenía pequeñas conversaciones cuando éste le llamaba a gritos por la extensa dimensión de los sueños. Intentaba estar presente de algún modo, hacer algo que nunca antes había hecho pero que deseaba ansioso por hacer… tener y mantener a su familia feliz y unida. Pero sus acciones imprudentes, perezosas y descuidadas los han llevado hasta ese punto.

Con el corazón roto y la cabeza desorientada, alargó una mano hacia su pequeña hija para acariciar su mejilla. Los ojos los mantenía abiertos de par en par con incredulidad, nunca antes tan expresivos como ese mismo instante. Uno de sus ojos brillaba de un esmeralda intenso, con la sombra de desesperación cayendo sobre él, mientras que el otro opaco y ciego no reaccionaba ante ningún estímulo. Intentó incorporarse, pero aún mantenía el peso de su hija mayor sobre un costado, sosteniéndola y acompañándola a través de una dolorosa transición. Había fracasado. No había podido estar ahí para ninguno de sus hijos, no había estado ahí para Derek, no había estado ahí para la madre de Cyril… había fracasado. Un fracaso tras otro. Ni siquiera tenía la habilidad de curar rápidamente las heridas que poco a poco cerraban en las pequeñas piernas de Rea, ni siquiera la ayuda de Titán quien aún se encontraba alrededor del cuello de la niña había sido suficiente. Creyó que estaba ayudando, creó que los estaba protegiendo, había dados sus fieles alas a los dos más pequeños, aquellos que lo habían protegido y mantenido estable por tantos siglos, se había desprendido sin pensarlo dos veces para otorgarles algo de seguridad… pero no eso había bastando.

“¡No estás sola! ¡Te amo!” quiso gritar con todas sus fuerzas pero no podía, las palabras se atoraban en su garganta, un nudo grueso y áspero les impedía el paso. ¿Cómo podía expresarse si nunca supo? Siempre mantenido en sopor, siempre mantenido en sueños tras sueños, solo ser despertado para actuar su papel de chivo expiatorio, de “punchy bag”, ser olvidado y relegado como un Pecado pasivo, como energía que no merecía ser moldeada por su inutilidad. ¡No quería que eso fueran sus hijos!

No pensó que la desesperación pudiera crecer, pero se equivocó una vez más cuando la menor se volteó hacia Lucifer y lo reverenció, reconociéndolo como autoridad, reconociéndolo a él por sobre el propio Memphis. Y después de pronunciar las palabras que por años resonarían en la cabeza del General como taladro, Lucifer permitió a Rea pararse detrás de él, ocupando el lugar digno de una heredera. Él la entrenarían para ser poderosa, para vencer a su padre… él la entrenaría para odiarlo aún más, él la entrenaría para ser un peón más de su tablero y usarlo como marioneta para sus propios objetivos… y Memphis solo iba a poder ver impotente mientras le arrancaban de nuevo a sus hijos.

Dantakkiel (Dante)
(Fusión entre Dantalion – demonio que convierte lo bueno en malo y Makkiel – que significa la plaga de Dios)

El aire húmedo del verano vibraba entre sus hebras rojizas y ligeramente rizadas a la misma velocidad en la que perforaba el espacio con sus poderosas alas de dos colores. Los rayos solares jugaban coquetamente sobre su apiñonada piel, haciendo relucir la espesura del plumaje oscuro de una de sus extensiones como si se tratase de un cometa atravesando el cristalino cielo. Cualquier ojo humano que indiscretamente oteara su presurosa aleteada, lo confundiría con una estrella matutina que se extravió en el firmamento y corría al encuentro de sus hermanas. Aunque el viento y las gotas de rocío mañanero se estrellaban cual filosas agujas en su rostro, no aminoró el paso. Disponía con poco tiempo para llevar a cabo sus planes perfectamente calculados para ser ejecutados en tiempo y forma. No podía permitirse ningún atraso. Con sus alas perforó una nube especialmente espesa y grisácea, donde las gordas gotas de agua humedecieron su vestimenta. Con un bufido de exasperación intentó sacudir a medio vuelo su pantalón que se había vuelto pesado debido a la absorción de la humedad. Eso sólo lo retrasaría aún más. Dándose por vencido en su vano intento de secar su vestimenta, decidió clavar de nuevo su grisácea y cristalina mirada en el punto verde que poco a poco cobraba grandeza.

Rodeado de gigantes montañas coronadas de hielo, se encontraba el Verde Valle que tantas ansias tenía de visitar. Los cúmulos de tierra hacían su perfecta labor de ocultar ante cualquier ojo indiscreto lo que habitaba en su corazón. Altos y fornidos árboles se levantaban en toda su gloria alrededor del valle, formando con sus espesas y verdes copas un apretado anillo que mantenía fresca y segura la vida de su interior. Con su agudizado oído pudo escuchar el repiqueteo de alguna fuente de agua, tal vez un riachuelo o un arroyo que saciaba la sed de los habitantes. Un río recorría la vena principal que conectaba las montañas cual serpiente gigante, rápido e incesante labraba la tierra para no desviarse de su rumbo. Incluso las aves parecían maravilladas por la hermosura de aquel valle que se desviaban a mitad de su recorrido para visitar el bosque y saciar su sed con la fría agua que se desprendía del río.

Dante sólo tuvo un instante para observar perplejo la belleza de aquel lugar que parecía iluminarse como si tuviera vida propia, cuando sintió un chapuzón de agua fría sobre su cabeza. Intrigado, se detuvo flotando a poco metros de la copa del árbol más alto del bosque y palpó su cuerpo para comprobar la cantidad de agua que recibió, pero sus manos regresaron secas. Arrugó el entrecejo y elevó ligeramente la cabeza para saber de qué traviesa nube había venido aquel chapuzón… pero el cerúleo manto lo saludó de vuelta. Ni una sola nube se paseaba errante por esos rumbos. La curiosidad fue tal que olvidó por un instante la premura de su plan para averiguar qué había sido aquello que sintió. Su aguda mirada barrió todo el valle hasta que un centelleo, a pocos metros arriba de él captó su atención. Sin mayor esfuerzo acudió hacia ese punto descubriendo que se trataba de un hilo dorado… un hilo que se unía a otros miles para tejer un manto extenso, sólo visible a contra luz, que cubría como una cúpula todo el terreno. El manto era tan parecido al que rodeaba su propia casa, que de inmediato supo que se trataba de un escudo, seguramente para mantener invasores a raya. Satisfecho consigo mismo por haber resuelto el misterio, retomó el vuelo, esta vez con mayor precaución pero con la misma velocidad. Estaba pisando terrenos desconocidos y, aunque el entusiasmo por cumplir su objetivo en poco tiempo fuera grande, necesitaba ser precavido para no caer en ninguna trampa.

Cuando estuvo a pocos metros de la primera casa de madera, descendió rápidamente hasta la orilla del bosque. Ocultándose detrás del tronco de un árbol joven, apenas en su primer reverdecimiento. Las hojas despedían un agradable aroma cítrico que invitaba a acercarse aún más, pero las ramas cubiertas de gruesas espinas era una clara advertencia para no aceptar la invitación. Con sumo cuidado, el joven guardó sus alas bicolores y se acercó lo más que pudo al suelo sin tumbarse por completo, oteando sus alrededores y evaluando las posibles amenazas. Un delicioso aroma a estofado salía en forma de humo por la ventana abierta de la modesta pero bonita cabaña de madera, mientras que risas infantiles traspasaban las paredes. Sintiéndose aventurero, se acercó un poco más dispuesto a ver el interior por la ventana, pero el golpe seco de una puerta abriéndose le hizo resbalar con la húmeda tierra y retroceder como animal asustadizo.

- Muy suave, Dante – se sancionó a sí mismo mientras se volvía a ocultar, esta vez detrás de un pequeño arbusto que poco hacía para mantener oculta su alargada forma. Sus ojos siguieron el recorrido de un par de niños que corrían alrededor de la casas blandiendo en sus manos palitos de madera talladas como espadas. Vestían de forma graciosa, la niña llevaba puesto un traje de pirata y el niño un mameluco rojo con un par de cuernos y una cola roja. Correteaban alegres, tomando turnos para perseguirse entre ellos.

- ¡Soy el diablo y te voy a chupar la sangre! – gritó el niño con orgullo mientras perseguía a quien parecía ser su hermana.

- ¡Ese es un vampiro, idiota! – contestó la pequeña entre risas – Además se llama Lucifer, no diablo – Dante observó el pequeño gesto de frustración en el regordete rostro de la niña, quien después comenzó a perseguir a su hermano para “castigarlo” por su error.

- ¡Niños nada de insultos! – una voz fina pero varonil flotó desde dentro de la casa hasta el jardín. Dante intentó estirar el cuello para observar al dueño de la voz pero le era imposible aquella tarea si quería seguir su investigación en cubierto. Resoplando, decidió regresar su atención hacia los niños quienes parecían haber desaparecido. Sorprendido, se asomó fuera del arbusto para buscarlos ya que definitivamente podía escuchar sus risas.

- ¡Te voy a acusar! ¡No se vale! – escuchó al niño llorar mientras algo pasaba rápidamente por sobre su cabeza y le alborotaba la rojiza cabellera. Sobresaltado, se echó de nuevo al suelo mientras el niño volaba directamente hasta el interior de la casa. Con ojos abiertos como platos, pudo observar una versión más pequeña de sus alas pegadas en la espalda del menor antes de desaparecer por la puerta principal. Maravillado, comenzó a levantarse cuando otra ráfaga de aire volvió a sacudir su cabellera.

- ¡Eres un cobarde! – una pequeña bola de energía se estrelló en el pasto, quemando tres hebras de la verde hierba, sin duda alguna su objetivo principal había sido la cola del disfraz de su hermano – Tsk… ¿Y tú quién eres? – Dante la siguió con la mirada mientras la niña vestida de pirata revoloteaba sobre su cabeza con la ayuda de sus dos alas bicolores. Su concentración en el espeso plumaje debió de ser tan intensa, que la niña sacudió su propia melena rosada e infló el pecho con orgullo – Son más grandes que las de cualquier niña o niño de mi edad – se señaló el pecho y sonrió abiertamente, haciendo todo el esfuerzo del que era capaz para elevar las alas y hacerlas ver más grandes.

El muchacho siguió tumbado en el suelo perplejo de lo que estaba viendo. Sabía que había más como él, sabía que debían de estar ocultos en algún lugar así como él se ocultaba en la casa de su “padre”. Sabía que debía de haber un lugar donde él podía encajar y no fuera necesario seguir oculto en la sombra y en las mentiras. Una enorme sonrisa cruzó sus labios y hubiera soltado una risotada si no fuera por la sorpresa que aun lo mantenía pegado al suelo. Su espectadora sólo lo veía como un bicho raro al que le acababan de salir dos cabezas.

- ¿Y bueno? ¿Me vas a mostrar tus alas? – preguntó con insolencia aterrizando con gracia felina en el césped, a un paso de las piernas del recién llegado. El viento soplaba las plumas y las revolvía con travesura, haciendo ondear las puntas que apenas y rozaban las rodillas de la pequeña. Dante sólo desperdició un segundo admirando la gracia que tanto le apasionaba de los felinos, desde pequeño tenía afinidad a esa especie, especialmente aquellos con cuerpos largos y poderosos. Las bestias de Gawen que se asemejaban a tigres o leones eran los más apegados a él, y se podía dedicar días y meses cazando junto a ellos. Sacudiéndose de su ensimismamiento, se logró incorporar con menor gracia, ignorando las pequeñas piedras que se habían enterrado en sus palmas y la tierra que manchaba su pantalón en la retaguardia. Sin desperdiciar un segundo más, dos poderosas alas aparecieron detrás de él dejando maravillada a la insolente niña que abrió su boca sin poder contener la sorpresa. Sus ojos enormes consumieron gran parte de su regordete rostro mientras se clavaban en las dos extensiones que languidecían sin mucho interés sobre la hierba. Dante no era de los que presumían ni se regocijabas en la envidia de los demás, prefería pasar desapercibido dado que sus habilidades sociales estaban oxidadas por el desuso; sin embargo, el querer compartir parte de su existencia con alguien más parecido a él, le provocó tal entusiasmo que no pudo sentir una punzada de placer ante el brillo de envidia de la niña. Mientras tanto, ésta había comenzado a recorrer cada sedosa pluma bicolor, perfectamente peinados hacia abajo sin ninguna mancha. Su boquita formaba una gran ‘O’ extendiendo sus manos para tocarlas – Un momento – arrugó el entrecejo en un gesto adorable y señaló el ribete rojo y dorado que recorría cada punta del plumaje oscuro - ¡Eso es trampa! ¡Las pintaste! – gritó la niña indignada.

Confundido, Dante alzó su ala oscura e intentó comprender lo que la otra le decía. No había ninguna pintura en sus alas, ni siquiera le hubiera cruzado por la cabeza el pintarlas. Desde que tenía conocimiento, aquella cintilla de colores adornaba una mitad suya. Sin quitar el gesto de confusión regresó la mirada hacia las salvajes alas de la pequeña y observó que, a pesar de ser sedosas y vibrantes, carecían de algo más que no fuera blanco y negro. Extraño. Antes de que pudiera siquiera abrir la boca para preguntarle a la niña si conocía al alguien más con el mismo tipo de “defecto” que él, corrió gritando hacia el interior de su casa. Aún más desorientado, se rascó la cabeza y decidió seguir con su investigación, permanecer oculto ya no tenía ningún chiste.

Mientras tanto, Kael quien se había acercado a una de las cabañas a orillas del bosque para encontrar las respuestas que estaba buscando, sintió el curioso cosquilleo cuando alguien nuevo entraba a sus dominios. Dividido entre dar la bienvenida al recién llegada y continuar con su plan, decidió que las responsabilidades eran primero por lo que se dirigió hacia donde sentía la presencia. Curioso se percató de las alas bicolores que languidecían a los costados de una figura alta y delgada de cabello rojizo ligeramente rizado en las puntas.

- Bienvenido a casa… – saludó como siempre había saludado a todos los que buscaban refugio en esos dominios sin embargo el aire escapó de sus pulmones cuando el otro dio la media vuelta para observarlo a través de una penetrante mirada - ¿Qué…? – logró resoplar con perplejidad ya que frente a él se encontraba el General de Pereza. Tan ensimismado estaba con el recién llegado que ignoró por completo el llamado de su pareja.

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38 Re: Saigo no Tenshi (Rol) on Mon Jul 13, 2015 7:50 pm

Freya
Kael no estaba a la vista, pero al fin en su hogar se dio un refrescante baño de agua perfumada y curó sus heridas. Su embarazo aún no era visible, así que no le molesto la idea de ponerse su blusa favorita, dejando descubierto su vientre con su corte triangular, y una falda larga antes de salir.
Saludo a un par de aldeanos y sonrió a los niños que corrían al fin libres de sus labores matutinas. Sintió a su esposo cerca y siguió la esencia hasta una cabaña apartada.

-Kael? ¿Quién es…?- Miró su rostro fijamente, pero guardo silencio, Derek había aparecido en sus vidas d ela misma manera, y a pesar de ser idéntico a su tío no podían darse el lujo de asumir nada.- Bi…Bienvenido a Casa! Este es el Valle de la Mañana, un hogar seguro para todos aquellos que no pertenecen al cielo o al infierno, y para las familias que forman…

Era el mismo discurso de siempre, pero estaba inquieta, quería tocarlo y asegurarse de no estar alucinando el parecido con su tío Memphis
.
-Si no tienes a donde ir, nosotros te daremos una cabaña y un empleo, si así lo prefieres. Mi nombre es Freya, y si puedo ayudarte en algo, por favor dímelo.

Rose

Sólo deseaba irse a casa, irse y que Jared, obsesionado con impresionar a su padre, la dejara vivir sola. No quería estar con él, no cuando era violento, rudo y malvado. Ella lo recordaba demasiado bien. Y lo había abandonado por una razón, la razón que la había empujado a los brazos de Nova en primer lugar.

Se preguntó si podría huir una vez más. Lo dudaba. Ni ella ni Irune, avergonzada, emitieron sonido alguno al esperar detrás de su padre.

Feyrir

-Padre…podemos retirarnos? Hay…muchas cosas que corregir…

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39 Re: Saigo no Tenshi (Rol) on Mon Jul 13, 2015 10:19 pm

Erina/Cyril

Silencio puro, el vacío absoluto envuelto en una oscuridad tan negra que no podía distinguir nada. Dolor, su cuerpo escocía, se sentía pesada al punto que respirar era un esfuerzo sobre humano. Y después nada. No entendía qué era lo que sucedía con ella, si se encontraba despierta, dormida, en trance… un murmullo, miles de voces que le hablaban todas a la vez, convirtiéndose en un molesto zumbido. Ojalá se callaran, necesitaba que se detuvieran. Un nuevo calor llamó su atención, suave contra su mejilla derecha. Al inicio fue gentil, pero con cada minuto subía la temperatura hasta quemarle.

—¿Dónde…? ... ¿…Mi león? … ¿Dónde está mí león? — Balbuceó con el poco aliento que tenía. La peli roja no parecía reparar en la atención de todos los que le rodeaban, del cuerpo paralizado de su padre que trataba de mantenerle de pie, ni el de su pareja del lado opuesto. —Por favor…— Su mano diestra se deslizó con torpeza sobre la mejilla ensangrentada, cuyos rasguños que ella misma se infringió eran ahora una delgada línea blanca. —No esta…no está…— Abrió los ojos como platos, pero seguía sin ver lo que estaba delante suyo.
Rasguñó la piel recién sanada sin reaccionar al dolor. El león de su rostro, aquel que le distinguía como heredera y descendiente de Pereza no estaba.
Al momento de perder la batalla y ganar sus dos medios hermanos, el león tomo su decisión, esa que hacía tanto tiempo parecía meditar. Cyril no merecía esa marca, no era suficiente para ser Erina. Ya no le quedaba nada.
Se sintió vacía, hueca, perdida. Sin su marca no era nadie.
El murmullo subió de volumen, le estaba enloqueciendo. Trato de cubrir sus oídos, pero seguía aumentado y aumentando hasta ser ensordecedor.  
—¡Cállate!— Gritó a nadie en particular —¡Déjame en paz! ¡Déjame sola!— el ruido de voces taladraba su mente. Los murmullos se convirtieron en gritos.

No era una heredera digna. Perdió la marca de Pereza. Jamás recuperaría la vida que perdió. Su pareja amaba a alguien más.

Vulnerable, dejó que las voces la envenenaran, que se anidaran en su cuerpo, se rindió, les permitió que usaran su cuerpo a su merced, ya no le importaba.

En el mundo real su cuerpo se puso de pie antes de empujar a Memphis y Nova con las manos cubiertas por púas de sangre sólida. Esa fuerza que no era suya, o al menos, no la conocía, pero tampoco podía controlarla. Sus ojos, aun abiertos de par en par, lucían como dos esferas de oro macizo y veía rojo, no podía distinguir a nadie delante suyo, pero quería destruirlo, deseaba hacerlo trizas.
Alzó sus brazos en busca de la capa que solía usar, encontrando tan sólo un pequeño trozo desgarrado que apenas y cubría sus hombros. Toda la sangre que regó en el campo regresó a ella en forma de agujas, clavándose en su cuerpo con brusquedad, sin cuidar el evitar a quienes le rodeaban, su cuerpo retorciéndose con cada golpe.
—…—
El cabello rojo cual fuego ondeaba alrededor de su rostro en mechones sucios y enredados. Temblorosa, cubrió su rostro con ambas manos, sus movimientos torpes, bruscos. Hizo una pausa, un instante en que su cuerpo se congeló por completo. Dentro suyo, su conciencia terminó de rendirse.
—AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!—
El grito que salió de su garganta no era humano. Dos alas salieron de su espalda, pero a diferencia de las habituales hechas de sangre, estas eran sólo el esqueleto, negro cual obsidiana, como los cuernos que alguna vez coronaron con orgullo su cabellera rojiza.  
Con el grito, miles de agujas anchas como cuchillas salieron disparadas de su cuerpo, y con ellas, se lanzó contra la persona más cercana sin siquiera pestañar.

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40 Re: Saigo no Tenshi (Rol) on Sat Jul 18, 2015 1:17 am

Dantakkiel (Dante)/Kael

La suave brisa que se filtraba entre las verdes hojas del valle, movían perezosamente las plumas bicolores que formaban sus alas y las hebras rojizas que adornaban su cabeza. El sobresalto inicial de ser descubierto tan pronto, dio pasó a una inmensa curiosidad por el extraño joven que le observaba con ojos brillando de perplejidad y la boca parcialmente abierta petrificado, al parecer, en medio de su frase de bienvenida. Dante parpadeó un par de veces y se ladeó por completo para encarar al desconocido, esperando algo más que el silencio incómodo que se había instalado entre ellos. Después de unos segundos en el que el otro sólo movía la boca como pez fuera del agua, decidió tomar la iniciativa y acercarse con cautela, como predador aproximándose a su presa.

- ¿Quién… qué eres? – corrigió al último instante cuando sus ojos avistaron un destello de luz sobre la cabeza del otro hombre. Aunque duró una fracción de segundos antes de desaparecer sin dejar rastro, para él fue tan claro que nunca dudó de su existencia. Su mirada escrudiñó un poco más al otro ser, deteniéndose en los ojos verdes lima que reflejaban la pureza de su energía, tan clara y luminosa que contrastaba evidentemente con la suya más opaca. Alguna vez Gawen le contó de las “otras especies”, de aquellas con alas blancas y auras luminosas que calentaban el corazón e inspiraban esperanza, y de aquellas con alas oscuras y auras salvajes que ensombrecían la mente y enaltecían los instintos. Ángeles y demonios, según recordaba.

- … soy Kael – finalmente salió de su estupor al sacudir levemente su cabeza para hacer ondear la lacia pero desobediente melena rubia, ignorando el desliz en la extraña pregunta. Hasta que escuchó aquella voz ronca y rasposa, entendió que no se trataba del General cuya voz era más dispersa y etérea. Aquel desconocido portaba una determinación en su timbre que nada tenía que ver con la usual suavidad de Memphis –Mi esposa y yo somos los guardianes de este valle – compuso una expresión más cálida al percibir la tensión que se acumulaba en los hombros y alrededor de los ojos del recién llegado – Bienvenido – repitió percatándose de que le era más fácil hablarle al otro si se fijaba en sus delgados y ligeramente secos labios, siendo la única parte de todo su cuerpo que no le perturbaba. El parecido con el pariente de su pareja era increíble, si no fueran por esos ojos grisáceos que parecían querer perforarlo con su agudeza y la ausencia de arrugas en la frente, hubiera creído que el mismo Memphis había ascendido para visitarlos, situación que nunca había pasado en los años que llevaba de establecido el valle… y que nunca ocurriría - ¿Cuál es tu nombre, joven? – el pequeño espasmo en la comisura de los labios que observaba, le indicó que la pregunta no había sido bien recibida. Curioso, elevó ligeramente los ojos y entendió de inmediato la inconformidad. A pesar de la primera impresión, el recién llegado cuyo nombre aun ignoraba, no era un “joven” como tan efusivamente había mencionado, se trataba de un adulto que aparentaba unos 25 años humanos. A diferencia de los humanos donde la edad se percibía en sus frágiles cuerpos mortales, en ellos se evidenciaba por los anillos que rodeaban las afiladas pupilas. Aquel híbrido era aún más grande que él.

El peli rojizo permaneció en silencio, sopesando la opción de decirle a aquel extraño su verdadero nombre. Kael, como se hacía llamar, no parecía peligroso, despedía un aura de bondad que poco a poco vencía su resistencia inicial a establecer algún contacto. Su objetivo principal era conocer a las criaturas que vivían en aquel valle (que despedían la misma energía que él) sin establecer algún contacto que comprometiera su anonimato, y retirarse antes de que Gawen notara su ausencia. Sin embargo, su plan dio un giro imprevisto al ser descubierto por aquella niña vanidosa. Después de unos largos segundos sin percibir ninguna amenaza, decidió dar a conocer su nombre, impaciente por continuar con sus descubrimientos.

- Dantakkiel… pero me dicen Dante – Kael le observó perder poco a poco la tensión de sus hombros y las arrugas de sus ojos, haciéndolo parecer más joven de lo que realmente era. Después de otros incómodos segundos donde las alas bicolores removieron haciendo volar las hojas secas a sus pies, el ángel sacudió su estupor por segunda ocasión.

- Disculpa mi indiscreción… pero te pareces mucho a… - sus palabras se vieron interrumpidas con la dulce voz de su pareja que se aproximaba detrás de él. Con un vuelco en el corazón, ladeó la cabeza sin darle por completo la espalda al otro, y observó por sobre su hombro la bella figura de la demoniza. Rápidamente sus ojos verificaron que no hubiera herida alguna sobre su blanca piel y se detuvieron en el vientre plano donde su primogénito permanecía seguro. Exhaló temblorosamente con alivio para después regalarle una tensa sonrisa, esperando para estar resguardados dentro de las paredes de su hogar y así saber las nuevas del infierno. Permaneció en silencio mientras Freya le daba su propia bienvenida al recién llegado, percatándose del pequeño tartamudeo en la frase inicial. Su pareja compartía la misma sorpresa que él – Apenas nos estamos presentando – aclaró enredando sus dedos en la mano de la mujer para después deslizar sus ojos al recién llegado quien tenía fijos sus ojos en ella.

Ante la segunda presencia, el peli rojo retrocedió un paso hacia el bosque, desviando la mirada hacia el cielo y sopesar la posibilidad de salir volando de aquel lugar. Bestias y creaturas las entendía, podía convivir con ellas con complacencia. A los humanos los conocía un poco menos que las creaturas pero los conocía y saber qué esperar de ellos. Pero de estas nuevas especies no conocía nada, no sabía qué esperar de ellos… no eran como él ni como los primeros niños que había visto. Sus energías era diferentes, la de la recién llegada era más salvaje y oscura, mucho más oscura que la suya y le rodeaba una belleza brutal que hacía palidecer a cualquier mujer humana. Sin proponérselo, retrocedió otro paso, evidentemente incómodo. Alguna fuerza extraña, que desconocía por completo, le impedía despegar los pies de aquel suelo y emprender el camino a casa, parecía que las suelas de sus zapatos deportivos estaban fijados en la piedra sin querer que se despegara de aquel lugar. Impaciente, se restregó la mejilla con la manga de su sudadera gris, sin percatarse del leve rubor que cubría su rostro a la llegada de la hermosa fémina.

- Su nombre es… Dante – intervino Kael aclarándose la garganta para quitar algo de hierro a la situación. Aunque estaba curioso por saber la procedencia del recién llegado, estaba más interesado en escuchar las noticias de su pareja y compartir la impresión sobre su visita al cielo – Esperamos que tu estadía sea placentera – se despidió con una leve inclinación para después apretar la mano que sostenía con suavidad e indicarle que se retiraran. Sin embargo, la voz ronca del hombre le detuvo.

- Tengo una casa y no necesito un empleo… gracias… - aclaró ligeramente avergonzado. Kael supuso que la energía salvaje e irresistible de su pareja, lo estaba abrumando por lo que parecía más retraído que la primera vez que habló con él – No son como yo ¿Qué son?

El resto xD

Mientras Lucifer se regocijaba en la miseria de su hijo mayor, Yami mantenía un sólido agarre en su hija más pequeña que se aferraba a su pecho con dedos temblorosos. La abrumadora presencia de todos los demonios mayores combinada con las emociones enaltecidas, estaban destrozando los nervios de los dos. Poco a poco el excelente control que mantenía sobre sus propios impulsos estaba siendo fragmentado a medida que la inestabilidad mental en Jared avanzaba, en ese momento había una competencia entre la marca del Fénix y la marca de comandante que aún se sometía a la voluntad del General del Orgullo. El maldito de Jared estaba siendo manipulado vilmente como un títere por su padre y era incapaz de darse cuenta. ¿Acaso era tan estúpido que no lo veía? ¿Acaso era tan débil como para dejarse manipular?... Asustado, el bicolor reaccionó cuando Eneritz afianzó aún más el cuello de su camisa de botones, deteniéndose en esa espiral que caía vertiginosamente en picada. La influencia de los generales sobre sus soldados era sumamente poderosa, si un Pecado se alteraba o enaltecía, todos los demonios de su escuadrón estaban obligados a reaccionar ante aquello, uniéndose al clamor de su General. Ser la pareja oficial de Lujuria le otorgaba cierta inmunidad ante esta influencia, pero aun se veía vulnerable ante los clamores más fuertes… como en esa ocasión. Chistando, meneó la cabeza para remover el flequillo que se había pegado a su frente debido a las gruesas gotas de sudor que lo empapaban, intentando transmitir algo de tranquilidad en el cuerpo de su hija quien también se veía afectada por la marca de Orgullo… odiaba admitirlo, pero en ese momento veía la desventaja de ser la pareja oficial y pertenecer a un escuadrón diferente. Odiaba que su hija hubiera nacido con la marca del águila en lugar de la marca del fénix.

- Será mejor que nos vayamos – secundó a Aki mientras observaba la cúpula que rodeaba el coliseo. Lucifer aún no retiraba el escudo que les impedía transportarse dentro y fuera del domo… estaban atrapados y sometidos a la voluntad del Señor del Infierno. Y odiaba ser sometido. Rumeando en sus pensamientos, no se percató que Eneritz se había movido de tal forma que uno de sus ojitos carmesíes se asomara por sobre su hombro y se clavara en la intimidante figura de Orgullo - ¿Hasta cuándo nos tendrá aquí…? – sus palabras se atoraron en su garganta al escuchar el desgarrador grito que salió de la boca de Cyril, quien se contorsionaba a unos cuantos pasos lejos de ellos. Sobresaltado, sacó sus alas a tiempo para cubrir su cuerpo y el de sus hijos de las cuchillas que salieron disparadas en todas direcciones. Unas cuantas se lograron clavar en el hueso curvo de sus extensiones y otras más aterrizaron cerca de sus pies.

Jared, quien no estaba tan lejos de su comandante, se cubrió el rostro con una mano sin inmutarse ante las cuchillas que desgarraron su piel y se clavaron en los dedos. La tensión y adrenalina que aun corría por todo su cuerpo, le otorgaron un factor de inmunidad ante el dolor y de rápida sanación que redujeron las cuchillas a pequeñas agujas, desplomándose sin fuerza al suelo. Ni siquiera desperdició un vistazo para verificar si su familia había logrado cubrirse de tan débil ataque. Su dorada mirada permaneció fija en el cuerpo suspendido de su sobrina junto a Memphis y al inútil de Nova cuyos esfuerzos por someterla no funcionaban. Par de inútiles. Por eso era débil la sangre que corría en Pereza, su General no tenía las suficientes agalles para enfrentar la situación de manera eficiente y eficaz, era un desperdicio de espacio y energía… y ahora tenían un miembro más, el inútil de Nova cuyo valor era igual al de un insecto; sin embargo, sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando el cuerpo de Erina se impactó en otro más, levantando una pequeña nube de polvo debido a la fuerza de la colisión. El brutal poder que desprendía el cuerpo de la mujer y parecía querer destrozarla era impresionante, sólo en una ocasión pudo ser testigo de aquella fuerza devastadora que estuvo a punto de acabar con su vida… muchos siglos atrás… después de que Lucifer le impidiera a su hijo mayor el dulce consuelo de la venganza. En ese tiempo pudo ser testigo del verdadero poder su hermano mayor… y tuvo miedo, por primera vez en su existencia, le temió a alguien más que a su propio padre…

… y ahora aquel terrible poder había sido heredado por la mayor de las princesas, aquel poder que pensó perdido después de ver cómo se marchitaba la existencia de su hermano y su energía se consumía hasta el límite. Finalmente era testigo una vez más de aquel poder. Por instinto, dio un paso hacia adelante tal como aquella vez, transportándose en el tiempo y observando el mismo escenario, Memphis arrodillado y encadenado al suelo, sujetado por Alekssandre y él, su padre parado al pie de su trono con el báculo apuntando hacia la desfigurada forma de su primogénito, tratando de someter aquella oscura energía que salía como latigazos de su cuerpo, destruyendo todo el recinto. Casi podía revivir el ardor que le provocaron las cadenas cuando se resbalaron de sus manos, los gritos desgarradores y bestiales. Sólo la fuerza combinada de Shurik, Lucifer y la suya pudieron lograr someterlo y confinarlo en su celda personal. ¿Acaso se repetiría la historia? Casi sin darse cuenta, unas gruesas cadenas de ópalo se materializaron en sus manos, retorciéndose como si tuvieran vida propia, ansiosas por encerrarse alrededor de aquella fuente de energía.

Con el mismo recuerdo, Miros observaba la escena, humedeciéndose los labios ante la avaricia que le secaba la boca. Afortunadamente, se encontraba lejos del rango de alcance de las cuchillas por lo que la más próxima a él yacía clavada y brillando en tono carmesí a unos dos pasos lejos de él. Su mirada violeta con ribetes plateados seguía las ondas oscilantes de energía que parecía querer consumir toda la arena que les rodeaba, dispuesto a esquivar el próximo ataque. Tal como antes, su interés se vio enfocado en descubrir la fuente de aquella maravillosa energía que parecía rodear de misterios la casa de Pereza; sin embargo, esta vez estaba dividido entre la preocupación por su sobrina, su familia y la fascinación de esa enigmática “joya”, por lo que su cuerpo parecía petrificado en medio de la acción sin saber cómo proceder ante la situación. Sus ojos se desplazaron hacia su padre quien veía con un rostro inescrutable la escena que se desenvolvía a escasos pasos de él, esperando su siguiente movimiento. Por instinto, como reacción ante un posible ataque sus alas se materializaron en su espalda en posición de defensa, cubriendo su cuerpo y el de su familia. La situación era tan impredecible que no podía asegurar lo que podría pasar, veía a Memphis y a Nova esforzándose por tranquilizar a Erina, desviarla de su objetivo principal con infructuosos resultados.

- Tsk… - la preocupación por su comandante creció cuando vio su cuerpo cubierto de espinas, sólo esperaba que la nueva energía que Pereza le aportaba fuera suficiente para hacerlo inmune ante el daño que su pareja le pudiera causar. Intentó dar un paso hacia adelante pero una nueva oleada de espinas, esta vez más grandes cual cuchillas perforaron el viento y se lanzaron sobre todos. De nuevo, se encontraba fuera del rango de ataque por un milímetro, por lo que ni fue necesaria ninguna maniobra de esquive. Sus ojos deslizaron por toda la arena para cerciorarse que los daños no fueran mayores al mismo tiempo que intentaba ignorar la sequedad de su garganta por la magnitud del poder. Años de entrenamiento le habían enseñado a controlar su eterno sed e ignorarla para mantener la cabeza en el juego. A unos pasos de su padre ya se encontraba Jared con la cadena de ópalo contorsionándose en su mano, dispuesta a salir disparada ante la señal de Lucifer. Quiso seguir inspeccionando al resto de los presentes, cuando el golpe seco de un cuerpo estrellándose con otro, atrajo su atención.

Memphis había perdido la esperanza de que algo de cordura pudiera penetrara la mente de su hija. Conocía de primera mano que cuando aquella fuerza incontrolable se apoderaba de la mente y del cuerpo no había poder demoniaco ni divino que lo estabilizara. Era brutal y salvaje, se perdía toda consciencia del ser, sólo había unas ansias tremendas de destrucción y caos. Cuando el cuerpo de Erina se cubrió de espinas, algunas traspasaron sus manos y se fundieron con su sangre, permitiéndole un breve vistazo a los tormentosos escenarios que se presentaban en la mente de la princesa. Incoherentes para él, desorganizados y enredados que solo lo confundieron aún más. Sentía que su propio control se estaba desmoronando, sus milenios de meditación poco a poco se mermaba con el cansancio, la preocupación y la desolación por la desgracia que parecía no querer soltar a su familia. Las palabras de su segunda hija aún le martilleaban en la cabeza y por breves instante sus cansados y nublados ojos se deslizaban hacia la pequeña figura detrás de Lucifer.

- Nova, sujétala – ordenó al comandante quien estaba luchando por retener el cuerpo de la menor entre todas esas espinas que también se habían incrustado en su cuerpo – Látigo – aclaró en un resoplido, cuando la energía lo aventó lejos a los pies de alguien que no reconoció. Con cansancio, se intentó incorporar pero sus piernas le fallaban y su visión comenzaba a opacarse, percibiendo que la oscuridad se cernía en las esquinas de su visión. “Ahora no” pensó con desesperación, intentando mantener la consciencia y no sucumbir al sueño reparador que su cuerpo necesitaba en aquel momento. Luchando contra su propia naturaleza, se volvió a incorporar, percatándose de que, al igual que la capa de su hija, la suya se había hecho jirones con la oleada de espinas que salían disparadas en todas direcciones, dejando al descubierto su vestimenta ligera tipo árabe. Sin lamentarse, se deshizo del resto de la tele que le estorbaba y materializó su flauta de tono dulce entre sus dedos, dispuesto a sumergir a su hija en un sueño profundo; sin embargo, no pudo concretar su plan cuando la mujer embistió a la primera persona que vio. Deseando contenerla y evitar más tragedias, Memphis obstruyó su paso y la rodeó con sus brazos, recibiendo el impacto en seco de toda la energía colosal.

- Maldición – la pareja de Erina, luchó por ponerse de pie e invocar su látigo pero sus brazos estaba paralizados por las cuchillas y su tobillo se había fracturado cuando la energía lo aventó lejos de su pareja. Sin rendirse, sacó sus alas y se intentó impulsar con éstas hasta que observó que los cuerpos de padre e hija chocaban como dos meteoritos. Todo se detuvo por un instante hasta que la pequeña nube de polvo se hubo disipado, dando lugar a un padre que intentaba sin frutos a su hija.

- Erina… todo está bien – las palabras abandonaban los labios de Memphis sin ser consciente de éstas. Un vistazo al rostro le bastó para comprender la falta de reacción. El león que tan bellamente había adornado el rostro de su hija ahora se encontraba perdido, como si se hubiera esfumado sin dejar rastro atrás. La conexión que los unía como padre e hija se había perdido, así como Derek se había perdido al negarse modificar el león, así como Rea se había perdido al someterse a la voluntad de Lucifer. Ya no existía su familia, todo se lo había llevado aquel ser que se encontraba parado detrás de él con una expresión llena de frialdad y sin misericordia – Mierda… - maldijo entre dientes, ansiando más que nunca poder entregarse por completo a su propia naturaleza y dejar que todo se vaya al caño mientras él duerme, pero persistiendo debido a la esperanza de que algún día en su larga vida pudiera obtener la paz que él tanto anhelaba para su familia. Sumergido entre sus pensamientos y desesperándose debido a la oscura cadena que colgaba de la mano de Orgullo, intentó envolver el cuerpo de su hija más grande con la superficie de la dimensión de los sueños, deseando trasladarse a ese mundo para poder controlarla mejor; sin embargo, el escudo que su padre mantenía en el coliseo le impedía un despliegue total de su poder que consistía en la transportación hacia el otro mundo. Inclusive ni en eso le daba su padre un respiro.

- Alekssandre, Jared… encárguense – y así como aquel día en el que su padre lo condenó a un encierro de siglos, esta vez condenando a su amada hija a compadecer de la misma manera que él – Enciérrenla

No lo permitiría, no podía permitir que le pusieran un dedo encima. Gruñendo, dejó de sujetar a su hija para encarar a la persona que se pusiera frente a ella, desesperado por encontrar una salida, alguna brecha por la cual pudieran escapar aunque Erina no facilitara aquella misión. Mientras tanto Nova, envío una bola de fuego negro a Jared quien simplemente la esquivo y devolvió el ataque con un rayo que se clavó en su hombro, perforándolo.

- Quédate quieto insecto – se dirigió con desdén mientras renovaba su caminata hacia Cyril, ese no era el momento para saldar antiguas cuentas.

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41 Re: Saigo no Tenshi (Rol) on Sat Jul 18, 2015 9:58 pm

Freya

Miró confundida a su esposo. ¿Acaso nunca había visto a alguien como ellos? Era viejo, mayor que ellos, podía verlo en sus ojos. Se preguntó sis ería algún primo desterrado, o algo similar, pero la situación parecía delicada, y lo mejor era actuar con prudencia y sobre todo mantener a este extraño lejos de su abuelo. Sabía que Kael estaba ansioso, y a través de la marca trato de mostrarle las imágenes de lo ocurrido, especialmente la batalla con su prima, para darle a entender que a pesar de sus heridas estaba sana al igual que su primogénito.

Con sumo cuidado saco sus alas, negras como carbón, y con un gesto pidió a Kael que la imitara, y así lo hizo. Sus alas, grandes y de un vibrante blanco siempre le habían parecido hermosas.

—Kael, es un ángel, habitante del cielo y heredero de Virtud. Yo, en cambio, soy una demoniza, línea directa del señor del Infierno, este Valle está bajo nuestro control y nuestra protección… Nosotros somos el origen de tu especie-—Susurró señalando a los niños que corrían en las casas cercanas— Aunque nunca había visto alas como las tuyas está claro que tú eres lo que a nosotros nos gusta llamar un “Hijo de Ambos Mundos”, tratamos de borrar el término híbrido del lenguaje popular…pero a fin de cuentas eso es lo que tus alas nos demuestran que eres. Tus padres debieron ser, como Kael y yo, un ángel y un demonio.

—Este Valle es un lugar seguro para todos aquellos que buscan un hogar lejos de nuestros reinos, donde el amor entre nuestras razas no está prohibido, y en realidad si pones atención, todos los niños y bebés de nuestro Valle son iguales a ti—Dijo con una sonrisa dulce, tratando de que el hombre no se sintiera amenzado mientras asimilaba está información— Es…extraño que nunca hayas visto a alguien como nosotros, pero sí decides unirte a tu gente, este Valle es el único lugar 100% libre de la influencia de los reinos originales, yo misma te garantizo que siempre que vengas aquí estarás en casa.

Los otros

Feyrir estaba tenso, le dolían los hombros, sin mencionar el dolor que venía de su miembro erecto y expectante que latía dentro de sus pantalones. Quería ayudar a Memphis, realmente lo deseaba. Pero su familia se desmoronaba por su propia culpa. El egoísmo debía tomar parte en su vida ahora que su padre había regresado. No podía arriesgar a su familia aún más por la falta de organización de su hermano, estaba tan ocupado sufriendo por sus hijas que ni siquiera recordaba al menor de sus hijos.

Sintió mucha lástima por su hermano, y se aferró a Yami, tratando de bloquear toda esa terrible energía que lo boligaba a sudar la gota gorda. Pensó en sus hijos, si estaban ahí afuera. Pensó en ser al fin alguien para ellos, y usarlos para su propio beneficio. Tal vez la idea no fuera la mejor, para Yami por ejemplo, pero alguien debía cuidar de ellos y dominar al batallón ahora que su cuerpo jadeante y caliente le llamaría a cumplir el objetivo original de la Lujuria, quemarlo todo, arrasar con cada demonio, demoniza, híbrido, lo que pasara por su cama mientras estuviera dispuesto a dejarse follar por él. La influencia de su padre era terrible y dolorosa…deseaba que en el fondo pudiera cumplir sus obligaciones sin destruir a su familia en el proceso.

Rea en cambio si pensaba en su hermano, su padre podía ignorarla todo lo que deseara, no había intentado detenerla, ni siquiera había dicho palabra alguna, de haberlo hecho ella habría vuelto a sus brazos de inmediato, pues lo amaba profundamente. Pero su silencio le rompió el corazón y avivo la llama del odio que nacía en su pequeño pecho. Se puso la capa y cubrió su rostro y sus rizos de fuego con la capucha, cansada de ver a su padre sacrificar su vida por su hermana, pero no hacer el menor esfuerzo por ella. Apretó los puños, tratando de contener el llanto que le quemaba los ojos.

—Abuelo? — Susurró con la voz hecha un hilo y sin levantar la cabeza de su reverencia— Podría…por favor enviar a mi hermano con mi padre? Es…Es pequeño y débil… tal vez cuando sea mayor…podría entrenar conmigo…pero…por favor, prometo que no volveré a pedirle nada, abuelo.

Abuelo, aquella palabra sonaba extraña en los oídos de todos, aquel hombre cruel parecía todo menos un abuelo.

Rose estaba al borde de un ataque, Irune había logrado defenderlas de las espinas, pero continuaba débil y algo confundida.

Su madre tampoco estaba bien, el cuello le quemaba, los ojos le ardían y el brazo había comenzado a arderle con el calor propio de una fractura. Jared no las ayudaría, pero deseaba que su suegro al fin los dejará ir para al menos poder llorar en silencio en su propia casa. Jared no la dejaría buscar ayuda, tendría que curarse ella sola, y no quería que nadie la viera en ese estado tan deplorable.
Pero Cyril… Erina? Estaba fuera de control, ni Nova ni Memphis podían controlarla, la encerrarían como a su padre hace tantos años atrás. Y Nova la defendería y Jared lo mataría…

—Puedo ponerla a dormir! Igual que lo hice con Miros hace años— Dijo de pronto, ignorando sus heridas y parándose entre Nova y Jared antes de que este desquitara su sorna en este. — Memphis…ha tenido un mal día, mi canto es primitivo pero la pondrá a dormir…luego pueden meterla donde quieran… Mi señor? —Susurró mirando a Jared y a su suegro, esperando ser de ayuda, si había puesto a dormir aun General, Erina sería pan comido.

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42 Re: Saigo no Tenshi (Rol) on Tue Jul 21, 2015 6:19 pm

Yuna/Loki/Cyril/Aleksandre (en ese orden XD)


Yuna no entendió lo que ocurría hasta que la nube de polvo se dispersó y pudo ver a Erina forcejear con Memphis. La chica pateaba, lanzaba golpes aleatorios y mostraba los dientes afilados en un gruñido mudo, similar a un animal salvaje fuera de control.
Un escalofrío recorrió su cuerpo ante los acontecimientos ¿en qué momento sucedió todo? Con un grito ahogado, el cuerpo de la pelirroja se llenó de picos rojos, similar a un pez globo, ausente al dolor de la sangre perforar sus órganos desde el interior para formar esa especie de escudo, perforando a su paso el cuerpo de su padre, en busca de un escape. Su cuerpo tembló, los picos ahora delgados y más largos aún perforaban todo a su paso.
Yuna desvió su mirada unos instantes, necesitaban una salida, tenía que sacar a su familia de ahí. Retrocedió unos pasos en dirección al campo que los rodeaba antes de que un agudo dolor en su vientre le tumbara.
—¡Mamá!—
Loki detuvo su caída, ahora hincado a su lado en el piso de tierra.
—¿Estás bien? ¿estás herida?—
El miedo en la voz de su hijo la obligó a alzar la vista. Esto era ridículo, era su papel el cuidar de Loki, asegurarle que todo saldría bien. Tragó el nudo en su garganta, aun de rodillas en el suelo mientras el dolor disminuía.
–No te preocupes, no es nada.—
Respiraba con dificultad, tenía que calmarse, por el bien del pequeño en su vientre, debía relajarse.

Inquieto, el hibrido trato de ver si su mamá le mentía, siempre le era difícil saber cuándo ocultaba algo, a pesar de su dulzura y cálida sonrisa, Yuna era indescifrable. Rodeo sus hombros y le ayudo a ponerse de pie, ahí en el suelo se encontraban demasiado vulnerables, si Cyril conseguía liberarse de su tío…
Una parte de él deseaba ayudar a detenerla, pero la otra no quería alejarse de sus padres. Su madre dejó escapar un pequeño gemido de dolor, Loki notó que la escarcha que solía cubrir a piel de su madre formaba ahora una fina capa de hielo que se quebraba con cada uno de sus movimientos.
Separó sus labios, no había notado lo seca que tenía la garganta, temía preguntar qué ocurría. “aun no, pequeño, por favor… aun no.” Le escuchó murmurar con la respiración cortada. El hibrido agitado observó el abultado vientre de su madre y después buscó a Miros con la mirada. Quería ser valiente, pero se sentía como un chiquillo.

El desagradable ruido de algo romperse, un grito ahogado y la pelirroja libre una vez más. La demoniza fuera de control logró soltarse de alguna forma, suspendida en el aire tras lo que al parecer fue un gran salto, impulsada por sus alas de hueso, ahora se dejaba caer en picado contra la pareja de Orgullo.
Dorado, rojo, sangre, esa era su visión, la locura y la ira danzaban en su interior, llenaban su mente con un collage de imágenes dolorosas. Su vida de prisionera en el cielo, escuchaba las dulcemente venenosas palabras de Mikaell, todos los maltratos que le llevaron a la muerte para después verse obligada a nacer en la forma de un ángel. La desesperación de no poder unirse a su padre en el infierno acompañado de la angustia de no ser un demonio lo suficientemente fuerte para ocupar su lugar legítimo de heredera. La desesperanza al perder a su hermoso león y a Nova. Nova. Su locura le permitió vero durante un instante, ahí frente a ella, junto a Rose. Si, él aun amaba a Rose, esa era la única explicación.
Movida por la rabia renovada, se impulsó contra la mujer a una velocidad vertiginosa. Estiró sus brazos en dirección del vulnerable cuerpo de la pareja de Orgullo, quería despedazarla, rasgar esa perfecta piel, quebrar sus huesos hasta hacerlos polvo, arrancar el corazón que latía dentro de su pecho.
Unos milímetros antes de que una fuerza la estrellara contra el campo que los rodeaba a todos. Cual gato, giró en el aire al caer, aterrizando apenas de pie con un crujido seco.
Era difícil saber hacia dónde miraba con sus ojos de oro sólido, Aleksandre estaba casi seguro que era en su dirección.

Su atención estaba en Nine cuando escuchó a conmoción, ni siquiera se molestó por responderle, la fuerte energía de furia robó esta en dirección al campo. Durante un instante, temió lo peor, se sentía tan similar a… Al asomarse por el borde del palco vio a Erina perder el control, igual a Memphis, hacía tantos años atrás cuando su comandante y pareja de su hermano, Kaia, fue supuestamente asesinada. Aleksandre sintió el entusiasmo recorrer su cuerpo, similar a un hormigueo. Aun recordaba ese enfrentamiento con el mayor, entre su padre, Jared y él apenas pudieron someter a Pereza. Fue una batalla agotadora y peligrosa, si se hubiera distraído un segundo, su hermano le habría matado, a cualquiera de ellos, estaba seguro.
Relamió sus labios, el poder de Ira se alimentaba de la furia ciega, entre más fuerte y fuera de control mejor. Esa fue una de las razones por las que pudo someter a Memphis al final, mientras el mayor se cansaba, él se hacía más fuerte por su descontrol.
—Nine, no te metas, esto se pondrá feo.—
Debía permanecer serio, pero el saber que le esperaba una batalla difícil llenaba su ser de emoción. Sin dirigirle una sola mirada al rubio, sacó sus alas y se lanzó contra el campo que cubría la arena. Sabía que no tendría problema en cruzar, su padre necesitaba de su ayuda y Shurik con gusto haría una demostración de su poder. Era hora de mostrarle que a diferencia de sus hermanos, él no era un enclenque, se había mantenido fuerte.
Sin disminuir su velocidad, se lanzó contra su sobrina, atinando una patada firme en su costado, lanzándola con la suficiente fuerza para que estrellara con el campo del lado opuesto.
—Es hora de que los críos se vayan adormir, Cyril.—
Una cadena igual a la que mantenía Jared firmemente agarrada apareció en las manos del general de Ira.
—Bienvenida a las ligas mayores sobrina.—
Murmuro para sí antes de lanzarse contra la menor, quien recuperada de la caída corría a su encuentro haciendo flotar la sangre en nuevas agujas afiladas.

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43 Re: Saigo no Tenshi (Rol) on Tue Jul 21, 2015 10:21 pm

Los ojos violetas de Avaricia se encontraban aún fijos en el cuerpo agitado de su sobrina y los látigos de energía salvaje que brotaban de ésta. Esa energía impresionante era invisible para la mayoría quienes solo eran testigos de los estragos y destrozos que provocaba, pero para sus ojos avariciosos entrenados para detectar lo más valioso, era bastante clara e intimidante la cantidad que brotaba cual arroyo desde cualquier punto de la joven heredera. Sin ser consciente de su cuerpo, dio dos tentativos pasos hacia el punto de conflicto, sin tener en claro lo que podría o debería hacer. Por un lado, quería ayudar a su hermano a someter a la joven y así evitarle el sufrimiento que seguramente le causarían aquellas cadenas malditas por el mismo Lucifer; por otro lado deseaba que la rencilla terminara lo más pronto posible para que su padre quitara el escudo y pudiera transportar a su familia lejos de la influencia negativa de los conflictos. Ensimismado estaba en sus pensamientos, que tardó en registrar el incesante zumbido en su cabeza que le indicaba que algo no andaba bien con su pareja hasta que una pequeña corriente eléctrica proveniente del dragón en su pecho le exigió que ladeara la cabeza hacia su familia.

Sobresaltado, sus ojos aterrizaron sobre la encogida forma de su pareja quien se recargaba en su asustado hijo. Con un vuelvo del corazón, se acercó rápidamente palideciendo ante el gesto contorsionado de dolor en las bellas facciones de la mujer. Su mente se había alejado por completo de todo el conflicto en la arena, concentrándose en ese momento en su pareja y su pequeño bebé que parecía agitarse compulsivamente en su vientre. Tratando de no caer en la desesperación, le indicó a su hijo que se moviera un poco para que fuera él quien sostuviera a la mujer por los hombros, pasando un brazo alrededor de estos mientras su otra mano se posaba firmemente a la altura del ombligo en el vientre ajeno. Las yemas de sus largos dedos sintieron de inmediato el frío que despedía la fina capa de hielo que siempre reaccionaba ante las emociones de la mujer.

- ¿Estás bien? ¿Ocurre algo malo? – cuando las palabras abandonaron sus labios y le llegaron a sus oídos, se sintió estúpido. ¡Claro que ocurría algo de malo! No por nada su pareja estaría cubierta de hielo con un gesto de dolor, pero se sentía tan perdido por todo lo que estaba pasando que su mente reaccionaba de una manera lenta y aletargada. Intentó sostener todo el peso de Yuna sobre él para que hiciera ningún esfuerzo más al mismo tiempo que sus alas la cubrían ante cualquier posible ataque de Erina. Por instinto, intentó pasar un poco de energía a través de la marca y de la mano que aún sostenía el abultado estómago, pensando que pudiera activar el factor de curación en su bebé para sanar cualquier cosa que estuviera mal; sin embargo, la energía simplemente rebotaba sin causar efecto alguno en la agitación del pequeño cuerpo que evidentemente afectaba a su madre.

Poco a poco estaba siendo presa del miedo y la desesperación. Miedo de perder a su familia, miedo de perder a la mujer que se había vuelto toda su vida y su existencia. Sin ella no era nada ni nadie, con ella lo era todo. Sus ojos comenzaron a agitarse por todo el campo, tratando de buscar alguna salida o algo que pudiera ayudarles, ignorando la batalla que se estaba llevando a cabo entre sus hermanos y su sobrina. En ese momento no podía preocuparse por nada ni nadie más. Después de deslizar sus ojos por los palcos, un destello dorado captó su atención y regresó la mirada hacia ese punto luminiscente. ¡Por supuesto! Tal vez no podía llevar a su pareja a la unidad médica del infierno pero ahí mismo se encontraba parada la embarazada cabecilla de los médicos. Sin perder el tiempo, despegó la mano del vientre y la pasó por debajo de las rodillas de la mujer, cargándola en vilo con suma facilidad. Con la cabeza le indicó a Loki que lo siguiera y emprendió el vuelo hacia un sorprendido Nine quien acariciaba su propio vientre.

- Necesito tu ayuda – aterrizó dentro del palco, arrodillado con la figura de la mujer recostada sobre su regazo.

El médico, quien apenas había tenido tiempo de registrar la partida de su pareja y su férrea indicación observó con ojos abiertos a Avaricia  quien voló directamente hacia él con Yuna en sus brazos. En el instante que sus ojos azules como el cielo se fijaron en ésta, su mente de médico comenzó a ponerse en marcha olvidando su condición actual y la situación en general, únicamente concentrándose en su “paciente” del momento. Sin perder el tiempo, se aproximó a ellos en dos grandes zancadas y se arrodilló frente a Miros con algo de dificultad, posando una experta mano sobre el abultado vientre. Sus ojos, cuyas pupilas se delinearon de verde, comenzaron a escanear con rapidez el cuerpo de la mujer. Aunque la energía necesaria para su práctica médica era mínima, su avanzado embarazo le impedía tener un buen control sobre ésta por lo que las lecturas que estaba recibiendo de su técnica de escaneo eran erróneas.

- Mil mierdas – bufó con molestia al mismo tiempo que sus ojos regresaban a su estado normal – a la antigua tendrá que ser. Yuna, dime qué te duele – preguntó en voz alta sin dejar de deslizar sus manos sobre el vientre para sentir los movimientos del bebé.

Mientras tanto, en el campo de batalla, el forcejeo seguía ante los divertidos ojos de Lucifer, quien le dedicó un pequeño vistazo a la reverencia de la niña quien le pedía por el bienestar de su hermanito. Con desdén, deslizó la mirada hacia el niño quien lloraba a lágrima tendida sentado sobre el suelo y rodeado de un pequeño escudo dorado, furiosos lágrimas empañaban el regordete rostro del infante quien solo gritaba por sus padres y sus hermanas. Sus gritos eran sofocados por el rugir de la energía que se estrellaba en todas direcciones y el furioso aleteo de las impresionantes y distorsionadas alas de su hermana mayor. Dentro de la mente confundida del menor, un monstruo había comido a su amada hermana Erina y ahora atacaba a su familia para comerse a todos. Cuando sus ojos vieron el cuerpo perforado de su padre por las agujas de aquel monstruo, soltó un grito aterrador y comenzó a golpear con el puño el escudo que lo mantenía fuera del peligro. “Patético” pensó Lucifer, regresando la mirada a algo más interesante sin dignarse a responder la petición de la pequeña. A él no le interesaba el niño, para efectos de la realeza con un heredero era más que suficiente… además de que aquellos malditos ojos verdes que había heredado el infante de su padre, le molestaban más allá de la razón, no lo quería cerca de él.

Memphis, quien se encontraba arrodillado con ambas manos en el suelo, veía mesmerizado las gordas gotas de sangre que se resbalaban de los puntos donde las agujas lo habían perforado y formaban un pequeño charco entre sus brazos extendidos. De haber tenido un cuerpo mortal, estaría tendido sin vida con el cuerpo convertido en coladera. Su respiración era agitada y la oscuridad que nublaba su vista se hacía más espesa y llamativa, el entumecimiento de su cuerpo nada tenía que ver con la pérdida de sangre pero sí con el cansancio que poco a poco lo arrullaba, tentándolo a irse lejos de aquel lugar. Con poca fuerza, sacudió su cabeza y agitó las hebras rojizas que se pegaban a su frente y cuello debido al sudor, sangre y suciedad. No podía perderse, no podía dejarse vencer por su naturaleza. El león dorado cantaba con debilidad sobre su rostro, invitándolo a la inconsciencia… la tentadora inconsciencia que lo seducía con sus largos y pálidos brazos, con sus dedos que se apoyaban sobre sus párpados, con su aliento que le susurraba palabras dulces… palabras tan dulces como sus sueños… los sueños que resguardaba dentro de su preciada dimensión. La inconsciencia le estaba ganando aquella partida y a él no le importaba perder, no en ese momento… no cuando se sentía derrotado… sus párpados comenzaron a caer sobre sus pestañas y sus brazos estuvieron a punto de ceder sobre su peso, cuando unos chillidos agudos le llegaron a sus oídos. Con la poca fuerza que le quedaba, giró la cabeza con lentitud y su mirada, detrás de los mechones rojizos, observaron a su pequeño hijo a unos pocos pasos de él.

- ¡Papá! – gritaba el niño entre sollozos e hipidos, con su rostro cubierto de lágrimas y mocos al mismo tiempo que pequeñas gotas de sangre comenzaban a brotar de la piel rota de sus nudillos por golpear el escudo.

-… Orión – como si las fuerzas hubieran retornado a él en un relampagueo, sus ojos se abrieron de par en par y su mirada se esclareció, sometiendo a la oscuridad a los rincones de su mente. El terror en esos hermosos ojos verdes de su hijo, rodeados de rojo por el incesante llanto e hinchados por la cantidad de lágrimas derramadas, lo sacudió. Con renovadas fuerzas, se levantó tambaleante y se acercó a él, escuchando como ruido de fondo la pelea que se desarrollaba a sus espaldas – Todo está bien, no pasa nada – susurró cuando llegó frente a él, dejándose caer y poniendo ambas manos en el escudo. Con una sonrisa dulce se percató del brillo de una simple ala en el pecho del menor… Leviatán lo estaba protegiendo con todo lo que tenía – Duerme mi pequeño – volvió a susurrar esta vez con aquella voz suave y etérea que tantas veces había arrullado a su bebé. Pronto el llanto se redujo a sollozos e hipos que se escapaban de Orión sin control hasta cesar por completo en el instante que sus espesas pestañas cayeron sobre sus ojos. Sin dejar de sonreír, apoyó un pie sobre la arena y se impulsó de lado, impactando su cuerpo en un desprevenido Lucifer quien disfrutaba de la pelea que se desempeñaba frente a él.

El señor del infierno gruñó con furia cuando el pesado cuerpo de su hijo se impactó en un costado. Sin perder el tiempo, Memphis tomó la muñeca de Rea quien se resguardaba detrás de su abuelo y la acercó a él, abrazándola contra su pecho con una sola mano. Afortunadamente para él, Lucifer se movió por instinto para quitárselo de encima, lo que le permitió caer de manera limpia al suelo con su hija bien resguardada cerca de su ropa rota y ensangrentada.

- Titán – susurró al instante que otra simple ala se iluminó en el pecho de la peli rojiza y la rodeó de inmediato con una burbuja flexible dorada que se amoldó al pequeño. Tal vez no pueda arrancarla por completo de las garras de Lucifer, pero vaya que pelearía por cada uno de sus hijos…. Por todos ellos. Sabía que un buen castigo le esperaba por parte de su padre, pero no le podía importar menos. Ignorando la imponente figura que se cernía sobre él y sobre su pequeña, buscó con la mirada a Erina y después la deslizó hacia Rose  - ¡Hazlo! – gritó lamentándose por su debilidad. Si hubiera estado en óptimas condiciones, hubiera podido someter a su hija e impedirle tal sufrimiento, la hubiera podido ocultar en el mundo de los sueños hasta que su padre encontrara otra manera de entretenimiento. Pero aquel no era el caso y tendría que recurrir a la ayuda de Rose para dormir a su hija y así evitar que usarán las malditas cadenas contra ella, las cuales habían sido forjadas por el mismo Lucifer para causar un terrible dolor. Prefería que su hija cayera dormida que sufriendo por sus sádicos hermanos.

Mientras la canción surtía efecto, intentó incorporarse aún con Rea sujeta a su pecho, para desaparecer con toda su familia en el momento exacto. Sin esperar a que se llevaran a Erina, aunque tuviera que enfrentarse a sus dos hermanos. Dio un vistazo hacia la dormida figura de Orión y esperó que Leviatán hiciera todo lo posible para mantenerlo dormido y evitarle el trauma de los enfrentamientos. Concentrado estaba con la planeación del rescate de sus hijos, que no se percató de la peligrosa cercanía de Lucifer.

- Eres un inútil – el ácido aliento de su padre lo golpeó directamente en un costado del rostro, exactamente donde el león dormía. Con un sonido estrangulado de dolor, el cuerpo de Memphis fue levantado con facilidad por su padre quien lo sujetaba desde atrás por la barbilla. La espalda del General se apoyaba con pesadez sobre el pecho del mayor, quien no parecía derramar ninguna gota de sudor por levantar con una mano a su hijo – No puedes hacer nada por tu familia… eres un desperdicio – aunque las palabras crueles del mayor estaban destinadas a torturar a su presa, ésta estaba tan acostumbrada que no le ponía ningún ápice de atención.

El cuerpo del General se removía con lentitud para liberarse del agarra de su padre, quien le drenaba su energía de poco a poco.

- Vas a ver cómo encierro a tu hija y te robo a la otra, vas a ver como torturo a cada persona querida para ti – siguió tirando su veneno para tratar de dar en el clavo a la parte más sensible de su hijo al mismo tiempo que sus dedos se transformaban en garras y se enterraban en la piel de su barbilla. Debido a la falta de fuerza, Memphis no pudo seguir sosteniendo a su hija, dejándola ir con el escudo de Titán aún rodeándola. Con poco esfuerzo, Lucifer le obligó a ver impotente el encuentro en Erina y sus hermanos.

Nova, quien estaba preparado para comenzar una batalla con Jared, paró en seco cuando la alada figura de su pareja se dirigió en picada hacia Rose. Por instinto, quiso detenerla con el látigo pero las espinas que la rodeaban con su escudo le impidieron enredarse en su cuerpo y la fractura de su tobillo, que sanaba lentamente, alentaban sus movimientos. Sus alas se afilaron y lo levantaron una vez más dispuesto a arrojarse sobre el cuerpo de Cyril sin importar las consecuencias, intentando desviarla de su rumbo principal. Sin embargo, Irune, quien había visto la clara amenaza hacia su madre le impidió el paso a su prima. Nova se percató de que la fuerza que usó para arrojar a la otra princesa lejos, había sido demasiado para el cuerpo herido de Irune, quien cayó arrodillada de nuevo al suelo con sus ojos fijos en su padre con sorpresa y decepción. La electricidad rodeaba el cuerpo de la gemela, como si de un corto circuito se tratase ante el último despliegue de su fuerza restante.

Mientras tanto, Jared se había unido a la batalla sin importarle el estado de su pareja y su hija. Su excitada mirada se encontraba fija en el prospecto de una batalla para demostrar a todos su verdadera fuerza. Su sonrisa casi igualaba a la de Shurik, los dos ejecutores que antiguamente se encargaban de la disciplina en todo el infierno estaban de regreso. Ni siquiera le respondió a Rose ante su petición de ayudar ¿qué podría hacer? Pareciese que el regreso de su padre había borrado algunos recuerdos del verdadero poder de la mujer, regresando a esa época donde la tenía encerrada e ignorando deliberadamente la fuerza de la gemela. La única solución ante el despliegue de Erina era la fuerza bruta, un castigo adecuado para la intensidad de su falta. Sin prestar atención al grito desesperado de Memphis hacia Rose, se lanzó hacia el cuerpo de Cyril sin intimidarse ante esas imponente alas. Blandió una vez la cadena y la rodeó de electricidad, arrojándola directamente hacia su oponente. Jared era un combatiente de armas y energía, el enfrentamiento cuerpo a cuerpo no era su fuerte, por lo que la mayoría del trabajo que implicara un combate a puño limpio se lo dejaba a Shurik.

- A ver si duras más que tu padre – susurró bajó el aliento, sonriendo con sorna y prepotencia mientras sus alas se alzaban orgullosas detrás de su espalda y su cabello rubio se erizaba en electricidad.

Dante

“Padres” ese era un tema sensible para él. Lo único sabía de sus padres era que estaban muertos… borrados de la existencia desde hacía un tiempo. No sabía sus nombres, no tenía ningún recuerdo de sus rostros… ni siquiera podía saber quién de los era el ángel y quien el demonio. Lo único que sabía era que ya no estaban con él. Sin embargo, no estaba solo, tenía a Gawen y a las bestias que siempre cuidaban de él y se acurrucaban a su lado cuando se sentía emotivo. No necesitaba a sus padres… o al menos eso creía. Con algo más de confianza se acercó con pasos tentativos hacia los otros dos sin dejar de restregarse la mejilla. Desde la aparición de la bella mujer un extraño cosquilleo se había instalado en ese específico punto de su rostro.

Sus ojos grises se deslizaron entre cada bella pluma que adornaba las espaldas de ambos seres. La blancura del ángel era igual a la suya, impecable y esponjosa ninguna sola pluma fuera de lugar; sin embargo, lo que más le llamó la atención fueron las negras que se extendían orgullosas en la espalda de Freya. Grandes y hermosas, de un negro sedoso aunque carecían de otros colores como las suyas. Después de unos minutos y percatándose de que había estado observando a la mujer más tiempo de lo permitido, desvió su mirada hacia un punto brilloso en el brazo de ésta.

- Esa marca… ¿es un tatuaje? - sabía lo básico de la cultura humana y tenía el conocimiento de que en ciertas tribus o sociedades estaba acostumbrados a dibujar extrañas figuras en sus pieles de manera permanente… tatuajes le decían – Como la de los humanos

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44 Re: Saigo no Tenshi (Rol) on Tue Jul 21, 2015 11:06 pm

Freya

No la incomodaba su Mirada, aunque no podía decir lo mismo de Kael ella estaba acostumbrada a que la gente la mirara. Aunque traba de ser modesta sabía que era muy hermosa, y eso se lo debía tanto a sus padres como a su abuelo, por desgracia. Y nunc mostro ninguna señal de desagrado, especialmente cuando el otro se acercó más. Lo que menos quería ahora era asustarlo.

— ¿Te refieres a esto? —

Dijo pasando detrás de su espalda su gruesa trenza y bajando su tersa blusa desnudando su blanco cuello y su brazo.

—Los demonios pertenecemos a una familia, y todas las familias tienen algún tipo de marca que heredan a sus hijos e hijas. Aunque muchas tienen tanta utilidad como un tatuaje algunas otras pertenecen a familias tan antiguas que vienen con algunas…capacidades particulares. Todo aquel que sea marcado, una pareja, un hijo, incluso un amigo, es parte de una familia— Explicó suavemente mientras regresaba su ropa a su apropiado lugar y sacudía suavemente su cabello, levantando un dulce aroma a flores.

—Es un sistema un poco… primitivo, pero funciona bien, y en lo personal me parece muy estético— Guardó sus alas mientras regresaba su cabello a su postura original, se sentía un poco mareada, pero deseaba ser la mejor anfitriona posible para alguien tan confundido. —

Otros XD

Rose había comenzado a cantar pero de poco había servido, con un poco de suerte pondría a dormir no sólo a Cyril, también a Jared antes de que le hiciera verdadero daño. Su voz tembló por un segundo cuando Irune salió despedida luego de tratar de protegerla, era una buena hija, y a pesar de sus heridas se puso de nuevo en pie y se paró cerca de su madre, tambaleante pero determinada.

La voz de Rose, salvaje y primitiva a pesar del dolor en que estaba sumida, llenaba la atmosfera de aquel estupor típico de quienes poseen ese valioso poder y aprenden a usarlo desde la infancia. Feyrir agradeció que este calmo sus ansias considerablemente, y le dio un beso a Eneritz en la frente cuando está cayó dormida ante la canción de Rose.
Rea estaba confundida, a pesar de todo su padre había intentado llevársela lejos, y el dulce abrazo y el aroma tan familiar que sintió junto a él la obligaron a titubear antes de caer al suelo y abrazar a su hermano para protegerlo de la caída, aunque continuaba dormido y protegido no deseaba arriesgarse a que sufriera daño alguno. Sin embargo sentía tanto sueño, sus ojos amenazaban con cerrarse mientras ella luchaba contra su propia naturaleza.

Aki estaba frente a su papá, protegiéndolo con su cuerpo, pero comenzaba a sentirse aletargado y débil, acercándose más y más a sus padres en busca de apoyo.

“Sólo duerme Cyril, por favor” Pensaba Rose. No tenía suficiente energía para dormirlos a todos, y jamás podría dormir a Lucifer, pero mientras pudiera adormecer a Cyril y a Jared, a sus hermanos… a todos, todo estaría bien. Aunque temía quedarse a solas con Lucifer era preferible a ver como su familia derramaba su misma sangre sobre la roca fría de la arena.

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45 Re: Saigo no Tenshi (Rol) on Thu Jul 30, 2015 8:53 pm

Cuando el hermoso canto se elevó por sobre los ruidos de batalla y comenzó a colarse entre los rincones más oscuros de su mente, el cuerpo de Memphis perdió fuerza reduciendo el movimiento de sus extremidades a pequeños espasmos, ocasionando que las puntas de sus pies descalzos removieran la grava del suelo con debilidad. Su padre, quien había afianzado el agarre en su cuello, sintió que el cuerpo de Memphis sucumbía a la naturaleza de Pereza y perdía la voluntad de seguir luchando, dejándose manejar como una muñeca sin vida. Lucifer sonrío con sorna y deslizó la punta de su nariz en la temple de su hijo dos veces hasta apoyar los labios sobre la piel sudorosa y pálida de éste. Un gesto casi cariñoso si no fuera por la cruel retahíla de palabras venenosas que eran susurradas contra su piel. En cada sílaba, Memphis podía sentir el lascivo rozar de los carnosos labios de su padre, violando lo más sagrado de su mente y llenando de odio e inseguridad su corazón. A través de la nebulosa que insistía en reclamar su mirada, podía ser testigo de la batalla que aún se llevaba a cabo frente a él, imperturbable e ignorante de su propia precaria situación. Con un débil gemido de animal herido, junto lo que restaba de sus fuerzas y provocó que su cuerpo se sacudiera en un agresivo espasmo, en un claro intento por alejar el cuerpo y las palabras de su agresor. Su cabeza daba vueltas, su mundo giraba de derecha a izquierda mientras que el nudo de su estómago se apretaba cada vez más cuando su hija recibía un nuevo golpe por parte de sus tíos. ¿Es que acaso no podía hacer nada para ayudar a su familia? ¿Es que acaso la casa de Pereza estaba destinada a la destrucción? Las palabras viles de su progenitor serpenteaban por su abusada psique y la penetraban con cólera para anidar en la oscuridad que le rodeaba. Por el rabillo de uno de sus ojos podía ver las figuras adormecidas y encogidas de sus dos hijos más pequeños, a escasos pasos de Lucifer. Ambos cuerpos estaban protegidos ¿pero hasta cuándo lo estarían? Leviatán y Titán no podían hacer nada ante la impecable y brutal fuerza del Señor del Infierno, quien amenazaba con arrancarle a Rea de sus brazos y destrozar a Orión con sus propias manos. ¿Hasta cuándo su padre se aburriría de torturarle y dejaría a su familia tranquila? Por instinto, sus dedos se retorcieron en el aire en dirección hacia sus niños, deseando que sus extremidades se volvieran de goma para acariciar, aunque fuera una vez más, sus sedosos cabellos.

- Si tengo que darte crédito de algo… - la voz de Lucifer volvió a resonar, sin apartar los labios de su temple – Es por tu determinación – aquellas palabras hubieran pasado desapercibidas como las tantas otras que le había susurrado con antelación, si no hubiera sido por los dedos que se enredaban en la muñeca que había extendido hacia sus hijos y le doblaban dolorosamente el brazo hacia atrás de su espalda – Eres un patético General de Pereza – la punzada de dolor en los tendones abusados de su hombre se sumó a la interminable lista de heridas que aún perforaban su cuerpo. El sonido de la batalla y del canto se fue apagando por completo mientras el acelerado latir de su corazón le llegaba hasta los oídos en un descarga de adrenalina, opacando por completo cualquier ruido del exterior. Hasta ese momento, Memphis fue dolorosamente consciente de su abusada psique, la cual coqueteaba con los lindes de la locura y la inconsciencia, indecisa hacia dónde partir. El efecto del hermoso canto de Freya había adormecido por completo su cuerpo, pero su mente seguía aún despierta y en alerta para ser testigo de la tortura hacia su amada hija Erina… un regalo, sin duda alguna, de su “misericordioso” padre.

Un pequeño sollozo se escapó involuntariamente de sus partidos labios mientras las emociones y el cansancio de los últimos acontecimientos, colapsaban como una avalancha sobre él. Sus vidriosos ojos esmeraldas, incapaces de derramar alguna lágrima, no se despegaban de la batalla, deseando que pronto su hija pudiera sucumbir ante el canto que ya estaba surtiendo efecto en los más jóvenes, y así poder sumergirse en los reconfortantes brazos de la inconsciencia. La sonrisa que se dibujo en los labios de Lucifer pasó desapercibida para él al perder por completo la sensibilidad de su piel y el movimiento de su propio cuerpo.

El señor del Infierno, aún sosteniendo el cuerpo de su hijo mayor, sonrió al percatarse de los posteriores efectos que las acciones de hoy podían traer a su familia. Lazos rotos de fraternidad, nuevos enfrentamiento, nuevos rencores, nuevos potenciales títeres, nuevos juguetes. Sus ojos brillaron cuando se posaron en la delicada figura de la pareja de Orgullo, la hermosa voz que se alzaba por sobre sus cabezas hacía vibrar el escudo que rodeaba la arena, nunca había visto tanta delicadeza y poder unidos en armonía en un “recipiente” tan bello como aquella mujer. No podía decir que estaba sorprendido, pero si había una pizca de perplejidad ante aquella enigmática técnica que estaba sumergiendo a la mayoría en un soporoso ensueño entretejido en la energía de Lujuria que claramente emanaba de la castaña demoniza. Orgullo y Lujuria, una peligrosa pero deliciosa mezcla de energía que podían armonizar si se le sometían al “entrenamiento” adecuado. Sus ojos centellearon de picardía cuando se deslizaron hacia la pareja de su hijo Feyrir quien parecía estar sucumbiendo al ensueño con su hija en brazos. Lo más excitante de su plan, era que tenía a dos maravillosos especímenes para experimentar con la energía de Orgullo y Lujuria. Sus hijos eran unos estúpidos por no poder ver el diamante en bruto que tenían a su lado. Con los engranajes de su cabeza trabajando en un plan, regresó la mirada para ver el desenlace de la batalla sin olvidarse de remover el escudo con un pestañeo.

Yami, quien era ignorante del plan de Lucifer que lo involucraba directamente, intentó mantenerse en pie mientras afianzaba el adormecido cuerpo de su hija. Los delgados brazos de la princesa languidecían sin mucha gracia a sus costados mientras que la cabeza la mantenía apoyada en el hombro de su papá, dejando que las hermosas hebras doradas entretejidas con hilos rojizos cubrieran parte de su rostro. El estrés emocional al que había sometido su cuerpo en los últimos días, le dificultaba a Yami la lucha por mantener abiertos sus ojos. Pestañeaba con frecuencia mientras cambiaba su peso de un pie a otro para mantener su cuerpo en movimiento y su cabeza en alerta, no podía dormirse en el campo de batalla mucho menos con toda la energía y los ataques zumbando a su alrededor. Su mente encontró en qué ocuparse cuando el alto cuerpo de su hijo se tambaleó peligrosamente. Preocupado, cambió el peso de Eneritz hacia un brazo justo a tiempo para sostener con el libre a Aki por la cintura antes de que saludara el suelo de cerca. El peso agregado del joven ocasionó que sus rodillas flaquearan por un instante para después recuperar el balance, afianzando a sus dos descendientes con la fuerza que le quedaba en sus entumecidas extremidades. Por un segundo, permitió que su nariz se enterrara en los cabellos rubios de Aki para aspirar su dulce aroma, una mezcla de su propia fragancia de rosas negras y el almizcle penetrante de Feyrir. Deseaba que ese instante durara toda una vida, ese instante en el que sus dos hijos estaban seguros entre sus brazos. Seguros de los peligros a los que seguramente su abuelo los sometería.

- ¿Por qué no nos deja ir? – susurró para sí mismo con impotencia, viendo a través de ojos vidriosos, el escudo que poco a poco cedía ante el comando de Lucifer. Su corazón dio un vuelco ante la perspectiva de saberse libres en cualquier momento y poder huir a la seguridad de su hogar. Con renovadas esperanzas, sus ojos carmesíes se desplazaron por toda la arena para contar quiénes seguían conscientes y quienes habían sucumbido al sueño.

La mirada de Yami se detuvo en Nova quien parecía tener problemas para mantenerse despierto, evidentemente molesto ante la nueva energía de Pereza que corría por sus venas. Le observó levantarse varias veces, dar unos tentativos y temblorosos pasos para después caer inceremoniosamente de nuevo al suelo con sus alas languideciendo a sus costados. Su cuerpo, acostumbrado al perpetuo movimiento, comenzaba a entumirse con la conocida somnolencia que caracterizaba a todos los demonios procedentes de Pereza. Gruñendo con impotencia, el comandante intentó incorporarse de nuevo, descubriendo de buen agrado que el hueso y los tendones de su tobillo se habían regenerado con gran éxito. El león que perdía fuerza debido a la inestabilidad de Erina, cantaba débilmente al unísono con la voz de Rose, adormeciendo sus sentidos y nublándole la cabeza. Sabía que estaba presentando un patético espectáculo al tercer intento de ponerse de pie, sobre todo porque el único ruido que minaba la arena en ese momento eran los gruñidos y las palabras altisonantes de los tres demonios que seguían batallando. No podía quedarse quieto, ni menos dormido al saber que la mujer que amaba estaba siendo atacada por el hombre que por tanto tiempo odió. Su tambaleante mirada intentó enfocarse en la figura de Orgullo que parecía moverse con pesadez por el aire, perdiendo stamina en cada uno de sus ataques. Por un instante, se le ocurrió que el canto de Rose surtía un mayor efecto en Jared debido a la marca que les unía, sin embargo, Orgullo era un desgraciado obstinado y un hueso duro de roer, por lo que su cuerpo seguía aún funcional a pesar de la evidente cornisa de inconsciencia que se cernía sobre él.

Gruñendo, Nova cayó de nuevo arrodillado, luchando para mantener la cabeza en alto y no perderse ningún movimiento de la batalla con el pecho contraído en angustia y preocupación. Al principio había dudado del juicio del General de Pereza al aceptar la ayuda de Rose para dormir a Cyril, sin embargo, al ver los descarados ataques de Ira y Orgullo, entendía un poco mejor su decisión. Aunque le desagradara de sobre manera, no podía negar que salir victoriosos e ilesos de aquel escenario era imposible, sobre todo porque Lucifer aún mantenía la estricta orden de someter a Erina. No había lugar en el Infierno en el que pudieran esconderse, al menos no ahora con la inestabilidad de la muchacha. La única alternativa que tenían, era dormirla y esperar a que lo peor pasara rápidamente. Resoplando con fuerza, cayó sentado al suelo y adoptó una postura más relajada sintiendo que su cuerpo poco a poco comenzaba a apagarse a medida que la voz de Rose se colaba por sus venas. No había mucho que ahora pudiera hacer, su poder se había visto reducido drásticamente por el entumecimiento de su cuerpo y la energía de Pereza poco a poco lo comenzaba a controlar. Odiaba sentirse tan débil y desprotegido.

Kael/Dante

A diferencia de Freya, Kael tenía problemas para adaptarse al nuevo oleaje de emociones que la energía demoniaca despertaba en él. Su formación hasta antes de comprometerse con la princesa, fue la de un ángel puro y recto, un líder que en su adultez guiaría a todo su escuadrón de Caridad. Le habían enseñado a suprimir las emociones y pensar de manera lógica y organizada. Los desplantes y las muestras de afecto exagerados no estaban permitidos, los cambios de humor eran severamente castigados, y las leyes debían cumplirse al pie de la letra sin cuestionamientos. Incluso después de su compromiso y su formación en el infierno, aún vivía bajo los mandamientos de su mundo y ejercía un excelente control sobre sus emociones, pero después de la ceremonia de enlace cuando finalmente sus dos esencias se juntaron para hacerse una sola, el oleaje de nuevas emociones cayó tan fuerte sobre él que la recuperación del golpe fue dolorosa, como el tapón de una sidra que sale disparada ante la primera sacudida de efervescencia. Por lo tanto, cuando los ojos curiosos del recién llegado se posaron sobre la blanca piel de su pareja, sintió una punzada desagradable en su pecho que no pudo identificar, por lo que optó por ignorarla y almacenarla hasta que estuviera en su sala de meditación y pudiera pensar al respecto.

Mientras tanto, Dante, ignorando por completo a Kael, se acercó hacia la mujer sin considerar el espacio personal de ésta. Su vista fija en el hermoso fénix que adornaba la piel y que parecía moverse ante los rayos solares que jugaban con él. Ningún tatuaje humano era parecido a aquel. Inconscientemente, estiró la punta de sus dedos para tocar las finas líneas cuando la mujer volvió a subir su blusa y ocultó gran parte de la marca. Despertado de su ensueño, Dante dio un pequeño brinco hacia atrás murmurando sus disculpas al percatarse de la extraña cercanía que había mantenido con la mujer. Sus ojos se movieron por todos lados para evitar la mirada de Freya hasta que reconoció finalmente a Kael que mantenía una postura rígida e incómoda al lado de su pareja. Los ojos grises se deslizaron por el brazo de éste sin mucho éxito, ya que un abrigo de manga larga cubría sus extremidades superiores. Carraspeando, dio otro vistazo al cielo como si esperara que en cualquier momento apareciera Gawen perforando el viento. Sorprendido, se percató de que el sol comenzaba a ocultarse, el viaje había tardado más de lo planeado.

- … entonces… eres como una princesa… o algo así – resumió recordando un poco de lo que la mujer había contado. Sus palabras eran directas y algo burdas ya que carecía de habilidades sociales, pero sus ojos reflejaban ingenuidad y carecía del brillo malicioso de los demonios y los híbridos con más tendencias demoniacas - … y tú… ¿Eres un príncipe? – se dirigió a Kael quien lo veía con un gesto indescifrable. Por instinto, Dante adoptó una postura más solemne, plantando su espalda y percatándose de que era más alto que el ángel por unos pocos centímetros.

- No – fue la rotunda respuesta que salió igual de burda que la pregunta del peli rojo. Con un gesto de arrepentimiento, se compuso para adoptar una postura más relajada. No era justo canalizar su descontento hacia el recién llegado – Los ángeles no tenemos familias sanguíneas, nuestras almas son reflejos de los humanos que alguna vez fuimos. Por lo tanto, los puestos más altos de autoridad no se heredan sino que se ganan con esfuerzo y entrenamiento. Yo fui escogido por la actual Virtud de la Caridad para ser quien continúe con la labor de llevar el mensaje de Caridad a todos nuestros hermanos… el Cielo no es un imperio, por lo tanto no hay reyes ni gobernantes, a diferencia del Infierno – se encogió de hombros, inseguro si aquel hombre le hubiera entendido, parecía bastante ignorante de las leyes básicas del cielo y del infierno. Hasta ahora, todo ángel, demonio e híbrido que había conocido, sabían al menos que las Casas de los Pecados tenían una distintiva marca.

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46 Re: Saigo no Tenshi (Rol) on Thu Jul 30, 2015 10:39 pm

Erina resistía golpe tras golpe para después tropezar y volver a levantarse. Sus movimientos eran cada vez más erráticos, su ira se transformaba en desesperación con cada segundo que pasaba. El dolor comenzaba a filtrarse dentro de su nublada mente, su piel ardía, sus órganos internos quemaban.
Shurik aprovecho el ataque de Jared con la cadena envuelta en electricidad para cortar la distancia que le separaba de su sobrina. Sin contener su fuerza, sujetó a la chica por el cuello y azotó contra el suelo, quebrando la tierra bajo ella. Los picos que salían del cuerpo de la menor temblaron, a punto de perder su forma antes de tornarse delgados y largos, perforando el brazo parte del torso de Ira, poco le falto para sacarle un ojo.
Sin embargo no pudo evitar la cadena de ambos generales. Un espasmo sacudió su cuerpo violentamente y no pudo evitar gemir de dolor antes de volver a ponerse de pie.

Escuchaba un canto y llanto, un llanto terrible. Confundida, sus ojos dorados se clavaron en los pequeños protegidos en burbujas que ahora dormían plácidamente. Dormir. El pensamiento se le hizo irresistible. Dio unos pasos dudosos en dirección de los pequeños antes de soltar un alarido de dolor. Aleksandre había conseguido enredar la cadena cubierta con una ligera capa de ácido alrededor de su cuello y hombros, mientras que la cadena de Orgullo se afianzaba con más fuerza en su tobillo, amenazando con hacerla caer.
Su poder no tenía efecto contra las pesadas cadenas, sus picos se quebraban al contacto, volviendo a ser sangre en el piso antes de deslizarse de regreso a su cuerpo.
Y ese canto, podía sentir algo dentro de ella deseoso de entregarse a esa hermosa voz y sucumbir a su encanto.
Shurik gruño al tiempo que ajustaba la cadena, dejando marcas violáceas en la piel de la chica. En un último intento por huir, Erina remontó el vuelo y se lanzó con dirección al escudo que los rodeaba, pero poco antes de llegar, un fuerte jalón de la cadena le hizo caer de picado contra el suelo. Sintió un latigazo e el rostro, la cadena comenzaba a ahogarla. Quiso resistirse, pero dolía, no podía pensar, ahora sólo sentía dolor. Mordió sus labios hasta perforarlos. Se puso una vez más de pie, la sangre deslizándose por sus labios abiertos.
Aleksandre estaba listo para asestarle otro golpe, un poco frustrado a decir verdad.
Uno, dos, tres pasos. Cyril parecía lista para la segunda ronda y…
Su cuerpo cayó pesado contra el piso y ahí se quedó. No dormía, no exactamente, en un estado entre el desmayo y el sueño. Su cuerpo temblaba, como si quisiera levantarse, pero no pudiera coordinarse lo suficiente.

Mientras tanto en las gradas, Yuna hacía un gran esfuerzo por contener su propio dolor, ajena a lo que ocurría a su alrededor, no prestó atención a dónde la llevaba Miros hasta ver los cabellos rubios y sentir la energía siempre agresiva del médico.
—…Es…bebé… el bebé… creo que va a…—
Conocía ese dolor, era el mismo que cuando su primer hijo decidió llegar al mundo, solo que entonces, se encontraban listos, preparados para la ocasión y ahora… no podía permitir que su bebé naciera ahí, pero todo el estrés, el miedo, la angustia, no le sorprendía que el pequeño tuviera otros planes en mente.
—Ya viene, no puedo detenerlo…lo siento..—
Murmuraba tratando de ocultar el dolor de las contracciones con poco o nulo éxito, ambas manos sobre su hinchado vientre.

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47 Re: Saigo no Tenshi (Rol) on Thu Jul 30, 2015 11:37 pm

Rose

Quería dejar de cantar, Memphis había caído, muy para su pena, pero Erina se resistía, debía dejarse ir pronto o sus tíos le harían verdadero daño. El dolor del brazo era familiar y aterrador, no era un golpe era como si fuego quemará su brazo, recordaba muy bien esa sensación. De saber que todo esto sucedería 20 y tantos años después tal vez habría elegido a Nova…

No, eso era justo lo que su suegro quería, hacerla dudar, herir a Jared usándola a ella. No sabía como podría serle útil si era tan fácil romper el ego de Jared, pero no podía ponerse a pensar en ello.

No. Decidió correctamente, lo que hablaba ahora era el dolor y nada màs. Trato de concentrar su canto en Erina, y eso ayudo a Aki a mantenerse en pie y devolverle el abrazo a su padre.

Feyrir

Deberíamos irnos...Era todo en lo que Feyrir podía pensar. No quería abandonar a sus hermanos, pero a excepción de Miros el resto tendría que arreglárselas solos. Su hija estaba dormida, Yami estaba tambaleándose al igual que Aki. Su mente estaba más clara, así que en cuanto es escudo desapareció aviso de su partida a Miros y desapareció con su familia rumbo a su castillo, que por ahora parecía ser un lugar seguro.

-Al fin…creí que nos tendría ahí por siempre…Aki…puedes irte a dormir, sé que Rose tiene una voz muy poderosa y deberías descansar luego de esa victoria, hijo.

-Si Padre…-Susurró adormilado, pero tomó a Eneritz de los brazos de su papá y les dio una sonrisa aletargada- Llevaré a Eny a su cama, vere que este tranquila

Y salió por la puerta. A pesar de la calma que Rose había intentado traer estaba desesperado, y sin pensarlo se arrojó sobre Yami, besándole los labios y el cuello con un deseo abrazador que escapaba de cada poro de su piel mientras presionaba su erección dura como una roca contra su pelvis.

-Yami…por favor…lo necesito, sé que no es el momento…-Susurró jadeante en su oído, presionándolo contra un muro y atrapándolo contra este- Si..si no quieres me detendré pero…necesito hacértelo ahora…

No era mentira, la necesidad hacia de la abstinencia algo doloroso, su erección encerrada se rozaba contra la ropa de manera lastimera y a pesar de que Yami siempre le era deseable en este momento habría dado un brazo por enterrarse en alguien, o algo, fuera lo que fuera, hasta venirse.
Para su beneficio Yami estaba ahí, pero si se negaba tendrían que buscar un tercero…o cuarto. La idea de un trío sólo logro encenderlo más, si es que era posible.

Freya

No tenía mente para darse cuenta ni de la súbita hostilidad de su marido ni de la inapropiada conducta del otro. Un mareo intenso la afecto y se aferro de Kael, suavizando su postura en el acto.

-Sé que debes tener muchas dudas, pero he tenido un día…terrible. Estoy muerta de hambre y para colmo creo que sería bueno sentarme, pero: por favor, acompañados a cenar. La barrera no te permitirá salir luego de que el sol se ponga, por eso eres bienvenido a quedarte.
Señaló una luz azúl que rodeaba la dorada barrera del valle y le dio su más cálida sonrisa como regalo.

-La gente que vive aquí es blanco de cosas terribles, por eso hacemos todo lo posible para protegerlos…y sí, podríamos decir que Soy una princesa.

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48 Re: Saigo no Tenshi (Rol) on Sat Aug 01, 2015 12:09 pm

Y así como comenzó, todo alcanzó su final. Un silencio aterrador se instaló dentro de la arena después de que el cuerpo de Erina cayera con pesadez sobre la grava, elevando una pequeña nube de polvo que se disipó casi de inmediato. El único sonido que todavía languidecía en el venenoso aire, producto de la técnica de Ira, era el hermoso canto de cisne de Rose que rebotaba en las paredes antiguas del improvisado coliseo. Orgullo se quedó estático como piedra con todos los músculos del cuerpo contraídos en tensión, esperando el momento en el que el cuerpo de su sobrina convulsionara de nuevo y se pusiera de pie dispuesta para un segundo ataque. La cadena que seguía enrollada en el tobillo ajeno, se retorció un poco con la estática que aún serpenteaba por el componente metálico, emocionada como su dueño ante la perspectiva de una contienda más; sin embargo, sus esperanzas morían a cada segundo que pasaba sin que el delgado cuerpo de la princesa se elevara. Al parecer, todo había terminado demasiado pronto para su gusto. Con el cejo fruncido y el rostro contraído en una mueca de irritación, desvió su mirada hacia su pareja mientras le dulce melodía resonaba dentro de su pecho y cabeza, seduciéndolo hacia la inconsciencia. ¿Quién le había dado permiso a Rose para intervenir? Sumergido en la adrenalina que había bombeado en sus oídos, falló en escuchar la indicación de Memphis, llevándole a pensar que la mujer se había entrometido en una pelea que no era suya por su propia voluntad. Su furiosa mirada languideció unos segundos más hasta desviarse de nuevo al cuerpo de Erina y la cadena que aún la sometía.

Ya no había nada más por hacer, la batalla había terminado a pesar de su disgusto. Con fuerza, sacudió su dorada cabellera para disipar el algodón que había envuelto su cabeza ante el canto de Rose, el cual había fallado en dejarlo inconsciente. ¿Acaso la mujer creía que iba a someterlo ante tan débil técnica? Ilusa. Sonriendo con sorna, recobró un poco de su aplomo ignorando sus tambaleantes pasos y el entumecimiento de sus extremidades, negándose a reconocer que estaba a escasos segundos de sucumbir finalmente al canto. Tiró con fuerza de la cadena y comenzó a retraerla sin tener piedad del cuerpo inconsciente que se arrastraba por la arena y dejaba un notorio sendero a su paso. Sabía que la mirada de su padre estaba clavada en Shurik y en él, seguramente con una sardónica sonrisa aplastada en su rostro. Jared era demasiado listo como para saber que la confianza de su padre no se ganaba sin esfuerzo y duro entrenamiento. En aquel momento los estaba sometiendo a una patética prueba para comprobar dónde yacía su lealtad, si en sus hermanos o en su emperador. Hasta Ceres podía responder esa pregunta. Ninguno de sus hermanos le iba a otorgar lo que su padre le estaba ofreciendo en ese momento. Autoridad completa para someter la voluntad de todo aquel que cuestionara su poder. En el lenguaje de su padre no existían las palabras “Tratados” ni “paz”, el sólo conocía los complots y las traiciones para ganar más territorio y así para expandir su ejército… y Jared hablaba el mismo lenguaje que él. Mientras el cuerpo de Erina llegaba hasta sus pies, pensó fugazmente que Miros, siendo Avaricia, también le convenía hablar el mismo idioma.

Sin mucha consideración, tomó el cuerpo liviano y lo arrojó sobre uno de sus hombros, sintiendo el bamboleo de los brazos rosando cerca de la mitad de su espalda, como si de un saco se tratase. Mientras tanto, la cadena que se retorcía débilmente enredada en el tobillo, desapareció. Al menos esta vez su sobrina no les iba a dar tanta lata como su padre a la hora de transportarla a los calabozos. A diferencia de Memphis quien se había retorcida con fiereza entre las cadenas de ambos Pecados a pesar de las evidentes heridas de su cuerpo, su hija había caído rendida a la oscuridad de la inconsciencia. Por el rabillo del ojo vio que Feyrir desapareció con todo y su familia apenas el escudo hubo caído. “Cobarde”. Cada uno de sus hermanos, a excepción tal vez de Aleksadre, eran unos pusilánimes que se escondían debajo de las rocas para proteger a su familia. No valían la pena. Con una sonrisa de autosuficiencia y sin dedicarle una sola mirada a su pareja e hija, desapareció del coliseo en dirección a los calabozos que se encontraban bajo el castillo de su padre. Celdas casi del tamaño de una caja de zapatos especialidad para torturar a los Pecados, con paredes reforzadas y una puerta de titanio que aguantaba hasta el más violento ataque de Ira. No había manera de escapar.

Distraídamente, aun con los efectos del canto de Rose desvaneciéndose lentamente de su sistema, caminó por el estrecho pasillo con las puertas de titanio a sus costados. En el piso, cerca del umbral de cada celda se podía ver el símbolo labrado de los pecados junto con sus verdaderos nombres, aquellos que los identificaba en la antigüedad cuando aterrorizar a los humanos era nuevo y divertido. Sin prestarle atención a la celda destinada para él ni al nombre que tanto odiaba, siguió de largo hasta el final del pasillo donde las marcas de uñas que Memphis había dejado en el suelo, seguían visibles en el umbral de su puerta. Las antorchas que se encendían automáticamente, proyectaban perturbadoras sombras sobre las marcas, como si pudiera ver los dedos de su hermano aun clavados en ese lugar. Bonita residencia tendrá Erina en los próximos días. Inceremoniosamente, dejó caer el cuerpo a la mitad de la celda para después cerrar la puerta sin un segundo vistazo.

De vuelta al Coliseo, Lucifer dejó que el cuerpo de su primogénito cayera con pesadez al suelo cerca de sus pies. El espectáculo había terminado. Por la comisura de sus ojos observó una delgada franja verde que se asomaba por entre las hebras rojizas que habían caído sobre el rostro del General, desenfocada y perdida. La poca voluntad que se negaba a abandonar, le impedía sucumbir finalmente al dulce consuelo de la inconsciencia, resistiéndose a navegar en los confines de su reino aunque su cuerpo había dejado de reaccionar minutos atrás. Sin perder la sonrisa cínica, Lucifer pasó por sobre el cuerpo de su hijo y se dirigió hacia los pequeños cuerpo de Rea y Orión quienes seguían durmiendo rodeados de aquel escudo dorado. Son quirúrgica precisión, introdujo su mano en el vaporoso escudo el cual tembló sin romperse, y sujetó a la princesa por la tela de su vestido. Con la misma precisión, comenzó a retraerla de la burbuja pero ésta se volvió elástica como goma y le impidió removerla por completo. Enarcando una ceja, ladeó el rostro hacia Memphis quien había logrado vencer el hechizo de Rose y comenzaba a mover sus dedos en dirección a Rea. La sonrisa de Lucifer se transformó en una mueca de molestia cuando, con torpes movimientos, Pereza movió su mano y ambos niños desaparecieron de la vista, escapándose como agua entre los dedos del mayor.

- No la vas a mantener alejada de mí por mucho tiempo – fingiendo desinterés, Lucifer enderezó la espalda y se sacudió pequeñas esferas de polvo que habían caído sobre sus vestimentas. Memphis no respondió y dejó caer finalmente su cabeza, perdiéndose en la inconsciencia sobre la arena. Mientras tanto, Nova se recostó con las alas abiertas y un brazo arrojado sobre sus ojos para tratar de limpiar la nebulosa de su cabeza y así poder distinguir la realidad de los sueños. Los ojos sin emoción de Lucifer, se deslizaron por la arena hasta clavarse en la figura de Rose.

Miros/Nine

El General mantenía un férreo pero gentil agarre en los hombros de la mujer mientras la contraía más hacia su pecho. ¿El bebé estaba viniendo? ¿Ahora? ¿En ese preciso instante? El momento más feliz de su vida estaba siendo opacada por la intimidante sombra de su padre que se había cernido desde su llegada ¿Qué nuevas locuras se le ocurrirá al Señor del Infierno con su segundo heredero? ¿Acaso también lo pondrá a combatir sin aun antes caminar? Conociendo a su padre, no lo dudaba. Tragándose el gruñido que seguramente iba a emerger desde lo más profundo de su ser, se concentró en el médico quien ya comenzaba a poner manos a la obra y en la constante energía que emanaba desde el vientre a través de su marca. Su bebé estaba alterado y agitado, seguramente lo que provocó que el parto se adelantara, pero hasta ahora no había más peligro que los riesgos naturales de un parto prematuro. Sus ojos violetas recorrieron frenéticamente el cuerpo de su pareja con tal escrutinio que casi pasa por alto las palabras que el médico le dirigía.

- ¡Oye! ¡Reacciona! – la voz del rubio comenzó a tomar fuerza a medida que su concentración cambiaba de su pareja hacia su interlocutor. Pestañeando con confusión se topo con los furiosos ojos azules y sus labios que se movían frenéticamente - ¡Necesitamos ir a la unidad médica! El escudo fue retirado – con un brusco movimiento de su cabeza, señaló hacia afuera del palco donde el reflejo transparente del escudo había desaparecido – ¡Ahora! – reaccionando finalmente, Miros afiló sus alas y desapareció en un torbellino violeta, dejando a un jadeante Nine atrás.

- Mierda – el transporte en su avanzado estado estaba contraindicado. La fluctuación de energía necesaria para algo tan básico como la movilidad, podía perjudicar con la fluctuación necesaria para alimentar al bebé y fomentar su adecuado desarrollo, además de que era físicamente extenuante – Ni remedio – bufó poniéndose de pie con algo de dificultad al mismo tiempo que sostenía su vientre por debajo para mantener el equilibrio. Shurik había salido a divertirse y no sabía cuánto tiempo podía durar ya que desde el ángulo de su palco no había mucho que pudiera ver de la batalla, sólo algunos ruidos y voces altisonantes. Con gesto resignado, sacó sus alas y se transportó de manera inestable sin necesidad de avisarle a su pareja, no es como si no supiera cómo localizarlo después de todo. No podía seguir perdiendo el tiempo con Yuna pasando por un parto complicado.

En pocos segundos aterrizó sobre piernas temblorosas en la habitación de cirugía. A diferencia de todos los lugares oscuros y lúgubres del infierno, la unidad médica era la única zona neutral con colores estériles y lo suficientemente iluminada para tratar operaciones complicadas. Con una temblorosa mano se secó el sudor que comenzaba a rodar por un costado de su rostro y se acercó hacia Yuna quien estaba siendo preparada. A su lado, Miros estaba petrificado con los ojos disparándose hacia todos lados como un cazador identificando a su presa, resistiéndose a dejar el lado de su pareja. Ese sería un problema.

-Ante el más mínimo ruido, te saco – sentenció con un firme dedo sin importarle ante quien se estaba dirigiendo. Nine ni siquiera respetaba a su propio General, menos lo haría con los demás. Recuperando su aplomo de siempre, entró al campo de visión de la mujer recostada y relajó su semblante a uno más amigable. Años de servicio le borraron el gesto sombrío y sádico que identificaba a los soldados de Ira – Te tengo una buena y una mala noticia – comenzó a hablar mientras los enfermeros acercaban los pocos instrumentos que necesitaría si el parto se complicaba, pero él los alejó con un molesto gesto de su mano. Él se iba a asegurar de que las cosas no se complicaran, además de que las únicas herramientas indispensables eran sus propias manos – La mala noticia, es que tu parto no tendrá nada de natural…. Pero la buena es que tu molesta pareja me romperá el cuello si algo sale mal… buena para ti, mala para mí – señaló su propio pecho con una sonrisa para después poner manos a la obra, ignorando la punzada de dolor en lo bajo de su vientre. No tenía tiempo qué perder.

Yami

Apenas y tuvo tiempo de registrar que estaban seguro en su hogar cuando sintió los deseos besos y las rápidas caricias de su pareja sobre él. Desorientado, se quedó pasmado un instante hasta hacer algo de sentido de las palabras entrecortadas del mayor. A través de la marca podía sentir el deseo abrasador que fluía a raudales del General; sin embargo, a diferencia de éste, Yami poseía un mejor autocontrol otorgado por su esencia orgullosa. Espabilándose de su sorpresa inicial, comenzó a responder a las caricias y los besos con el mismo deseo pero menos hambre que su pareja. Todavía tenía los efectos del canto de Rose por lo que su cuerpo tardaba en responder apropiadamente pero, sin querer desilusionar a Feyrir, posó sus manos sobre sus hombros y se impulsó hasta enredar sus delgadas piernas en la cintura, dejándose hacer por Lujuria.

A través del fuego de la lujuria se percató de que habían aterrizado en la sala por lo que estaban rodeados de muchos lugares favoritos de los dos para desahogar sus tendencias sexuales, aunque en ese momento Yami estuviera más cansado que excitado. Tratando de concentrarse en la satisfacción de su General, se olvidó de sus propios deseos y comenzó a buscar a tientas la erección del mayor mientras se seguía sosteniendo con un brazo.

- ¿Deseas enterrarte dentro de mí? – pasó su lengua por la curva de la oreja ajena, presentando todo el entretenimiento que estaba seguro a Feyrir le gustaba.

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49 Re: Saigo no Tenshi (Rol) on Tue Aug 04, 2015 7:39 pm

Feyrir

¿Qué si quería? Por supuesto. Sus palabras de vaga aprobación fueron suficientes para él. Estaba cansado, emocional y físicamente, igual que Yami, pero su necesidad, su calor, su esencia demoniaca misma le demandaba más y no podía detenerse, nunca podría. O eso le parecía.
Y debía parecerle lo mismo a Yami, y vaya que era valiente, porque después de casi tres horas de tener a Feyrir enterrándose en su cuerpo, demostraba su amor tanto como su fuerza. En el sillón, sobre la mesa, contra la ventana, contra los muros. Cielos, tendrían que limpiar ese cuarto antes de que cualquier ser vivo pudiera entrar en el de nuevo.

Incluso después de venirse 11 veces Feyrir no estaba cerca de su segundo orgasmo, Yami había terminado por perder la batalla y ahora peleaba más contra el sueño, y a pesar de ello no había podido detenerse… esto último lo lleno de culpa y lo obligo a enfrentarse a una realidad más complicada, la idea de buscar alguien más con quien compensar estos terribles impulsos. Debía decírselo a Yami? O sólo hacerlo?

No podía pensarlo ahora. Se vistió tan rápido como puso y salió del luga.

Rose

Bueno…todo estaba calmado ahora. Irune apenas se quedó para sostener a su madre que cayo rendida por el esfuerzo. Ante la fría mirada de su padre desapareció avergonzada. Rose sin embargo quería ponerse de pie. No podría dar ni un paso pero debía hacerlo y salir de ahí, con o sin Jared. No podía importarle menos.

Fue cuando sintió una horrible punzada seguida por un escalofrío que le erizo la piel al notar a su suegro mirándola fijamente. Trago salida, pero su boca seguía sorprendentemente seca.

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50 Re: Saigo no Tenshi (Rol) on Tue Aug 04, 2015 8:47 pm

Erina/Cyril

La única forma de darse cuenta aún seguía con vida, eran los bruscos espasmos que recorrían su cuerpo cada cierto tiempo, fuera de eso, permanecía inerte, colgada como muñeca de trapo del hombro de su tío Orgullo.
Erina se sentía vacía, a diferencia de su padre hacía ya tantos siglos atrás, ella dejó estallar su energía sin ninguna clase de límite o dirección precisa. Al no estar familiarizada con esa abrumadora cantidad de poder demoniaco, perdió el control antes de si quiera poder usarlo a su favor. No era de sorprender hubiera aguantado tan poco, con cada ataque derrochaba el poder en cantidades desmedidas. De no haber quedado inconsciente gracias al canto de Rose, la demoniza continuaría desperdiciando energía hasta poner su vida en peligro, drenada por completo.

Ese lugar tan aislado de todo se tragó cualquier eco que pudo provocar su cuerpo al caer contra la fría roca. Ni un quejido escapó de sus labios, estaba tan aislada dentro de su mente, que el dolor no lo alcanzaba, ignoraba su arranque de locura, la forma en que atacó a su familia, a su padre. Pero cuando la dulce inconciencia le abandonara, sus gritos podrían ser escuchados hasta desgarrar el interior de su garganta.
Al despertar, recordaría el cuerpo de Pereza perforado por las miles de espinas que ella creó, escucharía dentro de su cabeza una y otra vez los llantos aterrados de su pequeña constelación, el brillante Orión abrazado por la siempre fuerte Rea.
Más eso no sería todo. La locura ahora despierta en su interior, aunque débil, le haría ver desprecio en los rostros que le vieron con preocupación, alucinaría a Nova proteger a Rose, protegerle de sus ataques, porque aún le amaba, y quién podría culparlo, ella era hermosa, era perfecta, cómo no amarla en lugar de a ella que lastimó a todos los que le amaban.
Intentaría por todos los medios refugiarse en ese hermoso reino de sueños que su padre tantas veces intento enseñarle a dominar. Sin su hermoso león dorado, no podría controlar esa dimensión, se vería limitada a soñar como cualquier otro, a viajar por pesadillas y sueños por igual. Pero dormiría, se dejaría abrazar por su naturaleza de pereza, refugiada en el sueño hasta que la ira despertara para arrojarla contra las duras paredes, arañar, patalear, llenarse de espinas para después caer agotada, rodeada de recuerdos hermosos, de su madre viva, sus brazos protectores, asegurando todo saldría bien, “Memphis vendrá por nosotras.”
Si, Pereza iría por ella, le sacaría de esa prisión.


Yuna

La joven demoniza hacía todo lo posible por mantener la cabeza fría pese al dolor de las contracciones y el miedo al parto prematuro. No quería que su pequeño llegara al mundo en estas condiciones, rodeado de peligro, miedo y violencia. Esas últimas semanas esperó tanto por el momento de su nacimiento y ahora sentía la necesidad de retrasarlo.
Quería gritar, llorar hasta que no le quedaran lágrimas, desaparecer de ese maldito lugar con sus dos hijos y pareja, lejos de la influencia del señor del infierno, a algún lugar donde pudiera protegerlos.

Cerró sus ojos claros cual espejos, no quería llorar. Sintió el conocido tirón en la boca del estómago, la estaban transportando a otra parte, el campo de fuerza que rodeaba el coliseo debió caer, pero aun así no tenía tiempo para alegrarse. Jadeó adolorida, resistiendo el impulso de llevar ambas piernas a su torso y hacerse un ovillo.
La luz y el olor a antiséptico invadió sus sensibles sentidos. El hospital. Se forzó a abrir los ojos, estudiar su alrededor, confirmar que no imaginaba cosas. Ya no se encontraba en la arena. Se sintió a salvo, aunque fuera durante unos minutos. Las únicas energías conocidas eran las de su pareja, su hijo y el médico de ira. Suspiro con alivio. Su seguridad no duraría mucho pero por lo menos, su bebé no nacería en un campo de batalla, un espacio donde su familia fue obligada a luchar.

Una nueva oleada de dolor barrió su cuerpo y por mucho que luchó por evitarlo, un grito escapó de sus labios ¿Dolió tanto la primera vez? Todo fue tan fácil con Loki.
Apretó los labios para ahogar los gimoteos mientras la superficie bajo ella se cubría de una fina capa de escarcha, como si no tuviera ya suficientes problemas. Respiró hondo, concibiendo apenas mantener su poder controlado, en esos momentos no era conveniente convertir la sala en u congelador.
Con ojos llorosos miró a Nine y escuchó sus palabras. En otra situación habría sonreído, lo intento, pero el dolor era mucho, sus labios temblaron apenas intento curvearlos, así que se limitó a asentir de forma débil. Confiaba en las habilidades del rubio, hacía mucho confirmo sus habilidades para la medicina. Jamás conoció un demonio capas de ser tan buen sanador, no era parte de su naturaleza.
Respirando de forma cortada, sujetó la mano de su pareja y apretó esta con fuerza, encontrando alivio en la marca que los conectaba.


Aleksandre (Sassha, Shurik)

La batalla terminó sin darle tiempo de entrar en calor. Oh decepción, a pesar de la arrolladora energía que liberaba su sobrina a raudales, no duró ni un suspiro contra él y Jared. Lástima, en esos momentos ansiaba liberar energía, hacía tanto que no se sentía tan vivo… no desde antes de la revolución.
Con un gruñido las cadenas desaparecieron de sus manos, en otra ocasión sería. Sin dirigir una segunda mirada a Erina, escaneo el área. Todos estaban inconscientes a su alrededor, incluso su hermano mayor Memphis. Tsk, tenía la esperanza de que este se revelara y luchara por salvar a su adorada hija.
Ni hablar, si su padre no necesitaba otra cosa, se retiraría. Una ligera inclinación de cabeza en muestra de respeto hacia el mayor y anuncio de su retirada, a diferencia de sus hermanos, él si sabía demostrar respeto aunque lo dudaran.

Se dio la media vuelta y dispuso a buscar al cabezota de su segundo al mando para llevarlo de vuelta al escuadrón, era imprudente dejarlo solo con su embarazo tan avanzado.
Su hidra, al costado izquierdo de su torso, quemaba con furia ¿Cómo no lo notó antes? Era un ardor poco común, eso no solía pasar, el médico era demasiado fuerte… eso significaba que su pareja se encontraba en problemas. Se concentró un poco, tratando de descifrar el significado de ese dolor. Gruño irritado, ese imbécil. Lo peor era que su energía no se encontraba cerca, al contrario, lo sentía muy lejos. Otro gruñido. El rubio no debería de estarse transportando por su cuenta, era peligroso, su energía se encontraba inestable por el parto, y después del daño ocasionado por Lucifer y su estúpida ponzoña definitivamente NO debía andarse transportando solo.

Sacó sus alas de murciélago y sin esperar se transportó a donde le llevaba la marca de ira, el hospital. Oh decir que estaba cabreado era subestimarlo.
—¡Nine! —
Su voz se alzó cual trueno sobre el ruido de la sala de partos, a Shurik no le importaba donde se encontraba, podía ser un funeral y seguiría gritando cuan alto quisiera.
—No estás en condiciones de hacer estas estupideces. —
Sus palabras destilaban ácido, no literalmente, no aun. Ahora que se encontraba cerca, podía sentir a la perfección la inestabilidad en el rubio, no podía poner el esfuerzo que significaba atender un parto complicado en esos momentos, no sin ponerse en peligro.
De tres grandes zancadas se colocó a su lado, ignorando olímpicamente las miradas de odio y miedo que los presentes le lanzaban.
—Escúchame bien, me importa un carajo lo que le pase a ella y a su hijo. — Sujetó el brazo del médico con fuerza, tal vez un poco más de la necesaria, para jalarlo a su lado. — Y aún más importante ¡No voy a permitir que te pongas en peligro a ti o a nuestro heredero! ¡Eso está fuera de discusión!—

Tal vez las formas de demostrar cariño del general de Ira fueran nada convencionales. Aunque muchos lo dudaran, por su trato tosco hacia el médico, sus palabras bruscas, lo insensible de sus acciones, el mundo podía arder ante sus narices y él le arrojaría más gasolina. Todos ellos no podían estar más lejos de la verdad, ni siquiera Aleksandre se daba permiso de ver lo mucho que se preocupaba por el irritable rubio y el bulto que crecía en su interior.
Él que se mofaba de no temer a nada, le aterraba la idea de perderlos, y al igual que sus hermanos darían la vida por sus respectivas parejas, él no dudaría un instante en morir por Nine. Su orgullo jamás le permitiría admitir esa debilidad, sólo los pondría en un peligro mayor, nadie podía saberlo.

Con sus alas aun fuera, cubrió su cuerpo y el del médico, al cual rodeo con un brazo libre y apretó a su lado, no lo dejaría escaparse, en esta ocasión Ira no estaba jugando.
Sin pisca de remordimiento, dirigió una retadora mirada a su hermano avaricia, le encantaría verlo intentar detenerle, con gusto le partiría la cara ahí mismo en la sala de partos, a un lado de su pareja y el bastardo de esta.

—No volveré a pagar por sus errores.—
Detrás de sus palabras había mucho más. El pelirrojo nunca perdono a sus hermanos por rebelarse y derrocar a su padre, todo por una falsa paz. Los demonios eran guerreros, monstruos, bestias salvajes, hechos para la sangre y la carnicería. Si no aprendían por las buenas, bien, por las malas entonces.

El general de la Ira despareció en una pequeña explosión de chispas y ceniza, de regreso en sus cuarteles con el médico aun firmemente sujeto contra su pecho.

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