Octavo Pecado

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Saigo no Tenshi (Rol)

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51 Re: Saigo no Tenshi (Rol) on Wed Aug 05, 2015 3:12 pm

Yami

El demonio de cabellos bicolores sabía que estaba luchando una batalla perdida desde que enredó las piernas alrededor de la cintura de Feyrir y se sintió desvanecer. La reunión con Lucifer les había costado más que sólo esfuerzo físico, la perspectiva de un futuro incierto para su familia y la constante amenaza del Señor del Infierno sobre sus cabezas era suficiente para tenerlo tumbado sobre las cómodas sábanas de su habitación por días, sintiendo lástima por sí mismo. Estaba seguro que si hubiera pertenecido al batallón de Pereza, eso estaría haciendo; sin embargo, era un digno soldado de Orgullo y primero muertos antes de admitir la derrota. Por lo tanto, fingiendo fuerzas que estaba lejos de sentir, intentó seguirle el ritmo al rubio hasta que éste encontrara un apropiado desahogo con su cuerpo; sin embargo, mientras las horas pasaban y el fuego dentro de su demonio seguía refulgiendo con el mismo clamor que desde el principio, su determinación comenzó a desvanecerse. Aunque su mente quisiera seguir adelante su cuerpo se apagaba poco a poco con cada furiosa embestida, sus extremidades se volvían tan pesadas como si estuvieran hechas de hierro y su cabeza sólo se mecía como una muñeca. Sin darse cuenta, sus ojos finalmente se cerraron en algún momento de su noveno orgasmo, su cuerpo reaccionando involuntariamente por la estimulación física y derramando con dolorosa prontitud el preciado líquido seminal que era arrebatado de su ser.

Lejos estaba dentro del mundo de los sueños que no fue consciente de su cuerpo siendo usado un par de veces más y sus orgasmos arrancados. En los siglos que llevaba siendo la pareja de Lujuria, éste había mostrado un impecable autocontrol de sus instintos sin abusar de su cuerpo, al menos no sin su consentimiento o conocimiento. Por lo tanto, grande fue su sorpresa al despertarse adolorido y solo en el sillón del recibidor cuando los rayos de los numerosos soles del infierno se filtraron por las cortinas. Cuando un haz de luz se posó sobre un costado de su rostro, emitió un gruñido de inconformidad e intentó moverse hacia uno de sus costados, siendo consciente al instante de la dolorosa realidad. El gruñido se transformó en un gemido de dolor cuando elevó sus pesados párpados e intentó mover de nuevo sus agotados músculos.

- … ¿Feyrir? – susurró con voz estrangulada, moviendo su entumecido cuello de un lado a otro en busca de un destello dorado que significara la cabellera de su pareja. Con otro gemido intentó incorporarse, cayendo casi de inmediato al suelo con pesadez sobre sus temblorosas piernas – Maldición – juró bajo el aliento cuando sus cabellos lacios se pegaron sobre su pálido rostro y espalda debido al sudor.

Los recuerdos de las horas previas pasaron borrosamente frente a sus ojos, provocándole un fuerte mareo. ¿Cuántas horas habían pasado ya? ¿Dónde estaba su pareja? Con el cejo fruncido, se limpió el sudor de la frente y se quitó algunos rebeldes mechones que insistían en pegarse mientras sus ojos escaneaban sus alrededores. El recibidor era un desastre, ropa tirada por todos lados, le pareció ver su pantalón sobre una lámpara, algunas cortinas hechas jirones y los especieros de la mesa estaban rotos junto a las sillas. Vaya que habían tenido una noche intensa, no había duda de por qué su cuerpo le dolía tanto. Suprimiendo otro gemido, intentó incorporarse esta vez teniendo más cuidado con sus descoordinadas extremidades. El líquido que no se había secado y había permanecido caliente en su interior, rápidamente salió deslizándose por sus piernas. El estómago y pecho los tenía pegajoso y ni siquiera quería ver la cantidad de líquido seco que se encontraba ahí.

Permaneció de pie en medio de la habitación tratando de poner en orden los retazos de imágenes cuando escuchó pequeños pasos en el piso superior. Sus hijos no podían verlo en ese estado. Dando un respingo, sacó sus alas y, antes de partir directo a sus aposentos para un largo baño donde pensaría en Lucifer y su ausente pareja, arregló el recibidor con un fluido movimiento de su mano.

Lucifer

Los ojos oscuros del Señor del Infierno siguieron cada escalofrío que erizaba deliciosamente la piel de la mujer, deslizándolos con Lujuria por las curvas que vestían aquel cuerpo. Tan ensimismado estaba en sus pensamientos que no se dio cuenta cuando los cuerpos de Memphis y Nova desaparecieron como un espejismo, dejándolo solo con la pareja de Orgullo. Sonriendo de medio labio, apareció frente a la demoniza en un instante materializando su intimidante figura de la nada, encorvándose ligeramente para tomarla del brazo sano y ayudarla a incorporarse.

- Todos mis hijos son unos idiotas, especialmente Jared por no saber la hermosa flor que tiene a su lado – susurró con su voz grave mientras enredaba sus largos dedos con delicadeza en la fractura. Sus ojos brillaban con especial deseo, sintiendo las horas que habían pasado sin enterrarse en un delicioso cuerpo, especialmente en uno lujurioso como el de la mujer. Sería todo un entretenimiento despertar primero esos instintos primitivos y lascivos característicos de Lujuria para después pulir la energía de Orgullo que se mezclaba torpemente con ésta. Pobre e ingenuo Jared, quien gusta de pensarse como el demonio más inteligente pero no hace nada para explotar la arrebatadora energía de la demoniza que tiene a su lado. Estúpido. Si sus hijos hubieran sabido cómo explotar la energía de sus parejas, mezclar ambas esencias y usarlas para su provecho, entonces él estaría muerto. Pero desafortunadamente para ellos, no era así… y no sería nunca así, ya que él primero explotaría a las parejas para su propio beneficio.

Mostrando una sonrisa más benevolente, elevó la mano que no ocupaba en la sanación para acariciar la tersa mejilla y barrer algunos rebeldes mechones castaños. Su cuerpo se inclinó con suavidad hasta doblarse a la altura de la mujer y poder susurrarle al oído.

- ¿Sabes acaso cómo explotar el verdadero poder que tienes dentro? – tentó con voz melosa, esperando despertar el lado orgulloso de la mujer mientras elevaba un poco de su energía y se mezclaba con la de ésta, empezando a moldearla a su antojo como todo un maestro constructor. Jared nunca le había invertido tiempo y dedicación a moldear la energía orgullosa de Rose y unirla a la de lujuria en una sola… así que él se tomaría el tiempo para hacerlo.

Dante/Kael

El ángel sujetó con firmeza a su pareja, observándola con preocupación y escaneando su energía en busca de algo más que solo cansancio y hambre. Afortunadamente, su escaneo terminó sin mayores complicaciones, corroborando únicamente el estado actual de la mujer. Sin pensarlo dos veces, pasó un brazo por debajo de las rodillas de Freya y la cargó en vilo, indicándole que apoyara su cabeza en su pecho para que descansara un momento.

- Será mejor que nos retiremos para que te alimentes apropiadamente – susurró con voz dulce para después depositar un beso en su frente – Con permiso, eres bienvenido a permanecer en nuestro recinto – se despidió sin hacerle mucho caso al muchacho que lo veía con cierto recelo. Sin un segundo vistazo, se dirigió a sus aposentos con Freya en brazos – Sería apropiado que limitaras tus visitas al Infierno ahora que su Señor ha regresado – habló después de unos minutos de silencio cuando reapareció dentro de su habitación y depositó a la mujer en la cama

Mientras tanto, los ojos de Dante se encontraban fijos en el manto nocturno sintiendo la pesadez que se apropiaba de su cuerpo poco a poco. Cada vez que la luna se posaba en lo más alto, una ola de nostalgia lo embargaba arrullando su cuerpo hacia el mundo de los sueños. Sin pensar en lo acontecido aquel día, se dirigió lenta y pesarosamente hacia una de las cabañas desocupadas cerca de los límites del bosque. Afortunadamente, las residencias contaban con todo lo básico para ser habitable, incluyendo una mullida almohada y una cálida frazada. Al instante que su mirada se fijó en la cama, sus piernas flaquearon y sus párpados comenzaron a caer sobre sus oscuros ojos. Ya se había acostumbrada al sopor que le embargaba cuando la noche caía y la hora de sueño se acercaba, su cuerpo se volvía lento e incluso su lenguaje se descuidaba y limitaba, pero cuando los rayos del sol acariciaban su piel, su cuerpo se activaba como si una corriente eléctrica lo recorriera, impulsándolo a moverse sin cesar.

Sintiendo el pesar del día sobre sus hombros, se arrastró sobre la frazada y se dejó caer boca abajo, quedando dormido segundos antes de que su rostro se enterrara en la almohada…

… estaba de nuevo en aquel mundo extraño…

… nada tenía sentido…

… todo estaba lleno de rostros y voces que desconocía…

… algunas veces sus sueños eran alegres, otras veces tristes… pero otras más aterradores…

… de nuevo estaba perdido, sin saber si avanzaba o retrocedía en ese mundo sin paredes. Su cuerpo se deslizaba como vapor hacia numerosas puertas cerradas… algunas se sacudían, otras se parecían derretirse, algunas más lloraban…

… su cuerpo no dejaba de moverse, siendo arrastrado por una corriente que le empujaba insistentemente hacia una dirección determinada…

Con un último empujón, su cuerpo se estrelló con pesadez en una puerta dorada. Para amortiguar el impacto, posó ambas palmas en su superficie tratando de impulsarse hacia atrás para regresar a la corriente, sin embargo, una voz dulce se coló por debajo de la puerta hasta sus oídos.

“Memphis vendrá por nosotras”

En el mundo real, en la oscuridad de la cabaña, un débil león de líneas doradas comenzaba a resplandecer en un costado del rostro de Dante.

Miros/Nine

Los embarazos demoniacos no eran sencillos, únicamente demonios de alto rango eran capaces de concebir y sobrevivir al parto debido a la inestabilidad en la energía del bebé. La esencia demoniaca era primitiva y agresiva, como la chispa que prende la mecha de una explosión, si el cuerpo donde reside el bebé no era lo suficientemente fuerte o capaz entonces la energía inestable terminaría destruyendo a ambos. A pesar de haber pasado por un embarazo, era la primera vez que Yuna daba a luz a un demonio puro que contenía la esencia completa de un General, por lo tanto entendía la confusión y el dolor que contorsionaba todo el hermoso rostro de la demoniza. Inspirando con profundidad, apoyó sus manos en el agitado vientre y lo recubrió de una espesa capa verde que calmaría un poco la inestabilidad de la energía y proporcionaría un respiro a la mujer. Los movimientos del médico eran calculados, medidos con exactitud para no agraviar la situación de la parturienta con su propia energía. Su bebé había comenzado a agitarse en su propio vientre, iracundo como su padre daba tremendas patadas que volvían sus rodillas como gelatina.

- Solo un poco más – musitó por debajo de su aliento, intentando ignorar los reclamos de su propio bebé para aliviar lo más pronto posible a Yuna. Cuando la energía se estabilizó, una sonrisa de autosuficiencia se asomó por su sudoroso rostro. Ahora el momento adecuado para proceder. Una vez que la energía se estabilizara, tenía pocos minutos para operar y remover al bebé sin mayores daños ya que se encontraba ligeramente sedado – Bien – alejó una de sus manos y movió el dedo índice hacia la base del vientre, dispuesto a hacer una pequeña incisión por donde saldría la futura princesa.

Al escuchar la atronadora voz de su pareja, su mano tembló y se detuvo a pocos milímetros de la piel de Yuna, afortunadamente sin hacerle algún corte. Dirigió una furiosa mirada a Shurik quien parecía cubrir toda la sala de operaciones con su enorme figura y sus alas extendidas.

- ¡¿Qué diablos crees que estás haciendo?! – increpó temblando de molestia. Nadie se interponía entre él y un paciente. A Nine poco le importaba la rivalidad entre los hermanos y los problemas con Lucifer, él tenía un deber para con sus pacientes y en ese momento Yuna era uno de ellos - ¡No puedes…! ¡Tú…! – comenzó a farfullar de manera entrecortada, sintiendo la tensión de las últimas horas sobre su cuerpo. Las extremidades le temblaban con violencia, el cuello donde había mordido Lucifer volvía a supurar con sangre y su bebé había reaccionado a la ira de su padre, agitándose con ahínco. Logró resistirse por unos segundos a la mano que lo jalaba con fuerza hasta que cayó con pesadez sobre uno de los costados de Shurik, estrellando el vientre primero - ¡Mil mierdas, tú maldi…! – pero una bola de energía que pasó rozando por su oreja, lo cayó al instante.

Sorprendido, Nine dirigió su mirada a un lívido Miros quien se había colocado entre Yuna e Ira con las alas extendidas de manera amenazadora. La amplia sala de operaciones se encogió hasta ser casi inexistente ante el poder de los hermanos. Los ojos del General de la Avaricia se habían oscurecido mientras que sus colmillos se hacían cada vez más presentes. ¡¿Cómo se atrevía Alekssandre?! ¡¿Prefería poner en peligro la vida de un inocente?! Tan ensimismado estaba en su propia furia, que no se dio cuenta que él estaba haciendo lo mismo con Nine al atacarlo de manera tan abierta. La cabeza del peli violeta estaba hecha un caos ante el sufrimiento visible de Yuna. No estaba seguro si el dolor era normal e intentaba consolarla a través de la marca, pero el desplante de Shurik fue la gota que derramó el vaso.

- Erro… - repitió desconcertado para después renovar su furia al darse cuenta de la rivalidad que aún sentía Ira hacia sus hermanos “traidores”. Sin pensarlo detenidamente, lanzó una nueva bola de energía que desapareció junto con Shurik cuando se transportó con Nine - ¡Maldición! – gritó con impotencia mientras se volvía rápidamente ante los temblorosos ayudantes, quienes se encogían en las esquinas. Sus ojos evaluaron a cada uno. Ninguno tenía la habilidad suficiente como Nine para realizar el procedimiento… no podía ser… ¿es que acaso Shurik no le importaba la vida de sobrina? ¿En serio la iba a dejar morir? ¿A quién acudiría ahora?

Su mirada violeta se movió por todos lados, pensando en sus escasas posibilidades. Chistando, se movió de nuevo hacia Yuna y acarició sus cabellos escarchados, sus manos temblaban y sus labios formaban una tensa línea que le impedían sonreír.

- No te preocupes… lo voy a solucionar – le susurró depositando un beso en la pálida y fría frente observando como poco a poco, la capa verde que Nine había invocado sobre el vientre desaparecía – Alguien debe…

- ¿Llamaste? – la fría y grave voz que escuchó a sus espaldas lo petrificó al instante – Yo puedo ser de mucha ayuda – aún encorvado sobre Yuna, Miros observó la alta figura de su padre parado en las puertas dobles de la sala con una sonrisa posada en sus labios.

Lucifer profundizó la sonrisa y caminó con porte casual hasta posarse delante de su hijo, quien se percató de que se trataba de una copia más de su padre. El original estaba ocupado en asuntos más importantes. El mayor le hizo una señal a su hijo para que se apartara, pero éste se encontraba amurallado delante de Yuna, dispuesto a protegerla de su padre.

- Estás idiota si crees que te voy a dejar – le gruñó enseñándole los colmillos y sujetando con una mano la orilla de la camilla donde se encontraba su pareja. Prefería que Febe realizara el parto antes de dejar que Lucifer les pusiera una mano encima a la mujer y a su bebé. Nadie sabía realmente lo que pasaba por la cabeza del mayor, quien siempre estaba urdiendo nuevos planes para torturar a sus hijos.

- No tienes muchas opciones – respondió encogiéndose de hombros y traspasando a su hijo como si se tratase de un fantasma. El cuerpo de Miros se estremeció y automáticamente se apartó cuando lo recorrió una corriente eléctrica.

- ¿Por qué…? ¿Tú qué sabes…? – masculló sin remover la mano de la escarchada orilla de la camilla

- Porque quiero ver cómo la ira te consume al saber que tu adorado padre recibió primero en brazos a tu bebé – sonrió con crueldad mientras que, con suma maestría y delicadeza, apoyó las manos sobre el vientre de la mujer ocasionando que el bebé dejara de removerse al instante. Dándole un largo vistazo a su hijo, observó como todas las tonalidades de rojo cubrían su rostro viéndose impotente para intervenir – Además fui yo quien los recibió a todos ustedes de sus madres - sabiéndose ganador de aquella batalla, Lucifer comenzó a operar con el conocimiento de que su hijo valoraría más la salud de su familia que la humillación.

Mientras tanto, en los cuarteles de Ira, un furioso Nine sostenía el muslo ensangrentado donde la bola de energía que Miros lanzó de último lo había impactado. Sus ojos azules se clavaban en la figura de su pareja.

- ¡¿Qué diablos te pasa?! – su gritó se convirtió de repente en un gemido de dolor. La pequeña figura del doctor se dobló a la mitad mientras que sus ensangrentadas manos se cubrían el vientre – Maldición – cerró con fuerza sus párpados palpando a ciegas por la pared para recargarse

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52 Re: Saigo no Tenshi (Rol) on Wed Aug 05, 2015 4:10 pm

Rose

Había pensado en huir cuando la tomó del brazo, pero cuando el dolor ardiente de su brazo comenzó a sanar suavemente a su tacto su cuerpo se relajó, tenía un olor delicioso, embriagador. Y cuando susurro tan cerca de ella pudo sentir el color subírsele a las mejillas como sólo Jared lograba hacerlo.

-Yo sé…-susurró mientras trataba de mantener su rostro lejos del suyo, demasiado acalorada como para atreverse a mirarlo, ese Jared, la había dejado atrás como basura, y por eso ahora estaba a merced de su padre.- Yo maté a una Virtud…sólo con mis manos… Jared olvida…que estoy con él porque yo quiero…

Su honestidad la sorprendió, pero no pidió disculpas, Jared debería reconsiderar que ella estaba con él por elección, lo había dejado antes y lo haría de nuevo.

-Gracias por…mi brazo. Aún de estar lastimada eso no le habría detenido…ahora creo que podré soportar mejor su mal humor… ¿Por qué me ayuda, mi señor?

Freya

Soltó una risita tonta mientras se acurrucaba en la mullida cama que compartían. Se dejó caer en las mullidas almohadas y disfruto de estar en casa.

-No voy a volver, Kael. No tienes una idea como están las cosas ahí abajo. Mis tíos se odian y se agreden entre ellos. Mi padre trata a mi madre como basura y mi abuelo destruye vidas en cosa de segundos. Mientras este bebé esté aquí no pienso bajar. Duplicaremos la barrera y pondremos centinelas en el perímetro…

Explicó mientras acariciaba su vientre distraída.

-Tengo tanta hambre…ahora tengo que comer por dos…voy a ponerme como una ballena…-Pensó y soltó otra risita, incorporándose y jalándolo de la camisa para sentarlo a su lado en la cama, besándole los labios con dulzura que rápidamente se transformó en pasión. Su mano delicadamente se posó en la entrepierna del otro en un gesto juguetón.

-Podría comerte a ti…y a todo lo que llevas ahí dentro…-susurró en su oído, acariciándole suavemente con su mano y con sus palabras, pero luego se retiró, de vuelta al reposo, y le regaló otra risita coqueta.

Feyrir

¿Se sentía culpable? En un nivel claro que sí, pero su nivel consiente, ese que lo hacia funcionar estaba trabado en modo “follar”. No tenía que ir lejos a buscar compañía, en menos de 10 minutos había encontrado una bonita casa y en menos de eso estaba enfrascado en una sesión bastante competitiva de sexo con las dos muchachas de la casa y un joven transeúnte que los había visto de casualidad.

Ah…la vida así no era mala…con 3 cuerpos calientes peleando por ti mientras se entregaban a cada idea, cada caricia y cada estocada que les dedicabas. No era Yami, no sentía nada por ellos, no sabía sus nombres. Pero le ayudaban a bajar el calor que le quemaba por dentro… y eso era útil ahora, cada grito, cada gemido, acada orgasmo que le regalaban lo hacía senir más fuerte que en años de considerada y controlada monogamía.

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53 Re: Saigo no Tenshi (Rol) on Wed Aug 05, 2015 11:41 pm

Yuna

Nonononononono, no iba a permitirlo, ese monstruo no pondría una sola mano en SU bebé.
Todo ocurrió con tanta velocidad y el dolor no ayudaba a entender lo que ocurría con claridad. En un momento Nine se preparaba para recibir a su hijo y al siguiente Ira se lo llevaba. Perfecto, simplemente perfecto. Y si eso no fuera suficiente, tras escuchar apenas la promesa de su pareja ese… ese desgraciado ser hacía acto de presencia. El simple pensamiento de que el señor del infierno fuera a hacerse cargo de su parto le dio repulsión.
Los largos cabellos negros se pegaban a su frente por el sudor que comenzaba a perlar su piel a pesar de la continua escarcha que invocaba de forma involuntaria. Dolía tanto, era tan difícil contenerse, la energía demoniaca en su interior era abrumadora. La demoniza comenzó a desvanecerse en la inconciencia, su visión se nublaba, era mucho, no podría… Una nueva oleada recorrió su cuerpo cual bálsamo, la agitación de su bebé disminuyo hasta casi desaparecer, dormido, lo cual le dio un descanso a su adolorida madre.

Un suspiro de alivio escapo de sus labios entreabiertos, aun sentía el intenso ardor, pero era similar al de un parto normal, por ahora. Su vista se recuperó y fue capaz de enfocar al ahora más cercano Lucifer. Sus ojos casi plateados se clavaron en la alta figura de su “suegro” con odio. Algo en su interior cambiaba, no sabía qué, ni siquiera se dio cuenta de lo que ocurría, la energía de avaricia pura de su segundo hijo alentaba a su propia naturaleza posesiva.
—…No… no… — tenía la garganta seca, el simple esfuerzo de hablar requería toda su energía. Mojó sus pálidos labios con su lengua. — Si algo…si haces algo a MI bebé…voy a… te voy…— La cabeza le daba vueltas, perdiendo la poca de claridad visual que recuperó en esa pausa sin dolor, las molestias regresaban a su agotado cuerpo, sus miembros temblaban de forma continua, su tez tan pálida, casi cual nieve, y aun así la determinación en sus ojos era clara como el cristal, la amenaza que sus labios no fueron capaces de formular estaba ahí en sus orbes.
Que alguien tratara de decirle que no era nadie para enfrentar al señor del infierno, no escucharía razones, si ese bastardo se atrevía a lastimar en cualquier forma a su bebé… lo mataría, encontraría la forma.

Yuna no supo cómo fue el resto del procedimiento, su mente entraba y salía de la conciencia, el dolor iba y venía. En momentos creía moriría por el dolor, temía no ser lo suficientemente fuerte para soportar la energía que irradiaba un heredero puro de un General. Ahora entendía la delicada salud de Rose, si dar luz a una sola criatura, gemelas debía ser un infierno ¿eso significaba que se volvería tan frágil como ella? La pareja de Orgullo era poderosa, más de lo que otros admitían, escuchó de su hazaña en el cielo, matar a una virtud, algo que se decía sólo un General podía conseguir. Si ella quedo en ese estado tan frágil, porque no habría Yuna de quedar igual.
Su tren de pensamiento fue cortado por un dolor más intenso del anterior. Se esforzaba por no retorcerse, espalda arqueada, su temperatura fría. No sé dio cuenta de que gritaba hasta que no sintió su garganta escocerle. Pensó en su pareja, en su otro hijo Loki, su energía estaba cerca, podía distinguirlo entre el ajetreo del salón. “Por favor, que Loki este a salvo, por favor, que no le pase nada a mi hijo.” Rogo en su mente a quién fuera, a la nada, pero se sentía tan vulnerable con sus dos hijos bajo ese peligro potencial.

Un llanto llenó sus oídos, uno que pareció calmar el dolor. Abrumada, abrió sus ojos inundados en lágrimas cristalinas. Entre estas consiguió distinguir un pequeño bulto ensangrentado en las manos del señor del infierno. Una débil sonrisa se formó en sus labios al distinguir la pelusa violeta que cubría la cabeza del bebé. “Es una niña”. Escuchó a alguien decir. Una niña, una hermosa niña con los cabellos de su padre.
Oh como deseaba abrazarla contra su pecho, ver su carita, conocer personalmente a ese pequeño ser que llevó nueve meses en su interior, con su energía y la de Miros mesclada.
A pesar del cansancio, de la queja de sus músculos, trató de incorporarse, sus ojos fijos en su pequeña gema.


Loki

Apenas caía en cuenta de lo agotado que se encontraba. Todos sus músculos dolían, su cabeza parecía palpitar su energía se descontrolaba por fracciones de segundo, era un esfuerzo demasiado grande controlarse.
Quería ayudar, su madre estaba adolorida, Miros agitado, el infierno entero patas para arriba y no podía hacer nada, se sentía tan torpe e inútil.
En algún momento quedó sentado en el piso, en una pared apartada, si no ayudas no estorbes, aprendió una vez y eso haría. Sus habilidades curativas eran bastante minúsculas comparadas con las de su madre, altas que la mayoría de los demonios, pero aun peor que incluso Nine, pues si las usaba su parte angelical tomaba fuerza.

Un momento Ira atacaba, al otro Lucifer entraba, su madre estaba a mitad de dar a luz, Miros parecía ir a matar a quien fuera en cualquier momento, y Loki sólo podía observar y esperar entre los gritos y el dolor hasta que la estancia se llenó con un grito diferente. Aun adormilado, se incorporó con lentitud y desde su posición, sin atreverse a ver de más cerca, posó sus ojos bicolores en la pequeña figura. Se veía tan frágil y diminuta. Un nuevo orgullo floreció dentro de su pecho. Era un hermano mayor, ahora tenía a alguien que proteger, tenía una hermosa hermana menor. Sus labios se curvaron en una auténtica sonrisa y por un minuto todo fue perfecto. Después se preocuparía por su futuro, ahora sólo le importaba su hermanita bebé.


Aleksandre (Sassha, Shurik)

—¿¡Qué diablos me pasa!? ¡Salvo tu imprudente trasero! ¡Eso es lo que pasa!—
Oh y su gritisa habría continuado de sentir el dolor del médico fluir por la marca. En menos de un parpadeo se encontraba a lado, al siguiente pasaba un brazo por debajo de sus rodillas y le alzaba como si no pesara más que un costal de plumas.
—Grita y golpea todo lo que quieras, sabes mejor que nadie lo peligrosos que son los embarazos de los pecados puros. — Puede que Shurik no hubiera tenido pareja nunca, o no se preocupara por temas que no involucraran pelear, pero no era idiota, y sabía muchas más cosas de las que aparentaba, era natural siendo uno de los mayores. —No voy a dejar que mueras de una forma tan idiota. — Murmuró entre dientes.
Dirigió su mirada a la pierna herida del rubio y poco le falto para dejarlo ahí a mitad del pasillo, mientras él regresaba a partirle la cara a su hermano. Pero no tenía tiempo, sus palabras eran ciertas, si no hacían algo pronto, el parto de Nine sería tan o más complicado que el de la pareja de Avaricia. Los partos de pecados eran particularmente difíciles, y los de hombres peor aún.

No queriendo arriesgar al berrinchudo embarazado, comenzó a cruzar los pasillos del cuartel con paso firme y veloz. Puede que no tuvieran unas instalaciones tan buenas como las de hospital, pero en ira contaban con una especie de enfermería avanzada, después de todo era el cuartel con heridos más variados por su agresividad y poco cuidado personal.
Ajeno a la energía irregular de su pareja, Aleksandre tenía otros problemas en mente, por ejemplo el parto de el rubio, no había nadie mejor que él para un caso así de delicado y eso era un problema, pues nadie podía asistirlo. Sólo conocía a una persona capaz, su padre. El pelirojo estaba consciente de que Lucifer asistió en sus partos, además de ser tan viejo como el tiempo, tenía amplios conocimientos en muchas áreas, él podría asistir el parto de Nine… sin embargo, tendría que pedirlo y Shurik no mostraba debilidad ante nadie.
—Mierda.—
Masculló más irritado de ser posible. Se encontraba entre la espada y la pared, pedir ayuda a su padre y asegurar el éxito del nacimiento de su primer heredero y sobrevivencia de su pareja o arriesgar a que todo fracasara. Ninguna opción era alentadora.

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54 Re: Saigo no Tenshi (Rol) on Thu Aug 06, 2015 9:40 pm

Lucifer

Ignoró la pregunta, dejando que sus ojos recorrieran los carnosos labios mientras éstos se movían ¿Así que había matado a una virtud ella sola? Debía de darle más crédito entonces. Su sonrisa pícara se acentúo al mismo tiempo que sus dedos comenzaron a recorrer lentamente la tersa piel del brazo al mismo tiempo que acercaba más su rostro a la resistente mujer que poco a poco caía en su trampa. Podía ver esa deliciosa esencia Lujuriosa reaccionando a sus tratos y caricias. Oh, como deseaba apreciar ese hermoso rostro extasiado bajo su cuerpo, moverse sobre su regazo mientras los dulces gemidos escapaban de su boca entreabierta. Su entrepierna despertaba, expectante por enterrarse en un nuevo cuerpo cálido. Los demonios de la lujuria eran sus favoritos, los más ávidos por su calor, los más deseosos por sus caricias, era tan fácil encenderlos… y lo interesante era que nadie lo hacía mejor que el Señor del Infierno. Sus labios se detuvieron cerca de la tersa mejilla, dejando que su fresco aliento se agolpara en esa zona.

- Jared te ha descuidado tanto – susurró dejando que su aroma comenzara a envolver la fina figura de la rosa – No te sabe valorar – los dedos la rodearon con delicadeza una vez más para jalarla hacia él, mientras que sus labios rozaban la piel. Irradiaba un agradable calor que volvía denso el aire que les rodeaba y desvanecía el coliseo sobre el que aún se paraban – Déjame enseñarte lo que es el verdadero placer - con rápidos movimientos la tomó de la barbilla y ladeó su cara para robarle un beso, donde sus labios se movían con maestría sobre los ajenos. Debido a la proximidad, estaba seguro que la mujer podía sentir su miembro que poco a poco se endurecía entre los pliegues de su ropa.

Kael

El ángel parpadeó varias veces, observando a su pareja recostada en la cama con expresión juguetona. Estaba indeciso entre seguir con aquel juego que la mujer había comenzado o primero atender sus necesidades básicas. Su cerebro le decía una cosa pero su entrepierna que comenzaba a palpitar le decía otra diferente. Gracias a la energía que se mezcló en la ceremonia de unión, ahora podía compartir aquel arrebatador deseo que caracterizaba a los demonios de la Lujuria. Sin embargo, no dejaba de ser un ángel por lo que le era más fácil controlar sus impulsos.

- Traeré algo de comer – indicó al mismo que se incorporaba y salía de la habitación. Afortunadamente, siempre contaban con un gabinete amplio de provisiones y alimentos. Preparó inmediatamente una cena abundante, y regresó en menos de 20 minutos a la habitación.

Yami

Ya había pasado varios minutos en la misma posición con la suave presión del agua de la regadera sobre su cabeza. Los ríos que serpenteaban por todo su cuerpo se llevaban el resto de las evidencias de las horas anteriores sin dejar rastro atrás. No sentía la presencia de Feyrir en la casa y se sentía demasiado agotado para tratar de localizarlo, desde que despertó un nudo de miedo se había instalado en lo profundo de estómago y le urgía a encontrar a su pareja; sin embargo, después de buscarlo por todas las habitaciones con su energía, se encontró con la nada y con la sorpresa de que el rubio había cerrado la conexión entre ellos. Bufó por enésima vez bajo el agua, abriendo los ojos sin importarle que el agua se colara por estos. ¿Acaso lo había dejado solo después de todo lo que había pasado en las últimas horas? El nudo de miedo se acrecentaba a medida que el deseo sexual abrasador disminuía… si Feyrir no estaba calmando con él ese deseo ¿con quién o quiénes lo estaba haciendo? Gruñendo de impotencia y humillación, golpeó débilmente su puño en las lozas blancas de la ducha ¿Acaso no le había bastado con él? A lo mejor se quedó dormido antes de que el otro pudiera finalizar.

Alargando un suspiro, cerró de nuevo los ojos y apoyó ambas manos en la pared, recargando también su frente para sentir con alivio la frescura de la loza y disminuir un poco el dolor de cabeza. Primero necesitaba terminar lo que estaba haciendo, atender a sus hijos y después buscaría a Feyrir por todo el reino. Se permitió unos minutos más bajo la regadera cuando sintió unos dedos recorriendo su desnuda espinilla. Dando un sobresalto que por poco le hace perder el equilibrio, se volteó con la respiración agitada, apoyando la espalda y encogiendo su cuerpo en la fría pared

- …¿Qu..qu…? – tartamudeó cuando sus ojos se posaron en los traviesos de Lucifer…Lucifer… el maldito Lucifer quien se encontraba en su casa, dentro de su bañera, con el oscuro y elegante ropaje siendo humedecido por las gotas de agua que salpicaban hacia él. ¿Acaso aún se encontraba dormido? – ¿C… cómo…?

- Pensé que eras más inteligente – burló el mayor mientras dejaba que sus ojos se deslizaran por el atlético cuerpo del joven. No tenía una musculatura muy marcada e incluso algunas curvas un poco femeninas abrazaban sus caderas. Sus extremidades eran delgadas y largas mientras que sus hermosos ojos carmesíes brillaban con rebeldía… aquella rebeldía que siempre buscaba en sus amantes – Tus sospechas sobre mi hijo son ciertas – se removió en el pequeño espacio de la ducha, alargando una mano para jugar con los sedosos cabellos largos que se enredaban en las piernas del menor – Pero si quieres, puedes verlo por ti mismo,


Nine

El rubio se dejó alzar sin emitir protesta alguna, encontrándose demasiado enfocado en tratar de aplacar el intenso dolor del vientre con sus manos, como para seguir con la discusión. Simplemente se dejó mover como muñeca mientras intentaba encoger su pequeño cuerpo hacia el protector pecho ajeno, pero un espasmo de dolor recorrió su pierna derecha donde el ataque de Avaricia le había provocado una quemadura de segunda grado, paralizándolo al instante. Debido a la energía que el bebé consumía, todas las otras funciones corporales que dependían de ésta, como la sanación, se habían detenido por completo. Afortunadamente para él, la mordida en el cuello, que según había sanado horas antes, había dejado de supurar sangre y ahora se formaba una costra que impedía el flujo del líquido vital. Un dolor de cabeza menos. Ignorante de lo que acontecía a su alrededor, el médico mantenía los ojos firmemente cerrados y la nariz arrugada de desagrado por el intenso malestar que sentía. Maldición. Ni sus años de experiencias como cabeza del cuerpo médico y soldado de Ira, lo habían preparado para soportar tal dolor. Sus entrañas parecían quemar a fuego vivo mientras que su abultado abdomen se movía cada vez con mayor ahínco. Casi podía asegurar que su bebé estaba tratando de hacer su propio camino hacia el exterior.

Abrió la boca para hacerle un comentario sarcástico a su pareja, pero una nueva contracción le hizo retorcerse sobre los brazos ajenos ocasionando que un pequeño gemido de dolor se colara por sus labios partidos. Con gran pesadez logró abrir sus ojos nublados de dolor y pestañear varias veces para aclarar su visión. Tardó todo un minuto en hacer funcionar la maquinaria dentro de su cabeza para poder reconocer el pasillo de los cuarteles de su batallón. ¿A dónde le llevaba Shurik? A pesar de las grandes letras que señalaban el camino hacia la Enfermería, a Nine le costaba entender su significado perdiendo poco a poco la noción de dónde se encontraba. La energía descontrolada junto con la fiebre que estremecía su cuerpo comenzaban a nublarle el juicio y la razón. Sus labios balbucearon unas palabras inteligibles para después dejar caer su cabeza sobre el fuerte pecho, sofocando el primer sollozo que había soltado después de siglos de vida demoniaca.


- ¿Por qué te tardaste tanto, Aleksandre?

La alta figura de Lucifer se encontraba apoyada de brazos cruzados en el marco de las puertas dobles de la enfermería. Una cínica sonrisa bailaba en sus delgados y rojizos labios mientras observaba la agitación en el cuerpo que cargaba uno de sus hijos más grandes

- ¿Tanto te cuesta pedirle ayuda a tu padre? – con parsimoniosos movimientos, se apartó del umbral y caminó hacia su encuentro. Cuando los oscuros ojos se posaron sobre la figura encogida, su sonrisa se borró y una apretada línea ocupó su lugar – Apenas estás a tiempo – señaló con un dedo los movimientos del vientre. Debido a la agitación previa, algunos botones en la camisa del rubio se habían roto dejando al descubierto su estómago donde ahora se podía ver una diminuta mano detrás de una fina capa de piel – Tu heredero es efusivo, un poco más y él saldrá por su propia cuenta… como lo hiciste tú – asintió con aprobación mientras sus ojos brillaron con orgullo ante tales recuerdos. Con un corto movimiento de cabeza, le indicó al peli rojo que pasara a la sala y depositara su carga en la mesa central. Debía proceder rápido ya que el rubio parecía encontrarse en peores condiciones que la pareja de Avaricia. Aunque coqueteaba elegantemente con la idea de dejar que el infante destrozara a su papá para salir por su propia cuenta, no podía arriesgar la vida de Nine quien hasta ahora era el único que parecía cubrir con todos sus requisitos.

Mientras tanto, el cuerpo del médico había perdido tono muscular aun sin sucumbir a la inconsciencia. Su cabeza se movía lentamente de un lado a otro mientras gordas gotas de sudor se mezclaban con la sangre que comenzaba a salir de su nariz ante el sangrado interno que estaban provocando las hazañas de su primogénito. Todo a su alrededor se encontraba borroso y ni siquiera fue consciente de las expertas manos que se movían sobre él.

Miros

Los pocos minutos que duró todo el parto parecieron horas para él. Horas de ver sufrir a su pareja, horas de ver la sonrisa pícara en el rostro de su padre mientras recortaba la tela del vestido de Yuna, horas de ver las manos de su padre removiéndose sobre la pálida y estirada piel. Horas de ver el rostro cansado de su hijo mayor, horas de sufrir una descomunal ira… horas… horas que finalizaron ante el primer llanto que hincharon los pequeños pulmones de la princesa y retumbaron por toda la sala. Por un segundo se permitió olvidar todos los conflictos recientes, se permitió olvidar que era su padre quien sostenía con un gesto avaricioso el pequeño cuerpo de su hija. ¡Una hija! Se permitió olvidar las batallas, los malos humores, las noches en vela, el sufrimiento… y se permitió sentir una inmensa felicidad al ser testigo por primera vez del nacimiento de uno de sus hijos. Sus ojos centelleantes de felicidad no se apartaban del pequeño ser que se agitaba y lloraba cubierta de sangre y otros fluidos necesarios para su desarrollo fetal. Había nacido con las pequeñas alas afuera, como los dragones cuando brotan de los huevos, con la placenta manteniendo húmedas y pegajosas las tiernas plumas.

La mano que había sostenido con firmeza la orilla de la camilla, se deslizó rápidamente hasta la fría mano de su pareja, apretándola con amor y adoración sin descuidar el flujo continuo de energía a través de su marca para acelerar el proceso de sanación de la demoniza después del parto. Su mano libre se disparó hacia adelante, pero flaqueó un instante cuando su padre dio un pequeño paso atrás con aquella maldita sonrisa pícara pendiendo de sus labios. Sus oscuros ojos no se apartaban de su temblorosa figura mientras que su recién nacida hija se seguía removiendo con inconformidad en las enormes manos de su abuelo. El brillo de felicidad en los ojos violetas se transformó en una furia inconmensurable mientras le enseñaba los colmillos en un claro signo de ataque. Eran increíbles los cambios de humor tan rápidos que el General de la Avaricia podía experimentar cuando la vida de su familia se encontraba en peligro.

- No te atrevas – amenazo en voz baja y en tono grave, haciendo retumbar su pecho sin apartar la mano de Yuna.

Y Lucifer se hubiera atrevido de no ser por la pequeña corriente eléctrica violeta que brotó del cuerpo de la recién nacida y rodeó sus largas manos, al mismo tiempo que estallaba en furiosos llantos de molestia. Avariciosa como sus padres. Sus ojos brillaron fugazmente con orgullo mientras se acercaba a Yuna del lado opuesto de Miros, bajo la atenta mirada de éste. Con suaves movimientos depositó el pequeño bulto sobre el pecho de la madre y después se alejó, no sin antes susurrarle con una sonrisa cruel.

- Lo has hecho bien… a pesar de tu sucia procedencia

¿Acaso pensaban que iba a pasar por alto el hecho de que Yuna era un ángel convertida en demonio? Santo Infierno, Miros no lo podía haber decepcionado aún más… ahora se encontraba casi al mismo nivel que Memphis. No sólo había mezclado su noble sangre con una desertora angelical, sino también había aceptado al bastardo híbrido de ésta como futuro heredero de la Avaricia. Ese batallón se estaba yendo por el retrete, necesitaba hacer algo pronto antes de que se siguiera denigrando… y comenzaría removiendo primero al mocoso bastardo… bueno, en realidad eran dos mocosos bastardos que removería de un solo tiro. Era hora de barrer la basura lejos de su descendencia. Aprovechando que el recién nacido y la madre estaban siendo atendidos por un grupo numeroso de personas, Lucifer se acercó hacia la encogida forma de Loki quien no se había despegado de la pared. Con suspicacia observó la armoniosa mezcla de esencia que le rodeaban y después arrugó la nariz con desagrado. Avaricia y Caridad… que desgracia.

- ¿Qué de valioso habrá visto mi hijo en ti? – susurró con una ceja alzada mientras se encorvaba para quedar más cerca del menor, observándolo a través de sus profundos ojos oscuros – Nunca lo entenderé – a pesar de estar a escasa distancia, parecía hablar más consigo mismo que con el joven – Sólo habrá una forma de que te considere un verdadero heredero – habló un poco más fuerte aunque sin alzar la voz por sobre la agitación a sus espaldas. Su mirada delineo cada fina línea de expresión en el joven rostro pasando por sobre sus ojos de colores diferentes… no le era nada difícil poder ver a su padre biológico debajo de toda esa cabellera rizada – “Matarás a aquel semejante a ti” – ordenó sin esperar respuesta mientras apoyaba la punta de su dedo sobre la frente del peli negro para imprimir una fugaz imagen de aquel al que debía matar. Cabello rojizo, ojos grises y león en mejilla. No importaba que en aquel momento la imagen no fuera clara, cuando estuviera frente a esa persona sabría que aquel era su blanco.

Y así como llegó, Lucifer desapareció sin dejar rastro atrás.

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55 Re: Saigo no Tenshi (Rol) on Fri Aug 07, 2015 11:22 am

Rose

Las palabras taladraban en su mente como un mantra. “te ha descuidado”. Era cierto, por desgracia. No porque su vida sexual fuera nula, en realidad era bastante intensa cuando ocurría, pero Jared estaba más ocupado odiando a Kael y entrenando a Irune, quería ordenar todo a su alrededor, probablemente muy seguro de la lealtad de Rose como para pensar que debía procurarla más. La daba por sentado, y ahora su padre lo haría pagar las consecuencias.

Pero eso no era correcto, trataba de negarse pero era imposible, su cuerpo reaccionaba instintivamente a las caricias del Señor del Infierno aún contra su voluntad. Podía sentir el calor  bajar por su cuerpo mientras sus labios se unían finalmente en un beso tan apasionado, tan salvaje y tan demencial como nunca había sentido, no sabía siquiera que fuera posible formar parte de un intercambio como aquél.  ¿Y si Jared iba a buscarla, pensando tal vez que había huido para buscar a Nova o algo similar? Lo que encontraría sería mucho peor que eso.

Mientras más recibía aquellos besos más pensó que merecía algo de venganza. Jared no sabía valorarla, no era una demoniza cualquiera, había sido general aún antes de ser su pareja y era hermosa y atractiva al punto de que el mismo Lucifer le concedía un poco de su valioso tiempo para enseñarle la más pura y licenciosa lujuria. Jared debería cuidarla más, dedicarle más tiempo a mantener satisfecha esa llama de la Lujuría que quemaba dentro de ella porque esa era su naturaleza, ella estaba orgullosa de su unión, pero su mayor Orgullo era para el batallón que la vio nacer.

Enredó sus piernas con las ajenas y se aferró a su firme  espalda, respondiendo aquél sorpresivo beso con tanto deseo que habría hecho ruborizar a quien los viera. Sí, Jared debería verla ahora. Debería darse cuenta que ella podía tener a quien ella deseara, incluso a su padre. Sólo ese beso, y ahora las caricias que le dedicaba traviesamente una mano que se había colado rápidamente bajo su vestido., la habían puesto más caliente y más húmeda de lo que ella podía recordar haber estado jamás. Quería humillarlo, por primera vez deseaba hacerle daño ahí donde no podría recuperarse, viéndola gozar con alguien a quien nunca podría superar. Lo incorrecto de la situación, los dedos que parecían divertirse dentro de ella y aquella carne caliente que se recargaba contra su piel eran motivos suficientes para hacerla olvidar todo el recato que pudiera quedarle.

En un movimiento atrevido pero delicado y gracioso se puso de rodillas frente a él, bajando suavemente la cremallera de su fino pantalón negro y dejando escapar su hombría de la que ahora parecía una prisión de tela. Soltó un jadeo que fundía su deseo y su sorpresa cuando comenzó a acariciarlo con sus hábiles manos. Tan grueso, tan largo, tan imponente y tan decadentemente deseable que sintió ganas de llorar. Jared no era mojigato, pero tampoco compartía con ella la destructiva fuerza sexual que desbordaban los hijos de la Lujuría, Rose era muy hábil pero rara vez tenía oportunidad de llevar a Jared mucho más allá de lo que él le permitía. Bueno esta vez se iba a divertir.

Con un movimiento certero y delicado a la vez llevó el miembro ajeno a su boca, acariciándolo con sus labios y su lengua, respirando profundamente por la nariz mientras lo enterraba casi hasta la base, sonriendo internamente por su éxito cuando el otro pareció sólo ligeramente sorprendido, que era todo lo que mostraba ese estoico rostro eterno, se aventuró a pensar. Pero no se detuvo ahí, continúo sus movimientos, comiéndolo con el hambre de un huérfano. Su calor y su sabor ya la habían hecho perder la cabeza. Lo dejaría duro y listo para cuando decidiera darle el honor de mostrarle lo que él llamaba el verdadero placer.

Freya

Freya hizo un puchero cuando el otro se paró y se fue, esperaba que pudieran hacerlo un par de veces antes de cenar, pero ese enojo apenas duró unos minutos. Al parecer sus nauseas matutinas habían decidido ser nocturnas porque la invadieron con tal violencia que casi se arrastró por el suelo directo al baño y vomitó hasta que le ardió la garganta. Saber que su primogénito venía en camino apenas parecía suficiente premio por soportar aquellas molestias, supuso que todo sería más fácil cuando la criaturita se removiera en su interior.

Cuando Kael volvió a la cama se había cambiado de ropa por una suave camiseta de algodón, que era de hecho una broma de su padre para Kael, tenía estampado el dibujo de un  demonio tocando una guitarra eléctrica y decía “Hell is better without you”, al parecer nombre de un disco de rock humano. A Freya le gustaba la camiseta por lo cómico del dibujo y lo suave que era al tacto con su piel desnuda, en realidad eso y su bonita ropa interior de encaje blanco era lo único que llevaba encima.

-Kael! Eso huele delicioso! Muero de hambre!- Chilló emocionada, incorporándose en la cama- No tenías que preparar tanta comida, mi amor.

Feyrir

¿Continuaba? Claro que sí, no podía detenerse ahora, estaba tan cerca de apagar ese fuego que le quemaba el vientre. Pero algo si dejaba en claro, cada caricia, cada mordida, cada rasguño y cada estocada eran un acto de pura Lujuría, o dejo en claro  y con firmeza cuando una de aquellas demonizas, enterrándose con frenesí casi bestial sobre su cuerpo, intentó besarlo en los labios.

-No eres digna… no vuelvas a intentarlo- Murmuró fríamente mientras apartaba su rostro. Ya había lastimado bastante a Yami como para además darle sus labios a alguien que no fuera su pareja, la forma más pura que conocía de dar afecto verdadero.

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56 Re: Saigo no Tenshi (Rol) on Fri Aug 07, 2015 9:43 pm

Yuna

A pesar de haber terminado todo ya, su cuerpo agotado se deslizaba peligrosamente a la inconciencia, lo único que la mantenía aun presente era la visión de su hermosa niña, la necesidad de tenerla entre sus brazos para ahuyentar el temor que crecía dentro de ella con cada segundo que pasaba y Lucifer aun no daba intenciones de soltar a la criatura.  
Su aliento quedó atascado al ver que el mayor retrocedía. No. El pánico invadió cada molécula de su ser. No, por favor su bebé no, todo menos eso. El temblor de su cuerpo aumento contra su voluntad, notablemente agitada, de no estar tan cansada tanto física como mentalmente, la camilla se encontraría rodeada de hielo sólido, y de preferencia, Lucifer también…
Y entonces su hija hizo algo que le sorprendió. Su pequeño cuerpo se rodeó por rayos de electricidad diminutos, expresando su inconformidad con toda la fuerza de que era capaz. Yuna se permitió sonreír débil pero con mucho orgullo, habría reído de no estar en una situación tan delicada.

Sin apartar la mirada ni un instante de la figura de s recién nacido, extendió sus pálidos brazos para recibir a la pequeña, no dedicando ni un solo vistazo al señor del infierno, en esos momentos nada que no fuera su familia merecía su atención. Acomodo a su hija con movimientos expertos, su instinto maternal fuerte, poniendo particular cuidado en que las pequeñas alas emplumadas no se torcieran o fueran a lastimar. Debió imaginar Lucifer no se iría así nada más.
—… —
Permaneció estática, fingiendo no haber escuchado o no sentirse afectada por el comentario. De ser un poco más valiente, o inconsciente, le habría retado, a fin de cuentas, ambos descendían de esa sucia procedencia. Lucifer fue un ángel, y uno mucho más poderoso que ella, Yuna fue menos que un soldado raso, apenas asistencia médica de emergencia, sus poderes eran únicos pero su personalidad nunca le permitió llegar lejos.
Se mordió la lengua y giró su cabeza, dejando que sus cabellos negros formaran una cortina que ocultaba al mayor de su visión. No le permitiría arruinar ese momento.


Loki

Esa voz fría le sacó de su ensimismamiento, en algún momento se quedó dormido de pie, contra la pared, como si esta fuera el lugar más conveniente para dormir. Alerta miró al señor del infierno antes de agar la mirada inevitablemente y no volvió a alzarla hasta escuchar lo que temía. Aun después de la batalla, de derrotar a la prima más fuerte, Lucifer no lo consideraba digno. Apretó los puños con fuerza, sin querer imaginar lo que debería hacer ahora para ganarse ese lugar y conservar la vida.
“Matarás a aquel semejante a ti”.
Desconcertado, Loki alzó la vista, pero antes de poder preguntar a qué se refería, una imagen fue forzada dentro de su mente. El cabello rojo, el león dorado… ¿Erina? No, era un hombre ¿Memphis? Imposible, no tenía sus ojos esmeralda ¿entonces quién demonios…?
Confundido y más allá de atolondrado, observó el espacio vacío ante el.
—Mierda…—
Masculló pasando una mano por su rostro, rozando la cicatriz que cruzaba su ojo derecho. Semejante a él.


Aleksandre (Sassha, Shurik)

La voz que tanto esperaba y al mismo tiempo rogaba evitar llegó a sus oídos. Por algo decían “habla del diablo y este aparecerá”. Bufó irritado, admitir que necesitaba ayuda nunca era sencillo, menos cuando involucraba tareas delicadas. Por más que deseara ayudar al médico, él no podía hacer nada para ayudarle, al contrario, si intentaba cualquier cosa, lo más probable es que lo lastimara de peor manera.
—Me pregunto por qué será. Puede que tenga que ver con el hecho de que nunca regalas favores. — Aleksandre aprendió por las malas que cuando se trataba de su padre, que los auxilios desinteresados no existían para él, todo era a base de tratos, intercambios cuyo resultado no conocías hasta llegado el momento. —Pero hey, momentos desesperados requieren medidas desesperadas.— Dicho esto, paso de largo al mayor para adentrarse en la enfermería, no podía continuar perdiendo un tiempo tan valioso.  

Cada minuto era uno menos para que su bebé naciera sin causarle problemas al médico, sabía de buena mano lo que un infante puro de ira podía causar en el cuerpo de su “madre”, su padre no necesitaba recordarle eso. Con un gruñido, apartó la memoria de su mente, en esos momentos no necesitaba tener la presencia de su madre metida en la cabeza, no cuando su parto fue una de las razones no tuvo oportunidad de conocerla.
Lucifer disfrutaba de recordárselo cada vez que tenía oportunidad. Su madre fue una guerrera hasta su último aliento, luchó durante su parto y no se dio por vencida nunca, ni siquiera cuando su primogénito decidió nacer por sus propios medios, destrozándola por dentro como un maldito monstruo. Cuando era un niño aun y perdía una batalla, su padre le recordaba siempre que su madre no se rindió hasta tenerlo en sus brazos, falleciendo poco después, su cuerpo humano incapaz de soportar un parto de esa clase, pero que se fue con una sonrisa en sus labios, orgullosa de haber ganado la batalla lo suficiente para conocerlo. Eso siempre dejaba a Aleksandre con un sabor amargo en la boca.

Empujando una vez más los desagradables recuerdos de su mente, se paró a un lado para no estorbarle a Lucifer durante la delicada operación. Discreto, deslizó una de sus manos por los rubios cabellos de su pareja con un cuidado que no habría tenido jamás si este no estuviera inundando en dolor. Tragó un nudo que no notó tenía atorado en la garganta y aguardo, ejercitando la paciencia por probablemente la primera vez en su vida.

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57 Re: Saigo no Tenshi (Rol) on Sat Jul 23, 2016 8:55 pm

Perdón por la respuesta un poco floja pero llevo tiempo sin escribir y estoy oxidada, además de complicada para responder; sin embargo, no quisiera dejarlo morir así que aquí esta mi granito de arena para continuarlo. Se me acabó la inspiración y ya no hice la parte de Nine, espero poder hacerlo pronto.

Lucifer

La facilidad con la que podía manipular a sus hijos era ligeramente… perturbadora. Un empujón por aquí y una palabra por allá era lo único que bastaba para dejar a sus descendientes al borde de la desesperación. Sus largos años de ausencia suavizaron el caparazón de amargura y odio que había conseguido construir en sus hijos. El abuso físico y psicológico constante al que los sometía eran las maravillosas herramientas que había utilizado como un experto artesano para moldear el carácter hosco, déspota e inestable de los gobernantes del infierno, algo de lo que se regodeaba plácidamente cuando veía los ojos de todos ellos encendiéndose con odio abrasador; sin embargo, ahora era tan fácil mandarlos al límite que le resultaba aburrido, casi molesto. Su arduo trabajo había sido opacado por el tonto sentimentalismo familiar que tanto aborreció en su vida previa, convirtiéndolos en unas débiles criaturas expuestas ante cualquier enemigo. Era casi ofensiva la manera en la que unos cuantos años con sus respectivas familias habían tirado a la basura todo su duro entrenamiento.

Inspirando con fuerza, se removió en el trono donde su verdadero cuerpo descansaba, en las profundas entrañas del palacio central del Infierno rodeado del fuego sagrado que lo protegió de la espada de su hermano mayor cuando éste lo expulsó del Paraíso. Sus ojos cansados y nublados por una sombra de caluroso resentimiento, se clavaron en el tablero luminoso que levitaba a una corta distancia por sobre sus rodillas. Siete pequeñas piezas de cristal oscuro se deslizaban con gracia por toda la superficie, movidas por su voluntad. Lo único que distinguía aquellos objetos sin forma era la luz de diferentes colores que rodeaba como burbuja a cada pieza.

- Los predadores más peligrosos son los que juegan con su comida

- …les da un mejor sabor – se burló sin despegar la mirada del tablero mientras una sonrisa maliciosa tiraba de las comisuras de sus labios. La tenue luz que despedía el tablero iluminaba las cicatrices plateadas que serpenteaban por todo el deslucido rostro de lo que alguna vez fue la hermosa “Estrella de la Mañana” – El miedo los vuelve más…jugosos.

- No lo dudo, los juegos siempre han sido lo tuyo.

Lucifer deslizó su oscura mirada hacia un costado para evaluar con meticulosidad a la creatura con apariencia de infante parada a escasos pasos de su trono. Débiles y raídas extensiones caían sin vida hasta el suelo con las puntas de lo que alguna vez fueron seis majestuosas alas, manchadas ahora de alquitrán y fango, mientras que en algunos puntos se podía apreciar fácilmente la ausencia de plumaje, dejando a la vista el hueso pajizo de una extensión muerta siglos atrás.

- ¿Hasta cuándo seguirás cargando con ese antiguo recuerdo? Sigues atascado en el pasado, Metatron – contorsionó su rostro en una mueca de desdén para después regresar su atención al tablero, alejando la vista de las seis ofensivas alas que languidecían sin vida. Las piezas de granito se movían con suma lentitud sobre el tablero para irritación del ser más poderoso, quien perforaba con su adusta mirada cada una de las piedras buscando con premura al eslabón más débil de su cadena.

-Algunos conservamos los recuerdos para no cometer el mismo error dos veces –la amargura en aquella grave y profunda voz que contrastaba con el pequeño cuerpo, fue lo suficientemente evidente como para que Lucifer desviara la mirada por segunda ocasión de su juego. Los ojos oscuros del Señor del Infierno brillaron con picardía mientras que la punta de su lengua viperina se asomaba ligeramente en su labio inferior, repasando la sonrisa ladina que comenzaba a brotar en sus maduras facciones y degustando la zozobra que emanaba a raudales del otro ser.

- ¿Acaso es arrepentimiento lo que logro percibir después de miles de años?

- Si me lo estás preguntando, entonces no eres tan inteligente como dices ser – Metatron consiguió una pequeña victoria cuando la sonrisa de Lucifer vaciló en sus labios y su entrecejo se contrajo en un espasmo muscular que pronto disfrazó con una risa forzada.

- Podré no ser tan inteligente como digo, pero sin lugar a dudas tú me seguiste como un sediento persigue una gota de lluvia – la risa cobró un poco más de ahínco cuando los pequeños puños de su interlocutor se cerraron a los costados de su cuerpo con tal fuerza que hacía temblar sus brazos. Si aguzaba un poco más el oído casi podía escuchar el furioso rechinar de los dientes.

- No tenía más opción – masculló con la mandíbula contraída. Las extensiones muertas de su espalda dieron una pequeña sacudida para después languidecer, careciendo de la vitalidad suficiente como para alzarse por sobre la cabeza de su dueño. La mitad superior del rostro de Metatron estaba cubierto por una máscara oscura y deslucida con un pico semejante al de un águila sobresaliendo a la altura de la nariz, decorada con plumas negras y doradas que despuntaban cual penacho por sobre su cabellera oscura. Sus ojos, que en ese instante estarían brillando de furia, se encontraban completamente cubiertos por la espesa capa de cuero con la que estaba manufacturada la máscara. Lo único visible en el rostro del ángel caído eran sus delgados y resecos labios que se encontraban contraídos en una mueca de disgusto.

- Claro, claro – Lucifer agitó una mano a modo de desdén regresando la vista al tablero – Después de tantos siglos y te sigues engañando con lo mismo…

- ¿Lo encontraste? – la irritación que se colaba en la voz del otro ángel caído no pasó desapercibido para el Señor del Infierno, quien ensanchó su sonrisa ante el cambio abrupto de tema… otra dulce victoria para él.

- … en eso estoy…en eso estoy…



Lucifer/Rose

Mientras su verdadero cuerpo reposaba a salvo en las entrañas más profundas del infierno, rodeado del fuego eterno y urdiendo sus más crueles planes, una parte de sus cinco esencias con cuerpo físico se encontraba sumergida en una tormenta destructiva de placer y enfurecido deseo sexual con la hermosa doncella de Orgullo. Los aterciopelados y rosáceos labios rodeaban con firmeza pero tímida delicadeza su caliente carne que se endurecía con cada cándido movimiento, mientras que la experta lengua húmeda que se resbalaba por toda su extensión lo estaba llevando rápidamente a un punto de deliciosa excitación. La escena era… decadente… placentera y satisfactoriamente decadente. ¿Qué diría su hijo si viera a su “dulce” pareja arrodillada frente a él, perdida en absoluto placer, consumiendo su erecto y palpitante miembro como sediento que no ha probado gota de agua en siglos? ¿Qué diría si viera a la mujer retorcerse y emitir los más descarados gemidos de placer mientras él la penetra salvajemente, gozando con cada vigorosa embestida, consumiendo dentro de su ser su semilla?... ¿Qué diría si viera a su propio padre, poseer como nunca él lo había hecho a su dulce y amada pareja?...

La comisura de sus labios se retorció aun más mientras la imagen del rostro de su hijo, desfigurado por la traición, parpadeaba intermitentemente en su cabeza. Sin perder la sonrisa, enredó con delicadeza sus dedos en los finos y sedosos cabellos castaños, siguiendo el cadencioso y profundo movimiento. Un pequeño jadeo escapó de su boca al sentir que la punta de su enrojecido miembro rozaba dentro de la garganta ajena mientras los húmedos labios masajeaban atentamente la carne de su base. Aquella deliciosa mujer sabía cómo complacer a un demonio, casi podía saborear el orgullo que transpiraba su tersa piel al saberse lo suficientemente capaz de complacer a cualquier raza, incluso incitar a un ángel a pecar… sí, ese orgullo tan evidente que la hacía esforzarse por complacerle, por demostrarle su valor, por demostrarle de que era lo suficientemente capaz como para hacer gozar al mismo Señor del Infierno.

Sus los dedos se enredaron con fuerza y tiró hacia atrás en un brusco movimiento, alejando aquella hambrienta boca y dejando atrás un rastro grueso de saliva que pronto gotearía hasta el oscuro suelo. Por un instante, sus deseosos ojos recorrieron el sonrojado rostro, deteniéndose en los hinchados labios que aún estaban lubricados y en los suaves senos que se agitaban al ritmo de su acelerada respiración. Su mirada degustaba ávidamente la perfecta escena que se explayaba delante de él, una dulce flor de apariencia inocente que emanaba un arrebatador instinto y orgulloso deseo sexual que haría ruborizar al más descarado de los soldados de Lujuria.

Era tan evidente el orgullo se quemaba en esa cautivante mirada que hasta el más ciego de todos los demonios podría verlo con claridad, pero no Jared. Sabía que su hijo insistía con vehemencia que su ingenua pareja no tenía un solo ápice de orgullo en sus huesos, que era un títere que podía manejar a su antojo y un receptáculo para su orgullosa progenie, nunca le concedió la oportunidad de demostrar el orgullo que quemaba dentro de ese suave y abundante pecho… del arrebatador deseo de venganza que ahora mismo hacía brillar su mirada como dos grandes esferas de fuego, aquel deseo de herir a aquel que no supo apreciar su belleza… el deseo de dañar a quien la descuidó… el deseo de demostrarle a su torturador la verdadera fuerza que yacía dentro de la delicada flor…

… el deseo de demostrarle que ella era la mejor… sí, aquel resplandeciente orgullo que hacía brillar los semblantes de cada hijo de Soberbia con determinación, determinación por demostrar que ellos son los mejores, que ellos son los más fuertes…

- Muéstrame tu orgullo y tu lujuria… – musitó mientras la tomaba del cuello y la lanzaba con fuerza hacia las profundidades de aquel foso sin paredes – Muéstrame que eres la mejor – de todos los extremos, gruesas y largas vainas se lanzaron cual látigos sobre la mujer segundos antes de que ésta cayera al suelo, enredándose en diferentes partes de su cuerpo. No había punto fijo de donde nacieran aquellas extensiones, únicamente brotaban de las entrañas de la oscuridad misma para cubrir el suelo como si de serpientes vivas se trataran, enredándose y elevándose cada vez más hasta formar un rústico trono de madera y espinas. Las vainas depositaron a la mujer en el trono y tan pronto como el cuerpo tocó la caliente madera, rosas rojas, blancas y negras comenzaron a brotar.


Kael

Una suave sonrisa iluminó su apacible rostro mientras depositaba la plateada bandeja a un lado de la cama, sobre la mesilla donde descansaba una bonita lámpara y un libro clásico de autoría humana. La bandeja era bastante grande debido a la cantidad de diversos platillos que cargaba, desde la comida típica humana hasta algunas frutas peculiares del infierno para saciar los antojos más exigentes de su bella doncella. Sin perder la sonrisa se sentó a su lado y cogió una gran copa de fresca agua para ayudarle a quitarse el sabor amargo de la bilis que había pasado por su garganta.

- Debido a las náuseas y vómitos, estás perdiendo muchos nutrientes necesarios para un embarazo saludable, por eso es importante reponer las vitaminas – contestó, justificando la cantidad de alimentos que le había llevado. Mientras le tendía la copa, sus ojos cayeron sobre la playera que se cernía dulcemente sobre la delicada figura y al instante acudió a su mente la imagen del General de Orgullo, ocasionando que la sonrisa bailara en sus labios – Ahora que ha regresado Lucifer ¿cómo crees que esto afectará al infierno y los generales? – preguntó con voz pausada, enterrando su mirada en las atrevidas palabras que destacaban en la playera.

Yami

La sorpresa inicial por la repentina aparición del Señor del Infierno en su ducha, fue reemplazada por el vértigo que le invadió después de que los largos y fríos dedos de éste se depositaran sobre sus húmedas mejillas. Por inercia intentó dar un paso hacia atrás para alejarse de la desagradable sensación de estarse transportando sin su consentimiento; sin embargo, se vio completamente imposibilitado como si hubiera perdido el control de su propio cuerpo. Desesperado, intentó mover sus brazos, piernas e incluso dedos para recuperar algo del orgullo que Lucifer estaba aplastando con demasiada facilidad, al menos sus largos mechones habían hecho un buen trabajo al cubrir las partes esenciales de su desnudo cuerpo.

- Estás peleando una batalla perdida… mejor abre los ojos ya que te estás perdiendo de toda la magia.

Dando un sobresalto, abrió los ojos que inconscientemente había cerrado y se percató de dos importantes detalles, el primero era que Lucifer se encontraba detrás de él con su cálido aliento removiendo los húmedos mechones de su nuca aunque ya no sentía sus fríos dedos sobre su cuerpo, y lo segundo era que… ya no se encontraba en su ducha, ni siquiera en su casa. No tardó ni un segundo en lograr deducir cuál era la “magia” a la que Lucifer se refería. Ahí, frente a sus ojos, retozando en una amplia cama de sedosas sábanas se encontraba su pareja junto con otros incontables cuerpos desnudos que con frenesí intentaban atraer la atención del poderoso General. Demonios de la Lujuria y de otros batallones gemían de placer bajo las atentas y dedicadas caricias, las embestidas cada vez más bestiales y más profundas. Los sonidos que salían de aquel lujurioso lecho eran tan obscenos que excitarían al instante a cualquier demonio lujurioso… pero a él le repudiaban, le causaba un gran desagrado el intenso placer que su pareja provocaba en los calientes cuerpos de desconocidos. No estaba seguro que lo podían ver, pero el hecho de que nadie se hubiera percatado de su presencia le indicaba que era meramente un espectador invisible, un silencioso observador de aquel acto pecaminoso.

Mientras tanto, la calculadora mirada de Lucifer no se despegaba del delicado rostro de la pareja de su hijo, analizando el extraño comportamiento que éste manifestaba. Era tan evidente el repudio y el desagrado que emanaba que le había arrancado la sonrisa traviesa del rostro. Era casi increíble que aquel demonio hubiera vivido por tantos siglos bajo la influencia del General de Lujuria y que no hubiera asimilado ni un poco de su esencia, ni siquiera tras haber tenido dos poderosos descendientes.

- ¿Qué quieres…? ¿Qué me ponga a llorar? – con todo el poder que pudo conseguir, Yami fue capaz de pronunciar aquellas palabras sin titubear, sus retadores ojos no se movían de la escena delante de él pero Lucifer sabía que su atención estaba concentrada en mover su cuerpo y recuperar el control.

Con un rápido movimiento de su muñeca, Lucifer regresó ambas esencias a sus cuerpos que aún se mantenían en la ducha. Yami dio un paso tambaleante hacia el frente, percatándose con sorpresa que había recuperado el movimiento de su cuerpo y había regresado a su hogar. Con mayor ahínco, clavó su retadora mirada en el otro y la acompañó con una socarrona sonrisa.

- ¿Qué pretendías conseguir con eso?... no esperaba menos de Lujuria – remarcó la última palabra mientras plantaba su cuerpo e inconscientemente se limpiaba los labios con el reverso de su muñeca – No me has enseñado nada nuevo.

-…No, pero estoy por hacerlo – con una sádica sonrisa, Lucifer se aproximó hacia el otro y lo tomó con fuerza por el cuello, alzándolo cual flor se tratase – Te voy a enseñar la verdadera lujuria.


Miros

Su cuerpo no se relajó hasta que la presencia de su padre dejó de sentirse en el recinto. Aquellas palabras de desprecio hacia su pareja sólo alimentaban las brasas del odio que sentía hacia aquél ser que se denominaba su progenitor. Maldito el día que regresó, maldito él que falló en asesinarlo, si tan sólo no se hubiera confiado y se hubiera asegurado de que aquel cuerpo que atravesaron era el verdadero, nada de esto estuviera pasando. Tratando de controlar su ira, se sentó al lado de su pareja y barrió con delicadeza algunos de los oscuros mechones que cubrían el hermoso rostro. Sus ojos se suavizaron de inmediato e intentaron infundir un poco de ánimo en su cansada pareja.

- No te va hacer daño, no lo voy a permitir – susurró para después depositar un beso en la fría frente de la mujer y otro en los violáceos cabellos de su hija – Descansa, yo los cuidaré – dirigió una preocupada mirada a Loki, quien no parecía muy compuesto después del enfrentamiento. Su familia corría peligro ante el deseo de revancha de su padre, necesitaba protegerlos a todos, necesitaba tenerlos cerca… esa era la única manera de mantenerlos a salvo.

(podemos saltarnos el día y comenzar con los avances de Lucifer hacia Yuna xD)


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58 Re: Saigo no Tenshi (Rol) on Sun Aug 14, 2016 9:32 am

Freya

Miró fijamente un fruto rojo y jugoso que acababa de morder, no estaba muy segura de cómo responder aquella pregunta, era muy joven para saber lo que su abuelo era capaz de hacer, pero conocía las historias, cómo todos los nacidos luego de la guerra.

—No lo sé… Si te soy honesta, no lo sé… —Súbitamente no tenía tanta hambre. — Debiste verlos Kael, mis tíos actúan como locos, pero muchos están asustados. Mi madre está asustada, mi padre parece un desconocido, violento e impaciente… Si no es necesario no debemos bajar, querido, y debemos explicarle a nuestra gente que no debe hacer lo mismo. No sabemos si mi abuelo mantendrá el acuerdo de paz para los híbridos y los “Traidores” así que no quiero arriesgar la vida de nadie, prohibiremos  el descenso y duplicaremos la guardia…

Rose

Había dos vocecitas luchando en su cabeza, una que le decía lo malo que era lo que hacía y una un poco menos racional que le aseguraba que Jared merecía mucho más. Era un conflicto extraño, que nunca había sentido, probablemente era su suegro quien lo provocaba, quien introducía ideas en su cabeza que parecían ir en contra de sus valores y de sus promesas para su esposo, pero no podía ni quería evitarlo, no podía ni pensar en las consecuencias de sus acciones. Eso no importaba ahora, nada importaba. Entre dedicarle su pasión ardiente a este demonio, poderoso e intenso, o sufrir el abuso de Jared, bueno su parte lujuriosa ya había decidido por ella.

—Por favor, mi señor… — Aquel trono no era especialmente cómodo pero no era el peor lugar en que lo había hecho, el aroma tan familiar de las rosas ayudo a darle valor mientras sus dedos paseaban sobre su piel, suave y fragante, cubierta de una capa delgada de sudor que la hacía brillar misteriosamente en aquella penumbra. Subió los pies al asiento para abrir las piernas gustosamente. — Por favor…

Feyrir

Iba a morir, años luchando por autocontrol, por ser mejor de lo que era. Pero no podía ser mejor y lo sabía, esta era su naturaleza, su pura definición, su origen y su final, Tendría que confesar, Yami merecía saberlo. Pero no lograba agotarse, saciarse, pasaría. Eventualmente, y entonces podría pensar racionalmente. Este no era ese momento.

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